Cuando la hija de los señores Wu se llama Maite y es de Gernika

Son la segunda generación de aquellos que llegaron buscando un futuro mejor y echaron raíces. A menudo cargan con un equipaje que contiene intolerancia, prejuicios y problemas de identidad, contra el que se rebelan. «Nosotros también somos vizcaínos», reivindican

Maite Wu./SERGIO GARCÍA
Maite Wu. / SERGIO GARCÍA
SERGIO GARCÍA

Son vizcaínos de pleno derecho, nacidos en Bilbao, Getxo o Gernika de aquellos inmigrantes que trataban no hace tanto tiempo de abrirse camino en un escenario extraño -cuando no hostil-. Hijos que hablan euskera, jalean al Athletic, comen jamón y beben alcohol (o no); que despiden cada día con aspiraciones como las que tiene el resto, pero que deben sortear obstáculos en forma de discriminación, intolerancia, prejuicios... El color de la piel, los rasgos de su raza o unas tradiciones heredadas marcan a menudo una barrera invisible que se traduce en desarraigo y problemas de identidad, una realidad contra la que se rebelan. EL CORREO ha querido recoger la experiencia de cinco de estos jóvenes, de distinto perfil y procedencia, pero con algo en común: sentirse a veces extraños en su propia casa, consecuencia de unos usos que torpedean la igualdad de oportunidades, una sociedad que aún conserva fobias ante la diversidad o la cerrazón de las propias comunidades extranjeras, celosas de sus tradiciones y atrincherados contra cualquier influencia o conato de integración.

Maite Wu nació en Gernika después de que sus padres se conocieran en un restaurante de Elche donde ambos trabajaban. Habían llegado desde China buscando un futuro mejor y Maite fue la constatación de que el destino juega con una baraja propia. Cinco idiomas y un futuro prometedor mientras estudia Liderazgo, Emprendimiento e Innovación en Bilbao no bastan para que la gente la mire con recelo cuando dice su nombre. «Me preguntan cómo me llamo ‘de verdad’. ¿Te quieres creer?». Ella ha vivido el conflicto cultural en primera persona. «Darte dos besos en la calle es inconcebible en China, por no hablar de la vida nocturna, beber y salir de fiesta. ¡Y menos una chica!». Con todo, Maite trabaja en una academia de idiomas y vive un momento dulce: entre los niños adoptados y el auge de los mercados asiáticos, aprender chino se ha puesto de moda.

AL DETALLE

91.444
inmigrantes hay en Bizkaia, según los datos recogidos en la última Memoria Socioeconómica de la CAV. La mitad son de origen latinoamericano, el 20% procede de países de la UE y un 10% del Magreb. Dos de cada diez tienen su origen en África o Asia.
Percepción social
El barómetro anual refleja que los vascos ven con buenos ojos la acogida de refugiados, pero cuestionan las ayudas a los inmigrantes (sólo el 32,7% apoya que todos reciban subsidios sociales). Desciende al 35% el porcentaje de quienes piensan que los extranjeros generan inseguridad y delincuencia y aumenta al 83,5% los que piensan que este sector de la población debe esforzarse por adoptar las costumbres de los autóctonos.
Índice de tolerancia
El peor momento se vivió en los primeros compases de la crisis económica, habiendo remontado en la última década hasta el 58,48%. Aún así, el 30% de los jóvenes piensan que hay «demasiados» inmigrantes (llegaron a ser el 36% en 2006).

El libro de Quan Zhou Wu, otra ‘china’ nacida en Andalucía, ‘Gazpacho agridulce’, contiene reflexiones que sonrojan por certeras: «Requisito básico para que te consideren español es haber nacido en España de padres españoles, si no eres sólo hijo de inmigrantes». O «da lo mismo que conozcas la geografía de pe a pa, que te guste la forma de vivir y las coplas rocieras; no te esfuerces. No vas a ser español, te pongas como te pongas». También ha elevado comportamientos del día a día a la categoría de parodia. Maite lo comparte. «Te vacilan con que los chinos no paramos de trabajar, no vamos de vacaciones y nos gusta el bingo, cuando hay tantas clases de personas como de chinos. Imagínate que yo dijera aquí que a todos los andaluces les gusta el flamenco y echar la siesta». Maite ha sentido el desarraigo, no saber a dónde perteneces. Por si fuera poco es católica, sus padres agnósticos y sus demás parientes budistas. «Muchas veces me pregunto si encajo: en el trabajo, el colegio... pero es que voy a China y es como si llevara una máscara, aunque sean de mi misma raza».

