El Correo

Tormenta en el 'paraíso sueco'

El primer ministro de Suecia, el socialdemócrata Stefan Löfven y la viceprimera ministra, Ása Romson, del Partido Verde, tras una reunión en Estocolmo.
El primer ministro de Suecia, el socialdemócrata Stefan Löfven y la viceprimera ministra, Ása Romson, del Partido Verde, tras una reunión en Estocolmo. / EPA
  • La extrema derecha obliga al primer ministro a adelantar elecciones dos meses después de tomar posesión

La extrema derecha también se hace sentir en la modélica y envidiada Suecia, donde acaba de provocar el naufragio parlamentario del Gobierno. El primer ministro socialdemócrata Stefan Löfven se ha visto obligado a convocar elecciones anticipadas dos peses después de asumir el cargo al no poder sacar adelante sus presupuestos.

La coalición de centro-izquierda gobernaba en minoría y no ha podido hacer frente a la oposición del centro-derecha (una alianza de cuatro partidos), que contó para la ocasión con el respaldo clave del partido ultraderechista de Demócratas de Suecia (DS). Con solo un 13% de los votos consiguió poner patas arriba el escenario político del país y colocar la inmigración en la primera línea de debate de la próxima campaña electoral. El presidente interino del partido, Marías Karlsson, ha sido muy claro sobre sus propósitos: “Queremos que las elecciones sean un referéndum sobre la inmigración”.

La principal crítica al proyecto del Gobierno fue lo que consideran escasa financiación de algunos partidas presupuestarias a causa de los gastos provocados por la acogida de refugiados, que en 2014 ascendió a 83.000, casi el doble de los 44.000 de 2012. La costumbre debía haber llevado a DS a abstenerse, pero aunque amagaron en un principio con hacerlo, finalmente fue demasiado fuerte la tentación de convertirse en protagonistas de un auténtico seísmo en la política de Suecia, donde no se adelantaban elecciones desde 1958. Su guerra es total contra la política de inmigración del país, una de las más abiertas de Europa.

En medio de la tormenta política, la economía sueca goza de unas cifras envidiables: el crecimiento de este año ha sido del 2,1% y se prevé que el próximo sea del 3%, unas saneadas cuentas públicas con un déficit de tan solo un 2,2% del PIB y una deuda poco apreciable. Sin embargo, inquieta el crecimiento del paro hasta el 8,1%, que para España lo quisiéramos, pero que para Suecia es causa de gran desazón, sobre todo el de larga duración, que ha sufrido un fuerte repunte.

El modelo sueco del Estado de bienestar ha sufrido alguna merma en los últimos años. La fórmula que comparten otros países nórdicos de fuerte flexibilidad laboral conjugada con un sólido sistema de ayudas sociales y una gran apertura al sector privado sigue funcionando razonablemente, según certifican los resultados económicos. Sus cimientos no se han alterado, pero los retoques aplicados por la mayoría de centro-derecha, que ostentó el poder a lo largo de los últimos ocho años, al endurecer la indemnización por paro y los recortes de algunas ayudas sociales, le supusieron, el pasado septiembre, la derrota al conservador Fredrik Reinfeldt y el acceso al poder de un Gobierno en minoría de una coalición del centro-izquierda.

Habrá que aguardar a los resultados de las elecciones de marzo para conocer el desenlace de la crisis política, aunque de momento las encuestan no son muy optimistas y repiten el mismo escenario de pesadilla: los tres bloques políticos sin mayoría.