El grupo de montaña de la Cruz Roja de Bizkaia rescató el año pasado a 44 personas

Los equipos de respuesta inmediata de emergencia de esta ONG llevan más de 25 años velando por la seguridad de los montañeros

Un ertzaina y un ERIE de la Cruz Roja ayudan a un lesionado en Gorbeia.
Un ertzaina y un ERIE de la Cruz Roja ayudan a un lesionado en Gorbeia.
FERNANDO J. PÉREZ

Unai tiene 37 años, trabaja de enfermero en un hospital y le encanta la montaña. Siempre que puede, se escapa al monte para dar rienda suelta a su pasión. Macizos como Gorbeia o Urkiola no tienen secretos para él. Y en cuanto tiene dos o tres días libres traslada su afición a los Pirineos o Picos de Europa. Pero desde hace unos años, Unai vive este entusiasmo desde una visión muy particular, como miembro del grupo de rescate de montaña de la Cruz Roja en Bizkaia, conocido por el nombre técnico de Equipo de Respuesta Inmediata en Emergencias (ERIE) de Búsqueda, Salvamento y Rescate en Medio Terrestre.

Unai cumple con el prototipo de integrante de un grupo formado por cerca de 140 voluntarios repartidos en cuatro bases: Durango, Gernika, Uribe y Zalla. Desde ellas, cubren todo el territorio de la Comunidad Autónoma Vasca, siempre bajo la coordinación de SOS Deiak y en estrecha colaboración con el grupo de rescate de montaña de la Ertzaintza. Solo en Bizkaia, el año pasado participaron en una veintena de intervenciones en las que rescataron o dieron asistencia a 44 personas

Aunque también pueden participar, y lo han hecho, más allá del País Vasco en actividades y emergencias que se puedan producir en el resto del Estado a petición de la Oficina Central de Cruz Roja y su centro de Coordinación Nacional.

«La media de edad de nuestros voluntarios está entre los 35 y los 40 años y su perfil personal está bastante definido», explica Alain Bravo, responsable del grupo. «Se reparte entre profesionales relacionados con servicios públicos (bomberos, sanitarios o ertzainas) y deportistas y aficionados a la montaña (alpinistas, escaladores, sobre todo) en una proporción de 8 a 2», añade.

LAS CLAVES

20
intervenciones realizó el grupo el año pasado, en los que rescataron a 44 personas.
140
voluntarios conforman el Equipo de Respuesta Inmediata en Emergencias (ERIE) de Búsqueda, Salvamento y Rescate en Medio Terrestre de la Cruz Roja.
Eficacia.
El grupo es capaz de estar operativo en su unidad en 13 minutos desde que cada voluntario recibe el aviso
Despliegue.
Los voluntarios se encuentran repartidos por las bases de Uribe, Durango, Gernika y Zalla

En realidad, hay más grupos de este tipo repartidos por España, aunque ninguno, por número y capacidad de respuesta, como los de Bizkaia. «Desde luego, la cultur a montañera que hay en Euskadi ayuda. Y mucho. Y se une también a nuestra mentalidad solidaria. En otros sitios quizás no tendrían tanto éxito», matiza. «Los integrantes se lo toman como una forma de ocio diferente», remarca.

El coordinador se muestra especialmente orgulloso de su capacidad de respuesta. El grupo es capaz de estar operativo en su base en 13 minutos desde que cada voluntario ha recibido en su teléfono la llamada de emergencia. Las funciones del equipo, «siempre en coordinación con SOS Deiak y la Ertzaintza», insiste, van desde las evidentes de búsqueda -rescate y salvamento de personas heridas, extraviadas y en general con problemas en la montaña-, a dar apoyo psicológico y de primeros auxilios.

Uribe, precusora en España

Cualquiera puede formar parte de estos grupos, aunque, como es lógico, se requieren por un lado unas mínimas condiciones físicas y conocimientos técnicos de montañismo, y por otro ciertas nociones de asistencia sanitaria. «Los primeros digamos que los llevamos encima, porque todos venimos del mundo de la montaña y estamos aquí precisamente porque es lo que nos gusta. Y en cuanto a lo segundo, aunque es verdad que la mayoría pertenecemos al mundo sanitario, llevamos a cabo cursillos de forma periódica. Como resumen, se puede decir que tenemos un proceso de formación permanente tanto en el ámbito alpino como en el sanitario», detalla Bravo.

