Galerna

Los marineros del atunero de Bermeo, al que intentaron atacar unos piratas, estarán ahora dándole vueltas a la cabeza y deseando que la campaña termine pronto para volver a casa

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PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Además de tenernos en vilo, la odisea del ‘Alakrana’ nos enseñó hace ocho años una lección en lo tocante a mitomanías. Algo así como una actualización realista de la ‘Canción del pirata’. Fueron casi cincuenta días de secuestro y aprendimos que los corsarios del momento no son parientes del simpático y tambaleante Jack Sparrow, sino la encarnación pura y arbitraria del peligro: tipos que no tienen nada que perder, pero tienen armas y una enorme familiaridad con la violencia. No ayuda que en cuanto pueden tengan también los ojos disparados por el alcohol o lo que sea. Aún recuerdo a algunos miembros de la tripulación del atunero diciendo en el juicio que los días que permanecieron en el Índico en manos de los piratas somalíes les habían destrozado la vida. El terror sostenido es una eficaz forma de tortura.

El recuerdo de aquellos hechos basta para que nos lleguen malas noticias de la flota atunera en el Índico y se nos pongan los pelos de punta. Sucedió ayer, aunque por fortuna solo fue un susto. Uno grande. Uno que requirió disparos. Los efectuaron los vigilantes de seguridad que viajan en el ‘Galerna III’, un atunero de la empresa Albacora de Bermeo. Era de mañana cuando detectaron que se les acercaba una lancha demasiado rápida, demasiado injustificada, demasiado sospechosa. Los protocolos del barco se pusieron en marcha y la marinería se puso a cubierto. Mientras tanto el capitán ejecutó maniobras de evasión y los vigilantes empezaron a disparar los tiros iniciales, que son los que van un poco altos a modo de advertencia.

Parece que los piratas decidieron dar media vuelta al comprobar que había gente armada en el barco que probablemente pretendían asaltar. No se acerca uno así, tan a traición, para dar los buenos días. Todo fue rápido y eso facilitó que la tripulación no tuviese siquiera tiempo de asustarse. Mejor así, claro, aunque los marineros estarán ahora dándole vueltas a la cabeza y deseando que la campaña termine pronto para volver a casa.

Ellos ya sabían que, además de en atún, la zona es pródiga en piratas. Pero ahora los han visto de la peor forma posible: de cerca. La mejor forma es en los libros y en las películas, aunque aparezcan allí con frecuencia tan justicieros y atildados. Nada que ver con la realidad. Lo único que asusta de Johnny Depp es su aliento a ciertas horas.

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