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Ahmet Davutoglu.
Ahmet Davutoglu. / Esam Al-Fetori (Reuters)

Davutoglu, el artífice de la fallida política exterior turca

  • PERFIL

  • Su carrera académica, su amistad con el presidente saliente y su lealtad a Erdogan han allanado el camino para que sustituya a este último como primer ministro y líder del gubernamental Partido de la Justicia y el Desarrollo

Ahmet Davutoglu, el próximo primer ministro de Turquía, es un experto en relaciones internacionales que llegó a la política cuando ya tenía 50 años, tras una carrera como profesor universitario y asesor del Gobierno.

Nacido en la Anatolia profunda en 1959, su carrera académica, su amistad con el presidente saliente, Abdullah Gül, y su lealtad a Recep Tayyip Erdogan allanaron el camino para sustituirlo ahora como jefe del Gobierno y líder del gubernamental Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP).

Fue Gül, cuando era primer ministro, quien introdujo a Davutoglu en la actividad pública al darle estatus de embajador en 2003. Luego, Erdogan, ya como primer ministro, lo nombró su asesor de política exterior antes de darle el Ministerio de Exteriores en 2009. Pronto se convirtió en una figura radiante dentro de la política turca.

Davutoglu es el teórico de la ambiciosa política centrada en la visión de Turquía como una potencia regional capaz de mediar, influir e incluso ser un ejemplo en la confluencia entre Oriente Próximo, Europa y África que una vez fue el Imperio Otomano. Sus argumentos: el hecho de que el país es un miembro democrático de la OTAN con aspiraciones europeas, pero también un país musulmán con lazos comunes con Oriente.

Mediador

Esa estrategia 'neo-otomana' tenía como premisa la consigna de "cero problemas con los vecinos" para acabar con los tiempos en los que Ankara mantenía rifirrafes con la práctica totalidad de los países fronterizos. Con Davutoglu como ministro, la política exterior turca trató de mediar, infructuosamente, en numerosos conflictos, desde el contencioso nuclear iraní hasta la 'guerra fría' entre Siria e Israel, pasando por el conflicto palestino, las relaciones serbobosnias o los problemas en el Cáucaso.

Esas ambiciones, especialmente el acercamiento a Irán, levantaron una gran desconfianza en EE UU, tal como mostraron los documentos filtrados por WikiLeaks, en los que diplomáticos estadounidenses califican a Davutoglu de "excepcionalmente peligroso".

El estallido de la 'primavera árabe' en 2010 puso en evidencia las debilidades de su visión de Turquía como potencia regional. Muchos analistas criticaron la tardanza de Turquía en reaccionar ante las revueltas en Oriente Próximo y el Norte de África y sus vaivenes en la postura sobre Libia, donde los turcos poseían importantes intereses económicos. En el último caso, Turquía criticó primero una eventual intervención de la OTAN para luego unirse a ella, poniendo de relieve que a la diplomacia turca aún le falta la capacidad de planificación que tiene la 'realpolitik' de otras potencias.

Fracaso

El fracaso ha sido considerable. Las tradicionales buenas relaciones con Israel se han congelado, hay una abierta hostilidad con el nuevo Gobierno de Egipto, el escoramiento hacia el mundo musulmán ha alejado a Turquía de la UE y los errores en Siria han servido para alimentar el extremismo islamista.

Aunque en un principio Ankara abogó por el diálogo entre Bachar el-Asad y los opositores, pronto apostó por la caída del régimen sirio hasta el punto, según acusa la oposición, de facilitar armas y permitir el paso por su territorio a grupos yihadistas que combatían a Damasco. Los mismos que ahora imponen a sangre y fuego la ley islámica en Siria e Irak. De hecho, la toma de 49 rehenes en el consulado turco en la ciudad iraquí de Mosul a manos de los radicales del grupo Estado Islámico ha sido el último gran varapalo a la política exterior turca.

Así, la oposición denuncia que la consigna de "cero problemas con los vecinos" se ha transformado en la de "cero vecinos", y critica que se anteponga la solidaridad con el mundo musulmán sobre la tradicional alianza con Occidente.

Lealtad

Murat Ozcelik, que fue embajador de Turquía en Irak entre 2009 y 2011, aseguró en una reciente entrevista que sólo los fundamentalistas Hermanos Musulmanes de Egipto y Hamás en Palestina van a alegrarse de que Davutoglu sea nombrado primer ministro.

El nuevo jefe de Gobierno es considerado un leal seguidor de Erdogan y no se espera que vayan a cambiar muchas cosas en la política turca, ya que el nuevo presidente seguirá manejando los hilos a través de Davutoglu. Pero pese a esa lealtad, está por ver si las propias ambiciones del primer ministro no chocarán con el plan de Erdogan de seguir controlando el país.

En lo que sí muestran una clara divergencia es en la personalidad: el reflexivo, educado y de palabras suaves Davutoglu es casi la antítesis del temperamental y carismático Erdogan.