Iturrigorri desaparece del monte

Algunos vecinos de Gardeazabal negocian todavía los términos de la expropiación de sus viviendas./Luis Ángel Gómez
Algunos vecinos de Gardeazabal negocian todavía los términos de la expropiación de sus viviendas. / Luis Ángel Gómez

Ayuntamiento de Bilbao y Gobierno vasco ultiman el derribo de la infravivienda levantada hace décadas en la ladera por los propios vecinos, que están siendo realojados en el barrio

JOSÉ DOMÍNGUEZ

«Cuando vinimos a vivir nos decían que, para cocinar garbanzos buenos de verdad, hay que usar agua de la fuente de Iturrigorri, la mejor de Bilbao». Hace más de medio siglo que Cecilia López recibió aquel preciado consejo en un entonces populoso barrio que, al amparo de la explosión demográfica que vivía Bilbao a mediados del siglo XX, no paraba de trepar por las escarpadas laderas del parque de San Antonio. Una imagen que poco se asemeja a la actual y absolutamente nada a la que mostrará en dos años.

Entre ambas, en realidad, apenas serán reconocibles el nombre del lugar, aquella manida receta y el histórico caño. Un manantial cuya alta concentración de minerales de hierro y cobre lo convirtió en una de las materias primas de la exitosa gaseosa local, cuyos tapones generalizaron los inolvidables 'iturris' con los que generaciones de niños revivieron sobre campos de fútbol pintados en las aceras las hazañas de su idolatrado Athletic. El Gobierno vasco y el Ayuntamiento ultiman el derribo de las 37 casas que quedan en pie en la zona alta de Iturrigorri (el año que viene otras 63 seguirán el mismo destino en el enclave anexo de Gardeazabal), dentro de la primera operación de realojo masivo que se desarrolla en Bilbao para acabar con la infravivienda levantada el siglo pasado por los propios residentes.

3,5 millones de euros
es la partida que tiene el Ayuntamiento a su disposición para financiar todas las expropiaciones, que confía en culminar antes de 2019.

Barriada de Iturrigorri ya desalojada y vallada, lista para su derribo.
Barriada de Iturrigorri ya desalojada y vallada, lista para su derribo. / L.A.G

«¿Preguntas por las 'favelas'? Pues sí que va a dar un poco de pena que las tiren, porque forman parte de nuestras vidas. Pero era tan agotador subir y bajar que mucha gente mayor se tuvo que marchar, así que nos alegramos de que desaparezcan». Manoli Sánchez vive en la zona baja, pero a sus 63 años recuerda perfectamente los sudores que exigía superar a diario cientos de peldaños construidos con giros y pendientes inverosímiles para llegar a las puertas de todas las casas que surgían de un día para otro como setas. «Si hasta mi hermano levantó una... De noche, para que no se la tirasen».

«Ni agua teníamos»

En el número 24 vivió buena parte de sus 87 años José Antonio Lasa, «bautizado en la iglesia de San Antón, que quede claro». Recuerda como en los años sesenta las carencias del barrio eran «todas y más, ni agua en las casas teníamos». «Con garrafas y una linterna subía a las cinco de la mañana a la fuente de la Roseta para poder desayunar, beber y lavarnos», le puntualiza Cecilia en una tertulia improvisada en la que confiesa ser una antigua vecina que ya lleva décadas fuera. «Pero he venido para guardar un último recuerdo del barrio donde empecé a formar mi familia».

Los vecinos tenían que subir escaleras imposibles para llegar a las casas construidas por ellos mismos casi hasta la cima.
Los vecinos tenían que subir escaleras imposibles para llegar a las casas construidas por ellos mismos casi hasta la cima.

José Antonio, sin embargo, hace apenas tres meses que dejó su casa. Le han realojado en un edificio de 38 pisos construido por la viceconsejería de Vivienda para poder así meter la piqueta en el barrio. Y, cuando esté todo derruido, el Ejecutivo autonómico levantará junto a la carretera otro bloque de 85 inmuebles que se sumará a un tercero con 45 ya en obras en el vecino barrio de Uretamendi. De este modo, se podrá reubicar en el mismo entorno a todos los residentes en los pisos expropiados que así lo quieran y, al mismo tiempo, se eliminan las barreras arquitectónicas que estrangulaban al barrio.

«Era tan agotador subir y bajar a diario cientos de escaleras que mucha gente mayor se tuvo que ir»

«Todas las edificaciones quedarán a pie de carretera, con lo que garantizamos la accesibilidad y los servicios», se congratula el concejal de Planificación Urbana, Asier Abaunza, que recuerda que tanto el Ayuntamiento como el Gobierno vasco trabajan codo con codo en la operación desde 2013. «Es un buen ejemplo de lo que necesitamos hacer para regenerar muchas áreas urbanas degradadas en Euskadi. Son intervenciones complejas, pero con colaboración entre instituciones y vecinos, el éxito está asegurado», subraya el consejero de Vivienda, Iñaki Arriola.

124 escalones a diario

La institución local todavía no ha cerrado la mitad del centenar de expropiaciones necesarias, pero Abaunza confía en lograrlo en los dos años que quedan para que se levante el último de los edificios de realojo. Entre ellas está la familia del número 87 de Gardeazabal, a cuyos miembros no le salen las cuentas. «Tenemos 525 metros cuadrados de terreno y nos quieren pagar sólo 113.000 euros», aseguran. Loli Díez, también residente en el barrio, sí que ha llegado a un acuerdo satisfactorio. «Me quedará dinero para amueblar, y en menos de un año, espero olvidarme definitivamente de los 124 escalones que hay hasta la calle», subraya. Francisco Gómez, por su parte, rebajará su actual hipoteca en 30.000 euros tras el realojo, aunque preferiría pagar ese dinero y seguir en su casa, «otros 30 años, porque la libertad de aquí no la voy a tener en ningún sitio».

«Me gustaría seguir aquí otros 30 años, porque esta libertad no la voy a volver a tener en ninguna parte»

«Yo ya no puedo salir mucho y ahora estoy genial porque bajo a pasear cuando quiero con mi hijo y hasta El Peñascal, pero la verdad es que en aquella vieja casa dejo toda mi vida», confiesa José Antonio Lasa. Sin olvidar las penurias de Iturrigorri, coincide con Francisco en otras ventajas impensables en plena ciudad: «Si criaba hasta dos cerdos en una chabola que hice al lado».

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