La gran benefactora de la villa de Bilbao

Retrato de Doña Casilda Iturrizar que se conserva en el Ayuntamiento/
Retrato de Doña Casilda Iturrizar que se conserva en el Ayuntamiento

'La Ría de Hierro' elogia a Doña Casilda Iturrizar, la filántropa que dedicó su fortuna a socorrer a quienes el auge de la ciudad dejó de lado

Julio Arrieta
JULIO ARRIETA

Aunque el nombre de Doña Casilda Iturrizar (1818-1900) resulta familiar a los bilbaínos, no son muchos quienes conocen la importancia histórica del personaje, del que suele destacarse la curiosidad de que es el único que figura dos veces en el callejero de la villa: la primera, dando su nombre al popular ‘parque de los patos’; la segunda, en la calle Viuda de Epalza, como esposa que fue del hombre de negocios y banquero Tomás José Epalza Zurbaran. Pero «desde luego, Casilda Iturrizar fue bastante más que la ‘señora del empresario Epalza’», dice la historiadora Begoña Cava. La profesora de la Universidad de Deusto habló ayer de esta benefactora, «fundamental para comprender el paisaje social y cultural del Bilbao de la industrialización», en la conferencia que impartió en el Museo Marítimo como parte del ciclo ‘La Ría de Hierro’.

«Para entender la importancia de la labor social y filantrópica de Casilda Iturrizar hay que visualizar la transformación que había sufrido y seguía sufriendo Bilbao en el tiempo que le tocó vivir», añade Cava. Pasó de ser una pequeña villa comercial de unos 18.000 habitantes en 1860 a una ciudad que albergaba 80.000 vecinos en 1900. Todo el espacio de la ría superó los 150.000 habitantes ese mismo año. Bilbao y su entorno experimentaron un rápido cambio que, además de tener consecuencias muy positivas, supuso la aparición de graves carencias sociales, unos problemas que las instituciones públicas no supieron atender o trataron de cubrir con recursos mínimos.

«Esta mujer quiso dar respuesta a los problemas sociales del momento porque los conocía muy bien», explica Begoña Cava. «Nació en el seno de una familia numerosa muy humilde. Entró a servir en casa de los Epalza, familia reconocida y de posibles. De hecho, acabaría matrimoniando con un Epalza». No se sabe mucho de su formación, «pero se puede aventurar que fue autodidacta. Eso sí, al ver sus escritos se aprecia que tenía una letra inglesa impecable», detalla Cava.

Tomás José Epalza Zurbaran (1798-1873) era un adinerado rentista, comerciante y banquero, además de político, que había hecho fortuna con sus negocios en Cuba. Recordado por ser uno de los fundadores del Banco de Bilbao, también fue fundador de la fábrica Santa Ana de Bolueta, además de tener «propiedades rústicas e inmobiliarias en Portugalete y en Bilbao, que le proporcionaron rentas y beneficios bien interesantes».

Fachada del edificio principal del hospital de Basurto.
Fachada del edificio principal del hospital de Basurto. / E. C.

Tomás y Casilda se casaron en 1859, en la iglesia de San Nicolás. A partir de ese momento, Casilda «tuvo el gran respaldo económico de los Epalza». Pero lejos de acomodarse y vivir de las rentas, «emprendió una tarea benefactora de excepción que se proyectó en la sociedad bilbaína y vizcaína», aprecia la historiadora. Esta labor se multiplicó cuando quedó viuda y sin hijos. Se materializó en una serie de iniciativas cuyos números impresionan. «En un tiempo en el que el dinero se contaba en reales, donó 500.000 pesetas para la construcción del hospital de Basurto», una obra cuyo coste total fue de 6 millones de pesetas, lo que da una idea del peso de su aportación. Dotó con cantidades de calibre similar a la Casa de Misericordia y a la de Expósitos. Preocupada por la educación, cedió parte de sus terrenos para la construcción de las Escuelas Públicas de Tívoli, que también subvencionó con otro medio millón.

Un legado que perdura

Doña Casilda no se limitó a aportar dinero a todos estos proyectos benéficos y educativos, sino que se preocupó por dejar un gran legado para mantenerlos, además de financiar becas de estudios «para las futuras generaciones de bilbaínos. Se volcó en ayudar al necesitado o ante carencias evidentes de índole social». Y tuvo unos detalles «muy llamativos en su testamento con quienes ella llama ‘mis prohijados’, como las dotes que estableció para las doncellas sin recursos económicos».

Doña Casilda Iturrizar formó parte del grupo de benefactoras bilbaínas provenientes de la élite local en el que también destacó la beata Rafaela de Ybarra, con la que colaboró. «Ambas fueron muy religiosas, pero de una religiosidad diferente». Doña Casilda mantuvo también «una vida social activa. La prensa de la época recoge cómo iba a los toros en su calesa. También contribuyó a la creación de Nuevo Teatro (Arriaga), del que fue accionista mayoritaria».

Temas

Bilbao

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos