Los irlandeses practican el viaje sin salir del bar

La pasión por el rugby se respiraba en todos los rincones de Bilbao. / MANU CECILIO

Los seguidores del Leinster hacen gala de buen y de mucha sed de cerveza rubia: «La Guinness llena mucho»

Carlos Benito
CARLOS BENITO

Los irlandeses tienen una ventaja sobre las demás naciones de la Tierra: vayan donde vayan, saben que siempre encontrarán algún pub irlandés a tiro de piedra, así que viene a ser como si viajasen por el mundo sin salir jamás de su bar. Así que ayer, a la hora de buscar hinchas irlandeses del Leinster en el bullicioso Bilbao de estos días, parecía oportuno encaminarse al Molly Malone, en Particular de Estraunza, un local que reúne unos cuantos atractivos irresistibles para ese grupo humano: es un pub, es irlandés y se llama Molly Malone, como la canción que sirve de himno oficioso a la ciudad de Dublín y de himno oficial al Leinster Rugby. La letra, por cierto, va sobre una pescadera, así que ya estamos tardando en apañar un 'medley' de hermanamiento con 'Desde Santurce a Bilbao', para corearlo esta noche en la 'fan zone'.

Resulta, ay, que el Molly Malone está atestado de ingleses del Gloucester, que calientan motores ante el partido de la tarde, así que los irlandeses se han hecho fuertes en la terraza, bajo la carpa. Quizá se esconda en esto alguna metáfora geopolítica, pero el asunto no parece preocupar a Eamonn Walsh y David Ryan, que trasiegan pintas como si las doce del mediodía fuesen la nueva madrugada, y mucho menos a su amigo Thomas Rowe, que muestra una marcada preferencia por el gintónic, sobre todo desde que ha descubierto que aquí no se aplica una rigurosa ley de medidas para la dosis de ginebra. La cerveza es rubia, muy rubia, reluce al sol: ¿es que no es cierto que todos los irlandeses beben Guinness? «Todos los irlandeses barrigones beben Guinness -corrige David-. Es una bebida rica, pero llena mucho». Luego nos acusarán de hacer apología del alcohol en estas estampas callejeras, pero es que estos tres amigos de Wexford llegaron a Bilbao el jueves, vía Barcelona, y básicamente se han dedicado a beber: «Anoche fueron unas diez rondas», estima David. «¿Quizá unas quince?», afina Eamonn.

- Oigan, ¿y siempre van a pubs irlandeses?

- La verdad es que sí. Antes de venir, hemos buscado en Google 'pubs irlandeses en Bilbao'.

La costumbre de los aficionados del rugby de lucir los colores de su equipo, aunque no participe en la final, complica un poco la tarea de identificar a primera vista la procedencia de la gente. Uno cree divisar a un numeroso grupo de ingleses, que vociferan con la cara tan roja como sus camisetas, y resulta ser una animada excursión del club de Torroella de Montgrí, provincia de Girona. Uno duda si un caballero de notable envergadura será galés o irlandés, por aquello de los tonos de azul de los equipamientos, y acaba comprobando que en realidad es seguidor del Durango Rugby Taldea. A eso se suma el sabotaje de los excéntricos, como los dos sujetos que recorrían el Casco Viejo con una camiseta en la que ponía claramente 'Ireland', con una frasecita en gaélico y todo, y que pese a ello eran... ¡franceses!

Así que uno se lo traga cuando Hugh Mullen -que lleva camiseta del Leinster y está acompañado de su esposa, su cuñado y un amigo, estos dos también con camisetas del Leinster- asegura con absoluto aplomo que son noruegos. En realidad, Hugh es un guasón de Dublín y su propia mujer, Emma, sostiene que «no se puede encontrar a nadie más irlandés que él». Todos son socios del Leinster y esta va a ser su cuarta final con el equipo, tras las de Hamburgo, Cardiff y Londres. Emma ya conocía Bilbao, así que ha ejercido de guía para los demás, en un itinerario de cierta exigencia que ha pasado por las sardinas, el bacalao, la morcilla, el bonito, los champiñones a la plancha y el jamón, aunque ahora, en la Plaza de Santiago, solo están tomando unas cervezas, también rubias. A los Mullen y compañía no les preocupa que haya pronóstico de lluvia para el partido: «En realidad, no sabemos qué es la lluvia», dice el cuñado, al que parece habérsele pegado el sentido del humor.

- ¿Qué va a pasar en el campo?

- ¡Vamos a ganar! -proclama Hugh.

- ¿Seguro?

- Yo creo que sí.

- ¿Sí?

- Bueno, al menos eso espero.

A este ritmo descendente, mejor no seguimos preguntando. En cambio, Brian Malone, Colm McWeeney y David Popplewell, que acaban de sacarse unas pintas (rubias, sí) a las escaleras de la Plaza de Unamuno, exhiben una confianza inquebrantable en el éxito de su equipo. «Quizá sea una victoria ajustada, pero por supuesto que vamos a ganar. Hemos vencido a los campeones ingleses, galeses, franceses...», empiezan a repasar. Lo suyo es casi una cuestión de lealtad familiar: «Mi hermano y el de David jugaron en el Leinster -apunta Colm-. El suyo es más famoso, porque jugó más partidos con la selección irlandesa». Después de la conversación con el noruego de pega, uno tiende a la desconfianza ante afirmaciones de este tipo, pero parece que el dato no responde a la fantasía, la cerveza ni el humor celta: efectivamente, tanto John McWeeney como Nick Popplewell fueron internacionales, y el segundo incluso formó parte en 1993 de los British & Irish Lions, el combinado de jugadores de Gran Bretaña e Irlanda. En cambio, el plan de los tres amigos para su estancia en Bilbao solo tiene de deportivo su asistencia a la final: «Vamos a comer, a beber y a dormir, para después empezar de nuevo».

Solo desde Dublín

Está claro que la inmensa mayoría de estos miles de visitantes han venido en grupo, pero en la 'fan zone' de El Arenal llama la atención un hombre solo que recorre alegremente el recinto. Se llama John O'Flynn, tiene 80 años y, efectivamente, ha viajado solo desde Dublín para animar a su equipo: «He llegado esta misma mañana. El vuelo salía a las 6, estoy un poco dormido todavía», se ríe. John, que acaba de firmar en el 'stand' de Turkish Airlines para que le regalen una gorra, ha sido un apasionado del rugby toda su vida: «¡Ya lo era cuando llevaba pantalones cortos! Lo malo es que no todo el mundo vale para jugarlo: yo, por desgracia, soy demasiado bajito, pero quizá en la próxima vida». ¿Un pronóstico para la final? «Tenemos que ganar, no hay excusas. Yo ya he rezado mucho, me pongo a rezar ahora si hace falta», dice, con otra carcajada, y se marcha a buscar el autocar turístico para darse una vuelta por Bilbao.

- ¿Pero es que no se va a tomar una cerveza, como todos?

- Nooooo, no bebo cerveza. Quizá una pequeñita, o una copita de vino, pero solo con fines medicinales.

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