«Iratxe se tiró al suelo y rodó, pero era imposible apagar el traje de arrantzale»

La Ertzaintza precintó el lugar del suceso para recoger pruebas.
La Ertzaintza precintó el lugar del suceso para recoger pruebas. / Manu Cecilio

La mujer que acabó con el 60% del cuerpo quemado al explotar un bote de gasolina en las paellas de Getxo continúa muy grave

J. DOMÍNGUEZ / T. IZAGIRRE

«Está grave, sedada y entubada; nos dicen que su recuperación va para muy largo, si es que sale». Arantza Arroitajauregi mascullaba ayer entre dientes la mala suerte de su hermana Iratxe, la mujer que el domingo salió peor parada de la «bola de fuego» que se produjo en Aixerrota. Ella y su amiga Natalia, que disfrutaban de la tradicional fiesta de las paellas en cuadrilla, habían ido de visita y bailaban en el espacio alquilado en las campas por el grupo de otra conocida (Nerea) cuando se desató la tragedia. Sobre las siete de la tarde y en un chiringuito cercano, uno de los participantes intentó reavivar una hoguera con «gasolina», pero las llamas se extendieron hasta el bidón y, asustado, lo lanzó lejos. La fatalidad quiso que la lata golpéase contra el suelo y explotase junto a Iratxe, de 46 años, que acabó con el 60% de su cuerpo quemado. Según el parte de Osakidetza, Natalia y Nerea tienen abrasiones en el 12 y el 18% de su piel, respectivamente, mientras que a Mariane, una bilbaína de 60 años, el fuego le afectó especialmente a las piernas.

El mal fario de Iratxe no se limitó a estar en el lugar y el momento equivocados. Iba vestida de arrantzale. «Hizo todo lo que pudo, incluso se tiró al suelo y rodó y para apagar el fuego, pero ya le había cogido la ropa y no había manera de apagarlo». Las quemaduras, de tercer grado, son de tal gravedad que ella misma, médico de profesión, fue la primera en pedir una ambulancia. «Estoy muy grave», dijo, según la versión de la DYA. Su marido autorizó ayer las operaciones de cirugía mediante injertos a las que deberá someterse en los próximas días.

«No me entra en la cabeza que se deje meter un bidón de gasolina entre miles de personas» Fernando (Marido de una de las heridas)

El esposo de Nerea, que tiene abrasiones en piernas, brazos y cara, no daba crédito a lo sucedido. Su mujer, de 46 años, Iratxe y Natalia -de 43-, son «íntimas» desde que sus hijos estudian juntos en el colegio público Zubilleta de Getxo. «Solemos quedar juntos para ir por ahí y el domingo no podían dejar de verse», explicaba ayer a este periódico Aritz antes de entrar a visitarla en el hospital de Cruces.

Imprudente

Tampoco conseguía salir del estado de shock Fernando, cónyuge de Natalia, que tiene afectadas las dos piernas y el brazo izquierdo. «Estamos muy pasados, pero no queda otra que asimilar las cosas y confiar en que mi mujer y las otras tres heridas evolucionen favorablemente», remarcaba. Pero hay algo que no se puede quitar de la cabeza: «¿Cómo se puede permitir que alguien tenga un bidón de cinco litros de gasolina en un evento con miles de personas?». De momento, los familiares no se han planteado exigir responsabilidades ni a la organización, ni al Ayuntamiento, ni al autor de la explosión, cuya identidad aseguraban desconocer.

«Se identificó y asumió el error y la culpa, aunque ha cometido una negligencia clara» Policía Municipal

La Policía Municipal de Getxo precisa que esta persona, «de unos 40 años, se identificó voluntariamente y asumió el error y la culpa». Y, aunque desde el mismo cuerpo se valora su «arrepentimiento instantáneo» y el «cúmulo de circunstancias de mala suerte» que derivaron en la tragedia, se habla sin tapujos de «negligencia clara». «Es imprudente llevar líquidos inflamables a un recinto donde hay fogatas», sentencian los agentes.

«No estaba bebido»

La Ertzaintza, en este sentido, anunciaba ayer la apertura de una investigación. «Se hablará con todos los implicados para que el juez tenga constancia de los hechos que sucedieron realmente», reconocen sus portavoces. Las fuentes policiales consultadas daban por hecho que al autor se le podría enjuiciar por un delito de «lesiones con imprudencia». La decisión judicial dependerá «de la gravedad de las heridas de las víctimas». Y el abanico es muy grande: desde que lo ocurrido se considere una falta y se solvente con una multa, a la apertura de un proceso penal en el que se podría pedir incluso una condena de cárcel. De hecho, las mismas fuentes pusieron de ejemplo el caso del atropello mortal que provocó el extorero José Ortega Cano por conducir ebrio. El magistrado le impuso dos años y medio de prisión por «homicidio con imprudencia».

LAS HERIDAS

Iratxe Arroitajauregi:
Médico de 46 años y residente en Getxo, presenta quemaduras de tercer grado en el 60% del cuerpo. Pronóstico grave.
Mariane:
Bilbaína de 60 años, tiene abrasado el 20% del cuerpo, sobre todo las piernas, que requerirán injertos. Permanece estable.
Nerea:
El fuego le afectó al 18% de la piel. Piernas, brazos y cara afectados. Está estable.
Natalia
Se quemó el 12% del cuerpo en piernas y brazo izquierdo. También está estable.

El alcalde, Imanol Landa, y la organización del certamen de paellas, el grupo Itxas Argia, se solidarizaron con las mujeres heridas y desearon su pronta recuperación. La presidenta de la entidad, Eskarne Unanue, sin embargo, remarcaba el carácter «fortuito» de lo ocurrido y, después de matizar «que el chaval que echó la gasolina no estaba bebido», agradeció la rápida intervención de la DYA.

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