Las huellas dactilares sitúan a los adolescentes en el lugar del crimen

Foto de la esquela de Rafael y Lucía. /IGNACIO PÉREZ
Foto de la esquela de Rafael y Lucía. / IGNACIO PÉREZ

Los testimonios de los testigos que apuntaban a los dos menores se han visto corroborados por las pruebas recabadas en el piso por la Policía Científica

David S. Olabarri
DAVID S. OLABARRI

Gran parte de la investigación del doble asesinato de Otxarkoaga se ha resuelto, a nivel policial, en apenas tres días. A simple vista, esta rapidez podría hacer pensar que se trataba de un caso sencillo. Pero lo cierto es que el caso ha estado plagado de incertidumbres y de indicios «extraños» que han obligado a la Ertzaintza a abrir diversas hipótesis y no descartar ninguna posibilidad.

Lo primero que llamó la atención del Servicio de Investigación Criminal de Bizkaia fue la crudeza de la escena del crimen. La pequeña casa de Rafael y Lucía estaba revuelta de arriba abajo: cajones sacados de su sitio, armarios abiertos e incluso la televisión estaba tirada en el suelo. La puerta no había sido forzada. Además, se sorprendieron por la violencia con la que se habían empleado los asaltantes contra una pareja de 87 años que en ningún caso podía oponer demasiada resistencia. El funeral por el matrimonio se celebrará este martes a las seis de la tarde en la iglesia del Santo Justo y Pastor de Otxarkoaga.

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La casa, patas arriba

Los investigadores descubrieron, además, que los autores del doble asesinato no se habían llevado un pequeño estuche de joyas que Lucía había acumulado a lo largo de su vida. Este dato les desconcertó bastante, en la medida en que el robo parecía la principal hipótesis. Básicamente, porque lo que sabían hasta ese momento era que este matrimonio de trabajadores no guardaba en su casa muchos objetos de valor -tampoco gran cantidad de dinero- y los intrusos habían puesto la casa patas arriba.

Entonces, ¿por qué no se llevaron las joyas? La Ertzaintza, en este sentido, no descartaba que los asaltantes, en medio del nerviosismo del robo, no se percatasen del estuche. Pero tampoco que no fuera eso lo que estaban buscando y que persiguieran algo concreto.

A los investigadores les desconcertó la escena del crimen y que no se llevasen unas joyas

En este contexto, los testimonios fiables que recogieron los agentes apuntaron rápidamente a dos menores del barrio. Se trataba de dos chicos que, a pesar de tener sólo 14 años, eran ya viejos conocidos de la Policía por haber cometido antes otros delitos, como robos con violencia y hurtos. La Ertzaintza comenzó a buscarlos, pero estaban escondidos. Se estrechó el cerco sobre el entorno que solían frecuentar. Tarde o temprano tenían que aparecer.

De forma paralela, se impulsó el análisis de las evidencias que los especialistas de la Policía Científica recogieron de forma minuciosa por toda la casa. Más allá de los testimonios que ya indicaban en una dirección, son estas pruebas las que iban a permitir probar con rigor científico si los jóvenes estuvieron en ese piso o no. Y, según las fuentes consultadas por EL CORREO, estos análisis no dejan lugar a dudas: las huellas dactilares de los dos acusados aparecen en la vivienda donde hallaron la muerte Rafael y Lucía.

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