Los grafiteros se ceban con la Línea 3

Este convoy de la Línea 3 fue pintado hace dos semanas. En algunos trenes, los grafiteros no dejan ni un espacio en blanco.
Este convoy de la Línea 3 fue pintado hace dos semanas. En algunos trenes, los grafiteros no dejan ni un espacio en blanco. / Borja Agudo

El nuevo ramal del metro sufre 6 ataques en tres meses y pasa a ser una «cotizada» diana para los vándalos

JOSU GARCÍA

La Línea 3 del metro se ha convertido desde su inauguración en el objetivo número uno de los grafiteros. Los trenes de Euskotren que circulan por el ramal que une los barrios altos de Bilbao han sufrido seis asaltos graves en menos de tres meses. Otros tantos se habrían evitado por los sistemas contra intrusiones y los vigilantes de seguridad. Además de más numerosos, estos ataques han sido más notorios para los viajeros porque los convoyes vandalizados han permanecido en circulación durante varias horas después de haber sido pintados para no alterar el servicio con menos unidades. Algo que nunca ocurre en las Líneas 1 y 2.

En el resto de la red del suburbano, el operador Metro Bilbao retira cualquier tren que haya sufrido la acción de un grafitero. Su política, en este sentido, es estricta. Juega a su favor que las incidencias en estos dos ramales son menos frecuentes porque las instalaciones están más protegidas y son más pequeñas (hay convoyes que recorren la Línea 3 que proceden nada menos que de San Sebastián y pueden ser asaltados en cualquier punto del recorrido antes de entrar en el subsuelo de la capital vizcaína). Además, el gestor de las Líneas 1 y 2 se puede permitir sin problemas mandar de inmediato a cocheras una unidad pintarrajeada. Para Euskotren, sin embargo, esto sería un lujo. El material móvil a su alcance es mucho más limitado.

Metro Bilbao puede jugar, además, con las frecuencias. Si aparta un convoy para su limpieza, el ajuste pasaría seguramente inadvertido para los usuarios, que disfrutan de servicios cada tres minutos frente a los siete minutos y medio de la Línea 3.

«Pintar en un sitio nuevo, con trenes recién salidos de fábrica, te da más prestigio»

Pero, ¿por qué se ha convertido la expansión del suburbano, entre Matiko y Kukullaga, en el blanco más deseado por los grafiteros? Hay varios motivos. Los trenes son nuevos y blancos, como un lienzo (son sus favoritos). Es más fácil actuar y no ser atrapado, afirman los entendidos. Y después está el supuesto mérito o morbo que tiene dejar la firma en una infraestructura que acaba de echar a rodar. «Es lógico que se haya convertido en una diana muy cotizada. Escribir en un sitio que se ha inaugurado hace muy poco, en trenes que han salido hace dos días de la fábrica y en un entorno que utilizan miles de personas cada jornada, te da mucho prestigio». El que habla es un joven bilbaíno de 29 años apasionado de los grafitis callejeros. Sigue realizando pintadas en la vía pública, pero «me he retirado ya del mundo de los ferrocarriles porque lleva mucho tiempo preparar cada acción de este tipo», confiesa.

En cuestión de segundos

Los grafiteros actúan como un comando. Vigilan a su presa durante semanas. Saben dónde duerme. Cotejan los horarios de paso por las estaciones. Controlan los accesos, detectan los lugares más vulnerables y se aprenden las rondas y turnos de los guardias de seguridad. Trazado el plan, ensayan siempre antes del ‘ataque’. Y el día que llevan a cabo su bombardeo -así lo llaman- lo ejecutan generalmente en un par de minutos, incluso en segundos. «En Euba (Amorebieta) nos asaltaron hace poco y pintaron durante el tiempo que dura la parada. Fue increíble», afirma un trabajador de Euskotren. Muchas veces los grafiteros filman la escena y luego la distribuyen vía whatasapp o en foros privados. «Los más temerarios las comparten en Facebook».

«Limpiar el lateral de un vagón cuesta 2.000 euros. Reforzar la vigilancia supera el millón»

Las acciones clandestinas de estos vándalos pasan una elevada factura a las arcas públicas. «Sólo limpiar el lateral de un vagón supone un coste de 2.000 euros», asegura la dirección de Euskotren. Esta compañía pagó en 2016 (cuando la Línea 3 aún no había entrado en funcionamiento) casi 50.000 euros en eliminar grafitis. Y no es el mayor gasto. A reforzar la vigilancia, «con el fin de evitar este tipo de actuaciones», se destinaron 1,33 millones. Se prevé que para 2018, entre Euskotren y Eusko Trenbide Sarea la inversión total en seguridad ascienda a 4,5 millones al año. «Con este importe podrían suprimirse, poco a poco, varios pasos a nivel o instalar wi-fi en todas las estaciones y apeaderos», lamentan.

Los trenes de la Línea 3 tienen una ventaja con respecto a sus hermanos del resto de la red del suburbano. Cuentan con una capa de pintura antivandálica de gran calidad, según las fuentes consultadas. La limpieza es más fácil. En las unidades más antiguas había que decapar la superficie y repintar después de varios incidentes. Ahora, por fortuna, la huella de los grafiteros se elimina con algo más de facilidad.

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