El Correo

Más imaginación que Walt Disney

Túnel cercano al Muro.
Túnel cercano al Muro. / Archivo
  • Se calcula que mas de 5.000 ciudadanos de la RDA intentaron escapar de su país a nado, buceando o en bote desde la costa báltica, pero tan solo el 10% logró su objetivo

Por tierra, mar o aire. Escapar era el único sueño de muchos alemanes orientales. Más de 3,8 millones lo consiguieron antes de la construcción del Muro. Los que se quedaron atrapados tuvieron que exprimir el ingenio, las agallas se dan por descontadas, para superar esta barrera infranqueable. Tan complicada como la frontera interalemana: casi 1.400 kilómetros con minas, zanjas y 50.000 soldados apostados entre el Báltico y Checoslovaquia.

Las familias Stelzyk y Wetzel, dos matrimonios y cuatro niños, diseñaron y construyeron un globo de aire caliente durante varios meses de trabajo clandestino. En septiembre de 1979, despegaron en Turingia y, tras un angustioso vuelo de media hora, aterrizaron en Baviera. Su huida resultó tan espectacular que Walt Disney realizó en 1981 la película 'Fuga de noche', con John Hurt y Beau Bridges para relatar la aventura.

La Policia de la RDA tuvo que vigilar a fondo el perímetro del Muro ante los repetidos intentos de huida.

La Policia de la RDA tuvo que vigilar a fondo el perímetro del Muro ante los repetidos intentos de huida. / Archivo

La de los tres hermanos Ingo, Holger y Egbert Bethke se merecía otra. Se fugaron sucesivamente con años de diferencia. El primero, en mayo de 1975, después de haber cumplido el servicio militar como guardia fronterizo. Conocedor del terreno, tras cortar las alambradas, evitar minas y alcanzar la orilla fronteriza del río Elba, superó sus 200 metros de anchura y la peligrosa corriente con ayuda de una colchoneta hinchable, hasta alcanzar la Baja Sajonia. Ocho años después, en mayo de 1983, ayudó a escapar de Berlín a su hermano Holger. Desde el ventanuco de un desván en el sector oriental, disparó una flecha con una cuerda atada hacia un edificio al otro lado del Muro. Allí Ingo recibió el proyectil, tiró de la cuerda hasta recoger un cable de acero y lo tensó para que Holger se descolgara con ayuda de una polea.

Estrellas rojas

Más espectacular fue la fuga del tercer hermano. Ingo y Holger compraron sendos ultraligeros con motor y se entrenaron durante meses para rescatar a Egbert. En mayo de 1989, pocos meses antes de la caída del paredón de la vergüenza, despegaron de madrugada clandestinamente desde un campo deportivo en Berlín occidental y aterrizaron en el parque de Treptow. Recogieron a su hermano y volaron al amanecer hasta la explanada del Reichstag. Dejaron los ultraligeros y se fueron de fiesta. Hasta el día siguiente no se presentaron ante las autoridades occidentales, que aún investigaban la procedencia de los dos aparatos. Para evitar ser disparados al cruzar la frontera, habían pintado las naves de camuflaje y adornado sus colas con estrellas rojas del Ejército soviético.

Karsten Klünder y Dirk Deckert se fabricaron unas tablas de surf con velas y trajes térmicos para cruzar el Báltico de isla a isla: de Rügen a la danesa Moen. Lo consiguieron en otoño de 1986 después de una peligrosa travesía por aguas heladas y sin ser descubiertos por las patrulleras germano orientales.

Se calcula que mas de 5.000 ciudadanos de la RDA intentaron escapar de su país a nado, buceando o en bote desde la costa báltica, pero tan solo el 10% logró su objetivo. Al menos 189 de ellos perecieron ahogados, el resto acabó entre rejas. Uno de los afortunados fue el estudiante de ingeniería Bernd Bötter. En septiembre de 1968 desarrolló un pequeño propulsor submarino con un motor auxiliar de bicicleta y buceó a medio metro de profundidad hasta ser rescatado por una nave danesa.

Otros escaparon en los primeros días a través de la red de alcantarillado o escondidos en huecos insospechados de automóviles. Más adelante, a través de alguno de los casi 40 túneles excavados desde Berlín Occidental al sector oriental entre 1961 y 1973. En los años 80 las fugas se complicaron más. Los que coronaban su intento con éxito no llegaban al medio centenar de media anual. Más de 1.500 despertaban del sueño en la cárcel.