«Hay mucha hipocresía»

Una lectura que comparte Adina Noel, la hija de una norteamericana y un pastor anglicano natural de Valencia, la viva imagen del emprendimiento. A sus 30 primaveras ha sido profesora de idiomas, camarera, enfermera, fotógrafa de bodas, cantante y compositora... hasta ha conducido un camión de bomberos. Una máquina. «Siempre me he sentido como que era de fuera. Mis amigos son de aquí, no me siento como una extranjera... pero no acabo de encajar. Me he sentido alabada y discriminada. Es guay ser americano, pero al mismo tiempo todos me hacen responsable de la política exterior de mi país. El día que Bush invadió Irak yo estaba en un ensayo de la coral y una compañera quiso sacarme a la calle para pegarme. Todos quieren saber lo que opino de Trump, cuando ni le he votado ni le votaré jamás». Cuando se le pregunta si los vascos somos hospitalarios, responde como un rayo: «Depende con quien. Yo me he sentido discriminada, no por el color de mi piel como algunos amigos míos que son negros. Hay mucha hipocresía: vivo rodeada de gente que ve películas americanas, viste ropa americana, come comida americana, pero luego EE UU le parece una mierda porque es el policía del mundo y hay mucho racismo». Adina no se corta, ya ha salido el león que lleva dentro.

- Por cambiar de tercio, la principal queja contra los inmigrantes es que abusan de las ayudas sociales.

- Entre todos pagamos para que todos estemos bien, sin que haya abusos. He conocido gente que recibía ayudas para comer y al mismo tiempo estaba de vacaciones en México; y a una mujer maltratada con hijos que le negaban la misma ayuda porque se había agotado. Pero que nadie se engañe, si yo fuera a vivir a Alemania me ayudaría el Gobierno alemán. Seguro que eso nos parece bien a todos. ¿O no?

Brahem Belkir es un rostro conocido en el Casco Viejo de Bilbao, donde regenta el ‘Melilla y Fez’, un clásico de los pinchos morunos. «¿Vasco? Yo soy de Iturribide. Nací en el Sanatorio Bilbaíno y a mi padre le cobraron 20.000 pesetas. «‘Me debes dinero’, me recuerda todavía», dice entre risas. Le duran poco. Lo que tarda en acordarse de su ama y cómo algunas personas se agarran el bolso cuando pasan a su lado. «Lo de ‘moro’ me ha acompado toda la vida. Te creas una coraza, por tu bien. Además, ¿qué voy a hacer? ¿Explicarles que soy bereber?». Atribuye el recelo que provoca la inmigración a la ignorancia y la falta de mundo. «Queremos que se nos reconozca como Europa y metemos a 200 menores en un centro con 6 monitores, que lo único que hace es potenciar el desarraigo».

«Requisito básico es haber nacido en España de padres españoles, si no eres sólo hijo de inmigrantes» Quan Zhou Wu-Autora de ‘Gazpacho agridulce’

Y coge carrerilla. ¿El velo? «Yo no lo comparto, pero se ha vendido como una imposición y no es cierto». ¿El Ramadán? «Lo respeto para no romper el corazón a mi madre». Y no se le caen los anillos: «Las ayudas sociales no deberían perpetuarse en el tiempo, porque crean parásitos. Su función debería ser crear gente productiva, con ilusiones, que trabaje... Y la gente tiene que demostrar un mínimo de arraigo. Y sí, también estoy a favor de que se controle la inmigración. ¿Qué hace aquí un niño de 13 años solo? Pero que le devuelvan a Marruecos, no al CETI». Asegura que en Marruecos no hay hambre y que han dejado de ver España como ‘El Dorado’. ¿Por qué siguen viniendo, entonces? «Por la falta de expectativas. Que te atiendan aquí en un hospital cuando estas enfermo es el mejor efecto llamada».

- ¿Y qué opina de la integración?

- Le diré una cosa, esa palabra encierra un punto de renuncia. A mí me han puesto muchas veces un plato de jamón y un vaso de vino cuando entraba en una casa por primera vez. Sabían que era musulmán y decían ‘¡cómo no te va a gustar!’. En plan desafío, ¿sabes?. Pero luego llamo para alquiler un piso o una lonja y tengo que decir que me llamo Brian, porque si no me quedo sin él. No falla.

Y, sin embargo, Brahem siente que encaja. «No tengo acento, no genero curiosidad... los vascos no tienen mucha inquietud por esta cultura más allá del falafel». Eso sí, «el que viene aquí tiene que empatizar. Donde fueres, haz lo que vieres».

Un pichichi sin Athletic

Quien parece haber aprendido esa lección es Oihane Martínez Cabrera, hija de una bailarina de salsa, merengue y chachachá, que estudia cuarto de la ESO en Santurtzi. «He ido a la ikastola desde los 4 meses y hablo perfectamente euskera, así que la gente no me identifica como cubana. Es más, cuando lo descubren, la reacción es primero de sorpresa y luego, de curiosidad. No sé qué se esperan, la verdad». Sólo ha estado una vez en Cuba -«bonito, acogedor, hace calor»-, pero prefiere esto. «Más oportunidades, más dinero, más trabajo... más de todo». Nunca se ha sentido discriminada, aunque a su hermanastro, Raúl, aún le escuece todas las veces que le han llamado ‘panchito’ pese a no conocerle y a que trabaja desde los 16 años, «porque el que busca, encuentra». Ohiane tiene amigos de aquí, pero guarda una especial sintonía con una chica inmigrante. «Nos gusta tener sangre de otro sitio, es más divertido».

