El Correo

«La vida al otro lado era tremenda y triste»

vídeo

El embajador español en la RDA, Alonso Álvarez de Toledo. / Óscar Chamorro

  • Alonso Álvarez de Toledo, embajador español en la RDA entre 1985 y 1990 y testigo privilegiado de la caída del muro, recuerda el momento histórico 25 años después

Cuando se cumplen 25 años de la caída del muro de Berlín, un testigo privilegiado del momento histórico recuerda su experiencia aquel frío 9 de noviembre de 1989, cuando se puso fin a tres décadas de división entre las dos alemanias. Alonso Álvarez de Toledo y Merry del Val, embajador español de la RDA entre 1985 y 1990, vivió el día a día del Berlín oriental, donde tuvo que lidiar con un régimen totalmente opaco y donde fue objeto del espionaje de la Stasi, que obtenía información de cada una de las personas que Álvarez tenía alrededor. Igualmente, el embajador vivió en directo la apertura del muro de Berlín junto al equipo de Informe Semanal liderado por Rosa María Artal que se encontraba en aquel momento en Berlín.

"A un cuarto de siglo de distancia, lo que todavía me impresiona más es el hecho de que el muro se abriera, no solo cuando nadie esperaba que aquello iba a pasar, sino sin que nadie en el gobierno de la República Democrática Alemana diera la orden", explica el embajador haciendo gala de una memoria vívida y rica en detalles.

Según relata el diplomático, autor además de 'Notas a pie de página. Memorias de un hombre con suerte' (editorial Marcial Pons Historia), fueron tres los sucesos encadenados que precipitaron los acontecimientos y posibilitaron finalmente la caída del muro que simbolizó durante tantos años la dolorosa división de un país. "El primero fue el texto que Egon Krenz -sustituto del antiguo líder de la Alemania comunista Erich Honecker- decidió aprobar para permitir las salidas hacia la República Federal Alemana a través de la frontera con Checoslovaquia". Según recuerda Álvarez de Toledo, el coronel del Ministerio del Interior encargado de redactar dicho texto decidió por su cuenta y riesgo amplir la orden de salida a todos los ciudadanos de la RDA por cualquier frontera, incluida la de Berlín.

vídeo

Alonso Álvarez de Toledo relata cómo era la vida en la RDA. / Óscar Chamorro

El segundo suceso tuvo lugar durante la lectura de dicho texto en la conferencia de prensa ofrecida por el portavoz del Politburó, Günter Schabowski. Ante la pregunta de un periodista acerca de cuándo entraba en vigor dicha orden de salida, el portavoz sacó un papel sin percatarse de que había una segunda página en la que se decía: "lo anterior entrará en vigor en la mañana del 10 de noviembre". Al no encontrar la referencia temporal, improvisó y explicó a los periodistas que está aprobado desde ese mismo momento.

El embajador ubica el tercer suceso en el momento en el que un gran número de curiosos que habían visto el anuncio en televisión se acercaron hasta el 'checkpoint' de Bornholmer Strasse. Según explica, el teniente coronel Harald Jäger, al mando del 'checkpoint', pidió instrucciones pero no recibió respuesta. Tenía además orden de disparar tan solo en defensa propia y los curiosos llegaron de forma pacífica, así que decidió dar la orden a sus hombres de dejar el paso libre. "Yo estaba a dos metros y medio de la puerta de la reja que el policía de fronteras abrió para dejar salir a la gente", recuerda Álvarez de Toledo. "El equipo de Informe Semanal había sacado sus cámaras y empezado a preguntar a la gente sobre los acontecimientos. Para no salir enfocado, me aparté hacia la reja. Eran alrededor de las 21.15 horas de la noche y hacía mucho frío en Berlín. Al cabo de varios minutos, ví que un policía se acercaba a la puerta de la verja y le dijo a la gente que ya se podía pasar".

La vida al otro lado del muro

Además del momento histórico, el embajador español en la RDA recuerda vívidamente como fue su día a día en la Alemania comunista. "La vida al otro lado para la gente era bastante tremenda y triste, no tanto por no poder viajar, porque a los muy inquietos e inteligentes el propio Gobierno les facilitaba la huída. No querían gente en contra en ese lado del muro", reflexiona el diplomático. "Otra cosa que nunca se ha dicho es que, aunque el muro de Berlín parecía ser un paso cerrado y que nadie de la RDA podía pasar, todas las mujeres de más de 55 años y todos los hombres de más de 60 podían pasar. Esto es porque estaban jubilados y el gobierno estaba encantado de que se fueran porque era una pensión que se ahorraban".

En todo caso, recuerda Álvarez de Toledo, "la vida era muy triste" al otro lado del muro. "La Stasi tenía vigilado a todo el mundo y para cualquier cosa, ya fuera abrir una tienda o cambiar de trabajo, había que pedir permiso. Para conseguirlo había que estar bien con la policía pasando información sobre la gente que se tenía alrededor, ya fuera un padre, un hermano o el peluquero; todo el mundo contaba lo que sabía a la policía. Cuando se acabó la RDA, la gente pudo leer lo que la Stasi tenía de ellos y era muy duro vivir en un país en el que tu mujer te está delantando o que tu temes que te pueda estar delatando porque tú la estás delatando también. Era todo una mentira, una falsedad y una cosa artificial que lo hacía invivible".

De todas maneras, recuerda, no todo el mundo quería irse porque, a pesar de la escasez, en la Alemania comunista todos tenían para comer y todos tenían trabajo, a lo que se suma el miedo a las amenazas del mundo moderno que los habitantes de aquel lado del muro intuían que sufrían sus vecinos del otro lado. "Hay que pensar en lo que supuso para Alemania occidental, cuando se reunieron las dos alemanias, absorber a 16 millones de personas que nunca habían entrado en un banco, que no sabían lo que era una tarjeta de crédito, que jamás habían pedido un préstamo ni habían viajado a ningún sitio. Eso fue tremendo".