Historias que dejaron huella

Esquiadores remolcados por coches, un jardinero feliz, una mallorquina que no veía la forma de partir y batallas a bolazos alteraron la rutina de la villa

La Gran Vía de Bilbao mantuvo el manto blanco de nieve durante buena parte de la mañana./
La Gran Vía de Bilbao mantuvo el manto blanco de nieve durante buena parte de la mañana.
MARTÍN IBARROLA

A primera hora de la mañana se podían rastrear sin mayor dificultad las rutas erráticas de los bilbaínos. Las pisadas y los monolitos en forma de muñeco de nieve conducían a todo tipo de historias. Cerca de la plaza Indautxu, un amasijo de pequeñas huellas evidenciaban una batalla campal cuyos combatientes no superaban el metro de altura. «Los de cuarto curso de primaria hemos hecho una guerra de bolas», relataba emocionada Garbiñe, una niña de 9 años. «Y le he ganado a Luke», remataba mientras fabricaba un proyectil del tamaño de su cabeza. La madre, Silvia Pérez-Pons, la llevaba de vuelta a casa porque las clases se habían suspendido y no quería saturar al personal del colegio. El sueño de todo crío.

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Un poco más lejos, un joven chileno esperaba ansioso en la parada de taxi. «Llevo una hora aquí. Mi novia y algunos amigos se han ido con las maletas y yo me he quedado para una segunda tanda, pero en todo este tiempo no ha pasado nadie». Borja Musons, presidente de Radio Taxi, reconocía que no habían podido ofrecer el servicio «correctamente». «Aunque los taxistas estuvieran preparados para el temporal con neumáticos de invierno, muchos quedaron atrapados en las retenciones. Además, hoy había más clientes de los habituales y nos paraban en cualquier sitio».

«¿Cómo vamos a multar a un coche aparcado en una cuesta cuando ponerse al volante es una temeridad?» Quejas

María José Lluy, una mallorquina que había llegado a Bilbao para hacer escala, vagaba por las calles sin saber qué hacer. «Hoy tenía una reunión de trabajo en Madrid y mañana pensaba volar de vuelta a la isla. Me he subido al autobús de las siete, hemos estado tres horas en el túnel de San Mamés y nos hemos vuelto. He suspendido todo, he comprado un nuevo vuelo directo por 150 euros y un hotel para esta noche por 80». Al ser dueña de su propia empresa, estos gastos deberán correr por su cuenta. Lluy se encogía de hombros. Nada comparado al drama de otros pasajeros. «Un matrimonio lloraba desconsolado porque su hija había dado a luz a su nieta y no iba a poder visitarla». La abuela imploraba por el móvil a su yerno: «¡Mándame fotos de la niña, por favor!».

«Buena para los bichitos»

A pesar de los peligros que ofrecían ese día las carreteras, el Ayuntamiento de Bilbao no anuló el servicio de la OTA y llegaron las sanciones. Los propios vigilantes criticaban esta postura. «¿Cómo vamos a multar a un coche que no puede circular? Si estás aparcado en una cuesta de Santutxu, ponerte al volante es una temeridad. Además, ni siquiera somos capaces de leer las matrículas».

Más allá de las situaciones de agobio que se vivieron alrededor de los transportes, algunos sacaron partido al frío manto que sepultó hasta el mediodía las calles de la villa. Iñigo Santander, un arquitecto de 32 años aficionado al snowboard, acudió al parque de los patos para que un coche lo remolcara por la carretera mientras cámaras de 'Drone by Drone' grababan la hazaña. Antón Petuya, un jardinero municipal de 50 años, se mostraba maravillado con el temporal. «La nieve es muy buena para las plantas, acaba con todos los bichitos». La flores de las prímulas y los ciclámenes volverán a abrirse hoy tras un reparador baño de nieve.

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