Aunque el primer grupo de rescate de montaña de la Cruz Roja como tal se creó en Guadarrama (Madrid), Alain Bravo recuerda con orgullo que el equipo de Uribe es precursor a nivel nacional, «con una antigüedad de más de 25 años», destaca. Y el de Durango, con cerca de 50 miembros, «el más numeroso».

Estos equipos de respuesta inmediata no solo se circunscriben al mundo de la montaña. La Cruz Roja de Bizkaia tiene grupos de este tipo especializados en el medio acuático, apoyo psicosocial, asistencia y puestos sanitarios avanzados, y en albergue provisional, con capacidad para habilitar en 15 minutos un espacio para dar cobijo a 250 personas. Alain recuerda el incendio de marzo pasado en Sestao -en el que hubo que desalojar a 400 personas-, como el último incidente en el que todos los ERIE de Bizkaia actuaron de forma conjunta.

Traslado en camilla de un accidentado después de echarse la niebla.

«Los fines de semana que hace buen tiempo temblamos»

La experiencia es un grado, y el grupo de rescate de montaña de la Cruz Roja la tiene y de sobra. Saben, por ejemplo, que la conjunción de días festivos y buena meteorología es sinónimo de trabajo para ellos. «Cuando tenemos un fin de semana con buen tiempo temblamos», explica gráficamente Alain Bravo.

«En Euskadi, ir al monte es una actividad muy popular. Siempre lo ha sido, pero en los últimos años aún más. Y cuando va tanta gente es inevitable que la haya de toda condición y preparación. Y es prácticamente inevitable que haya algún accidente. Es una cuestión de pura estadística», continúa.

Los ERIE de la Cruz Roja aprovechan las fechas de más afluencia de gente al monte para realizar ejercicios prácticos en los macizos más visitados

Ellos lo saben, y como la concienciación sobre la medidas preventivas a tomar por quienes van al monte «llegan hasta donde llegan», hace tiempo que decidieron tomar la iniciativa. Siempre que pueden, hacen coincidir sus ejercicios prácticos y jornadas de entrenamientos con los días de más afluencia a las montañas. Efectivamente: los fines de semana de buen tiempo.

«De lo que se trata es de estar lo más cerca posible de los montes y los macizos a los que más gente va y, por lo tanto, en los que más posibilidades hay de que haya algún problema que requiera nuestra presencia», detalla Bravo. «En estos casos, buscamos ofrecer dos servicios, uno preventivo, porque el hecho de vernos allí sirve al montañero para concienciarse de que puede haber peligro, y otro de emergencia, por si, pese a todo, se produce el incidente -extravío, lesión, accidente- que requiera de nuestra intervención».

TIPOS DE INTERVENCIÓN

Búsqueda.
Localización de personas desaparecidas en espacios abiertos, zonas montañosas, etc. Su objetivo es determinar mediante labores de rastreo la ubicación física de las personas necesitadas de ayuda y las circunstancias en las que se encuentran.
Salvamento.
Acciones necesarias para transportar en condiciones de seguridad a las víctimas y «ponerlas en disposición de poder ser transferidas a un medio de evacuación para su traslado a un centro sanitario, albergue, etc».
Rescate.
Actuaciones encaminadas a evitar un riesgo inminente para personas que se encuentran en unas circunstancias de acceso especialmente difíciles o complejas (paredes, cuevas...).

Aunque como dice Alain, «esto va por rachas». Si se le pide recordar un rescate o una intervención especial no duda en dar un fecha: el 31 de diciembre de 2014. El último día del calendario tiene un significado muy especial para los montañeros. La tradición manda despedir el año ascendiendo a los montes más significativos. Y en Bizkaia es, por supuesto, el Gorbeia. El problema es que hablamos de unos nada desdeñables 1.482 metros de altitud y en pleno invierno.

«Ese día no paramos», rememora el responsable del grupo. «Realizamos cuatro rescates, de los que en tres de ellos fue necesario el helicóptero para realizar la evacuación ¡Una locura!», explica. El último de ellos fue a las cuatro de la tarde, cuando estaban ya recogiendo los equipos. «Casi no quedaba ya gente el Gorbeia cuando nos avisaron de que un hombre se había torcido el tobillo bajando de la cruz. Cuando llegamos a él no nos lo podíamos creer. Era un montañero que horas antes nos había estado sacando fotos en otro rescate y contándonos lo importante que era ser precavido».

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