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Dos vascos, testigos del terremoto en Ecuador: «Temíamos que pasara como en 'Lo imposible'»

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David Gutiérrez y Roberto Martín, poco antes del seísmo. / R. Martín

  • El seísmo sorprendió a Roberto Martín y David Gutiérrez en Montañita, donde vivieron «horas de angustia» por miedo a que llegara un tsunami

Lo que empezó siendo un apacible fin de semana de sol y playa en Montañita terminó convirtiéndose en una «angustiosa» experiencia para Roberto Martín y David Gutiérrez. A estos dos vizcaínos, el devastador terremoto que convulsionó Ecuador les sorprendió en esa localidad situada en la costa oeste del país, junto al Pacífico. Un pueblecito pesquero que hasta hace poco era considerado un 'paraíso escondido'. En los últimos años, sin embargo, se ha convertido en el destino turístico favorito de jóvenes y familias de América Latina, Estados Unidos y Europa, que se alojan en cabañas situadas junto al océano.

Como dos turistas más, ambos disfrutaban de unas jornadas de asueto en ese paradisíaco entorno. Habían llegado allí desde Cuenca, ciudad de la parte meridional de la cordillera andina, y donde Roberto, de 51 años, reside desde hace diez meses. «Trabajo como gerente en un proyecto del Ministerio de Electricidad y Energía Renovable de Ecuador, de la mano de IBM -detalla-. Desde hace tiempo, David, que es el responsable ejecutivo, y yo teníamos ganas de cambiar la montaña de Cuenca por el mar. Y aquí es donde nos ha sorprendido este seísmo», relató ayer a EL CORREO este economista de Portugalete.

Su fin de semana playero transcurría según lo previsto hasta que el sábado, alrededor de las seis y media de la tarde (hora local), él y su jefe, natural de Bilbao, se llevaron uno de los «sustos más grandes» de sus vidas. «Íbamos a cenar al pueblo accediendo desde la playa cuando, de repente, notamos algo extraño. Al principio, sentí un vértigo considerable. Tras unos segundos aturdido, me di cuenta de lo que ocurría: estábamos en pleno movimiento sísmico», detalló vía telefónica.

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No era el primer terremoto de Roberto Martín, pero sí el que más zozobra le ha causado. «Es el tercero que he sufrido desde que trabajo en Ecuador, aunque los dos anteriores fueron 'suaves'; apenas superaron los cinco grados. Pero lo que vivimos el sábado, con una magnitud de 7,8 grados en la escala Richter, fue brutal. Pasamos muchísimo miedo», admitió.

Espera en un cerro

Cuando la tierra dejó de temblar bajo sus pies, surgió el desconcierto y, luego, el temor. «Todos los locales cerraron y se llevaron en autobuses a cientos de turistas a un sitio seguro. El pueblo quedó a oscuras -se cortó la luz- y vacío, salvo por la presencia de los vecinos. Por las calles, corrían familias, con niños y ancianos muy asustados. Todos buscaban un lugar donde refugiarse porque se dijo que las autoridades habían lanzado una alerta de tsunami. Fue una psicosis increíble», enfatizó.

La población huía hacia la loma del Santuario de Olón. «Agobiados» ante el giro que había dado la ya tensa situación, Roberto y David emularon a los lugareños. Subieron a su vehículo y se dirigieron hacia el popular cerro, donde puede apreciarse una vista única del mar. Pero el sábado no era momento para disfrutar del paisaje. «Vivimos horas de angustia, impotencia e incertidumbre porque las noticias nos llegaban a cuentagotas y no sabíamos muy bien qué podría ocurrir -apuntó Roberto-. Temíamos que llegara una gran ola y pasara como en 'Lo imposible'. Una y otra vez, me venían a la cabeza las trágicas imágenes de esa película», reconoció.

Al final, «esperamos varias horas y, tras restablecerse las comunicaciones, pudimos contactar con nuestras esposas, que están en Los Ángeles», informó Roberto. Cuando la situación se calmó, bajaron al pueblo. El domingo recogieron sus pertenencias para retornar a Cuenca. «Estamos aún muy nerviosos porque es un viaje largo, de unas siete horas, y no sabemos qué nos vamos a encontrar por el camino», destacó antes de emprender la vuelta a casa.