El Correo

«La vida es más paranormal que un ovni»

El actor es un apasionado del yoga, los maratones y la cocina.
El actor es un apasionado del yoga, los maratones y la cocina. / R. C.
  • Miguel Ángel Muñoz defiende su buenismo «de serie» y confiesa su peor defecto: «Un perfeccionismo extremo»

A Miguel Ángel Muñoz hace tiempo que en Estados Unidos lo descubrieron como actor pero, si lo conocieran mejor, lo ficharían como diplomático, algo tan necesario en la era Trump. Tiene Miguel Ángel (MAM, para sus fans) una personalidad balsámica y una tendencia natural a suavizar los conflictos y quedar bien con todo el mundo... No llega al nivel del legendario anís La Asturiana («su presencia siempre agrada») porque a algunos, como a su colega Fernando Tejero, su buenismo les saca de quicio... Pero casi. El jueves estuvo en ‘El jardín de Florette’, en Madrid, hablando sobre alimentación saludable e impartiendo una ‘master class’ culinaria a partir de los productos de la famosa marca de ensaladas, y se metió en el bolsillo a un grupo de escolares. «Soy muy positivo en la vida y me gusta divertirme y sacarle una sonrisa a la gente». Esa es su filosofía.

Actor, cantante, bailarín, cocinero, corredor de maratones y esforzado practicante de ‘yoga caliente’, Muñoz nació en una fecha tan épicamente americana como el 4 de julio. Va a cumplir 34 años y su balance de los 33 es inmejorable. «Ha sido un año muy especial en mi vida. No solo por haber ganado ‘MasterChef’, sino por haber conseguido un par de retos muy especiales relacionados con el yoga. Y porque he corrido mi primera maratón en Nueva York y luego la de Boston, lesionado». También ha actuado en dos de sus teatros más anhelados: el Español y el María Guerrero. Y ha rodado con Isabel Coixet... «Eso en lo profesional -matiza- porque luego en lo personal, aunque ahora no tengo pareja, he vivido cosas muy especiales que no puedo contar y encima ha aparecido en mi vida gente como Jerónimo Mateos, que me enseñó a cocinar y ya es un amigo para siempre».

Puede que el discurso de este actor suene a letra de canción de ‘Viva la gente’ o a mitin de Zapatero, pero es que él es así. «A mí el buen rollo me viene de serie», asegura. Hijo de la vidente Cristina Blanco, Muñoz siempre se había mostrado inflexible a la hora de hablar de su madre... Hasta que se sentó en el sofá de Risto. «Yo sabía que en esa entrevista se habla sobre la vida, y eso incluye a la familia», reconoce. El actor confesó el dolor que le causó el bache que vivió su madre, retirada de la vida pública tras ser condenada a 16 meses de cárcel por un delito de robo. «Lo vives con dificultad, con muchas ganas de cuidarla y también con la máxima compasión que tienes por la persona que más quieres en el mundo», le dijo a Mejide.

Él no cree especialmente en la videncia, pero advierte: «La vida me parece ya un fenómeno paranormal en sí, mucho más especial que los ovnis que vemos en las películas». Su dimensión mística la tiene cubierta con el yoga. Sus dos retos especiales de este año han consistido en practicarlo durante treinta días seguidos (cada reto), varias horas por jornada hasta lograr, según dice, «unos momentos físicos e incluso espirituales muy interesantes».

«Mi amiga Sharon Stone»

El buenismo de Miguel Ángel Muñoz pasa por no retuitear los memes más crueles sobre el gallo de Manel Navarro («si me lo encuentro pienso darle un gran abrazo») y hablar bien de todos sus compañeros, incluido Fernando Tejero, su rival más ‘cítrico’ en ‘MasterChef’, y con el que ya compartió escenario hace diez años. «No quedo a cenar con él, pero tampoco con Cayetana Guillén, a la que me une una gran amistad». Cuando se quiere lucir en la cocina, elabora ese cocido madrileño deconstruido que dejó boquiabiertos a los jueces. O unas carrilleras de ibérico con curry tailandés y arroz aromatizado, «que te chupas los dedos». Muñoz opina que los cocineros son las grandes estrellas del momento «y los que más ligan», así que está encantado de que le asocien con ellos... «Que corra la voz», proclama entre risas. Y no descarta abrir en breve un restaurante.

Aquel niño «supertravieso» que se juntaba siempre «con la crema de la clase» y detestaba las verduras es hoy un actor muy popular que fue novio de Mónica Cruz y se codea con Andy García y Sharon Stone, a los que llama «mis amigos». Pero él se encuentra un defecto: el perfeccionismo extremo. «Si gané ‘MasterChef’ fue por las 497 horas que metí cocinando». Las tiene contadas. «Soy demasiado exigente conmigo mismo -lamenta-. Y cuando estoy concentrado en algo me lo tomo tan en serio que me dejo la vida. Antes de quedarme en casa viendo la tele me voy a correr, a practicar yoga, o a aprender algo nuevo… Hay quien lo verá como una virtud. Yo no, porque también hay que poder ser feliz y quererse sin tener que hacerlo todo de maravilla».

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