EL MISMO INFIERNO

Alfonso Gil confía en que la huelga se resuelva en breve

EL MISMO INFIERNO
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

El calendario ha dispuesto que el concejal de Movilidad pase del mutismo a la locuacidad en lo tocante a la huelga de la OTA. El jueves el asunto llegó al pleno y ayer fue objeto de una comisión. En ambos foros Alfonso Gil dejó caer que la huelga está más próxima a resolverse que a no hacerlo. Lo aseguró un poco de aquella manera, evitando manifiestamente argumentar los vaticinios, como si también de su discreción dependiesen los precarios equilibrios que pudiesen estar alcanzándose entre las partes.

«Mañana vamos a estar más cerca que hoy», dijo Gil en el pleno. Ayer en la comisión dijo que las posiciones no están «tan lejanas». Y se demoró en unos gestos expertos, minuciosos, valorativos, como de catador de huelgas, antes de lanzar uno de esos llamamientos a la calma que indican, tal vez, sin exagerar, que la cosa pinta bien: «Bueno, vamos a dejar que…»

Quizá solo el maestro Yoda había conseguido antes sacarle tanto rendimiento a lo inconcreto. Aunque luego lo piensas y lo de que mañana estaremos más cerca que hoy sirve igual si la huelga se resuelve el martes que si lo hace en el otoño de 2025. Escuchando al concejal, se diría que no habrá que esperar tanto. Aunque ayer, al mismo tiempo que él comparecía en la comisión, las partes acudieron en Vitoria a una reunión convocada por Trabajo y salieron de allí asegurando que una única cosa impide que se alcance un acuerdo definitivo: los demás.

Mientras las partes no se ponían de acuerdo, Alfonso Gil ofrecía datos. La tercera semana de huelga los conductores abonaron tiques por valor de 17.624 euros cuando la recaudación semanal media del servicio supera los 200.000. El concejal también hizo recuento de las sanciones. Se han impuesto 259 en lo que llevamos de huelga: un 8% de lo habitual. Todas están relacionadas con incumplimientos «flagrantes» que tienen que ver con no mover el vehículo hasta convertirlo en un «coche lapa». Antes, no poner el tique de estacionamiento ya era bastante flagrante. El conductor está descubriendo que, sin tiques y sin sanciones, estacionar en la ciudad tampoco constituye un infierno mayor. La huelga de la OTA adquiere de este modo una originalidad suicida: quizá sea la primera de la historia que parece diseñada para cuestionar lo imprescindible del servicio suspendido.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos