El buque insignia de Greenpeace repone fuerzas en Zorroza

El ‘Esperanza’ permanecerá en Zorroza hasta finales de agosto. / Jordi Alemany

Permanecerá un mes en el Puerto de Bilbao, donde será reparado para una campaña que le llevará a surcar el Cantábrico

MARÍA DE CASTRO

Cuando lo bautizaron como ‘Esperanza’ no solo le estaban dando un nombre, sino también una responsabilidad. Sus 72 metros de eslora lo convertían en el barco más grande de toda la flota de Greenpeace. Ese factor, en una organización donde reivindicación medioambiental y espectacularidad se entremezclan, le encaminaba hacia grandes expediciones. Y así ha sido. Desde que fue adquirido por la organización en 2002, el ‘Esperanza’ ha surcado todos los océanos, ha impedido la caza de ballenas en aguas japonesas, ha ayudado a detener a pesqueros piratas en Guinea Bissau y se ha interpuesto a petroleros frente a las costas de Escocia.

Ayer, el buque insignia de la organización remontó las aguas del Nervión y descansa ahora en los tinglados del Puerto de Bilbao, donde permanecerá un mes. La misión que le trae a Bizkaia no tiene tintes tan épicos como las que han marcado su trayectoria, pero según apuntan desde la ONG es igualmente importante: poner la embarcación a punto para que pueda realizar una campaña de concienciación sobre el cambio climático que le hará recalar en diversos puntos de la cornisa cantábrica a partir de septiembre.

Los datos

El barco más grande.
Los 72 metros de eslora del ‘Esperanza’ lo convierten en el buque de mayores dimensiones de la ONG.
Misiones mundiales.
El barco ha participado en acciones contra los balleneros japoneses y ha ayudado a detener a pesqueros piratas en África, además de complicar la actividad de petroleros.
Estancia en España.
Durante el mes de julio ha recorrido el litoral mediterráneo entre Málaga y Murcia para clamar contra la especulación inmobiliaria en las zonas costeras.

Durante estas semanas, un grupo reducido de mecánicos, electricistas e ingenieros de la tripulación trabajará a pulmón en labores de mantenimiento. Revisarán los aerogeneradores, ajustarán los motores y agarrarán la brocha allá donde la pintura se descascarille. Todo para lograr que el buque- que fue construido en Rusia en 1984 y funcionó como embarcación de bomberos- pueda afrontar su nueva misión en plenitud de condiciones. «Es un barco bastante antiguo y para que sea lo más sostenible posible requiere ser conservado continuamente», explican desde la organización tras incidir en que no ha sido una avería lo que le ha hecho recalar en Bilbao.

La elección de la ciudad, aseguran, obedece a razones puramente geográficas. «Es un puerto bien ubicado y había disponibilidad de fechas». La villa no es solo una puerta de acceso privilegiada al Cantábrico. También será el lugar donde, entre reparación y reparación, la tripulación remanente del ‘Esperanza’ podrá reponer fuerzas tras la campaña ‘Protección a toda costa’, que le ha llevado a recorrer el litoral mediterráneo entre Málaga y Murcia durante las dos últimas semanas para denunciar la especulación inmobiliaria en zonas costeras.

Tripulación internacional

Quienes paseen estos días frente a Zorroza se toparán con el trajín en cubierta, entre las lanchas que los activistas emplean en sus acciones más arriesgadas, y podrán ver el arcoiris de la organización espejado en la ría desde el casco.

Sin embargo, no será hasta finales de agosto cuando la efervescencia regrese por completo. Por entonces, la totalidad de la tripulación habrá regresado, dispuesta a zarpar de nuevo. Llegarán de puntos como Canadá, Brasil, India o Australia. Capitaneados por Paul Ruzycki- un activista que pasó tres meses en una prisión rusa- se embarcarán en una acción cuyos detalles guardan con mimo.

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