«El sentido de pertenencia es el principal antídoto contra el aislamiento y la formación de guetos» Hithem Abdulhaleem-Doctor en Psicología

Un diagnóstico que contrasta con la experiencia de Alioune Dieng, que se gana la vida en un bazar de la calle San Francisco y al que su entrenador de fútbol le dio su primer disgusto cuando jugaba en cadetes, se proclamó pichici «con 40 y pico goles» y le llamó el Athletic. Por aquel entonces, Williams ni estaba ni se le esperaba, y al pequeño Alioune, a la sazón de 7 años, le dijo su míster «aprovecha, estarás allí un par de temporadas, porque ya sabes que en el Athletic no juegan negros. Mi madre, que tenía su orgullo, cogió tal rebote que no se volvió a hablar del tema en casa».

Alioune no tiene dudas. «Claro que existe racismo y siempre hay gentuza que te discrimina, que no ha salido de España y se cree mejor que tú. Lo he sentido en el parque, en el colegio, en los campos de fútbol... Pero eso no puede hacerte olvidar que hay mucha gente maravillosa, la mayoría de hecho». Habla olof, castellano, euskera, inglés, francés... Ha hecho la ESO, un curso superior de aeronáutica, un grado medio de fontanería... Tiene trabajo y sus padres, panaderías en Dakar. «¿Que si he tocado techo? Quiero creer que no. Sólo espero que me dejen demostrar lo que valgo». Tanta determinación a más de uno le sonará a chino.

«Siempre es el inmigrante el que está bajo sospecha. Lo que tienen que hacer es, si no la merece, quitársela»
«Siempre es el inmigrante el que está bajo sospecha. Lo que tienen que hacer es, si no la merece, quitársela»
Alioune Dieng «Existe la discriminación»

Nacido hace 25 años en Basurto, este musulmán hijo de senegaleses regenta un bazar y conoce bien el racismo: «Está la gente maravillosa y luego la gentuza». Habla 5 idiomas -el árabe sólo lo chapurrea-, tiene la ESO, un curso superior de aeronáutica y un grado medio de fontanería. «No he tocado techo, sólo pido que me dejen demostrarlo».

«Les digo cómo me llamoy lo siguiente es que me pregunten ‘¿de verdad?’ ¡Se creen que es un mote!»
«Les digo cómo me llamoy lo siguiente es que me pregunten ‘¿de verdad?’ ¡Se creen que es un mote!»

Maite Wu «Fuera de lugar en China»

Nacida en Gernika hace 22 años, Maite habla castellano, euskera, mandarín, inglés y un poco de alemán. «Se supone que debo ser un hacha en Matemáticas, pero a mí lo que me gusta son los idiomas». Estudia Liderazgo, Emprendimiento e Innovación en la Universidad de Mondragón. «Es en China donde siento que llevo la máscara».

«Es entrar a una casa y que me pongan el plato de jamón y un vino. ‘¿Cómo no te va a gustar?’, dicen»
«Es entrar a una casa y que me pongan el plato de jamón y un vino. ‘¿Cómo no te va a gustar?’, dicen»

Brahem Belkir «Abrir la mente»

«El Gobierno debería regalar biletes de avión para que la gente viajase más. Todos saldríamos ganando». Lo dice este descendiente de marroquíes nacido en el Sanatorio Bilbaíno hace 38 años, que ha recogido el testigo del ‘Melilla y Fez’, la legendaria taberna de Iturribide. «Lo admito, no siento el Athletic. Pero soy de Bilbao, vamos... ¡al 150%!»

«Dices ‘cubana’ y noto que esperaban otra cosa. Me gusta tener sangre de otros sitios. Es más divertido»
«Dices ‘cubana’ y noto que esperaban otra cosa. Me gusta tener sangre de otros sitios. Es más divertido»

Oihane Martínez Cabrera «Paso desapercibida»

Oihane, 17 años, estudia cuarto de la ESO en Santurtzi. Su madre, bailarina de salsa, la trajo al mundo en Getxo. Entró en la ikastola a los 4 meses y habla euskera perfectamente. «Estuve en Cuba una vez, pero siento que pertenezco a esto. La integración fue total desde el principio, supongo que influye no tener la barrera del idioma».

«Nunca me he sentido una extranjera, pero tengo la sensación de que no acabo de encajar en todo esto»
«Nunca me he sentido una extranjera, pero tengo la sensación de que no acabo de encajar en todo esto»

Adina Noel «Alabada y rechazada»

30 años, padre valenciano -es pastor anglicano- y madre estadounidense. «Ser medio americana es guay hasta que alguien te responsabiliza de Trump, al que ni he votado ni votaré». Cree que hay mucha hipocresía: «Ven películas americanas, comen comida americana, visten ropa americana... pero nadie quiere que le retraten con el policía del mundo».

Fotos

Vídeos