El frutero de Irala que encerró a los ladrones que habían asaltado su tienda

Los ladrones solían llevarse de la frutería el dinero de la caja, paquetes de dulces y plátanos. / IGNACIO PÉREZ

«Quería saber quién me robaba y cogerle para que no volviera a hacerlo»

Ainhoa De las Heras
AINHOA DE LAS HERAS

«Le quería coger, quería saber quién era. Le iba a dar su golpiza para que no volviera a hacerlo, incluso fui a la Policía para saber qué me pasaría, pero con dos no pude». Patricio Aguirre, natural de Ecuador, que regenta dos fruterías en el barrio bilbaíno de Irala, una de ellas desde hace unos diez años, estaba «cansado» después de sufrir cinco robos en menos de quince días en uno de sus negocios, por lo que decidió pasar a la acción.

Primero, dejó como cebo unos cambios, 60 euros, en la caja registradora. Además del dinero, los delincuentes también se llevaban bolsas con dulces y plátanos. Sospechaba que detrás de los hurtos podía encontrarse «un exempleado». E ideó la forma de sorprenderlo in fraganti: dormir en el coche y vigilar por si aparecía el caco. Estacionó su vehículo delante de la tienda, Frutas y Verduras Bizkaia, situada en el número 2 de la calle Andres Isasi, perpendicular a Irala.

Patricio y su socio madrugan mucho para acudir a Mercabilbao a comprar la mercancía, pero aguantó despierto varias horas. Se colocó en la parte trasera del turismo, que tiene los cristales tintados, desde las nueve de la noche del pasado martes.

«¡Saben latín!»

Y justo se quedó dormido «cinco minutos» sobre las tres y diez de la madrugada. Cuando abrió los ojos, se dio cuenta de que la persiana estaba levantada y que habían colocado unas cajas de fruta vacías para sujetarla. «Cogí el garrote con la intención de meterme y darle su merecido, pero al acercarme escuché muchas voces y me dio miedo». Patricio utilizó el palo para empujar las cajas hacia el interior, de forma que la persiana cayó de golpe dejando a los ladrones atrapados. Estos empezaron a golpearla e intentar subirla, pero estaba bloqueada.

El comerciante pidió auxilio, pero «a esa hora, ¿quién me iba a oír?». Así que cogió el móvil y llamó al 112. En pocos minutos aparecieron varias patrullas de la Ertzaintza. «¡Tírate al suelo!», les gritaron los policías a los ladrones, pero sólo uno de ellos lo hizo. «Aunque yo les escuché hablando en castellano, a los policías les dijeron por señas que no les entendían». «¡Saben latín!», apuntó uno de los agentes. Eran dos jóvenes veinteañeros de origen magrebí a quienes Patricio no conocía. Ambos fueron detenidos y estaba previsto llevarles a un «juicio rápido», aunque el comerciante sospecha que «estarán ya en la calle», por lo que, a partir de ahora, piensa dejar vacía la caja y llamar a un cerrajero para reforzar la cerradura.

Miembro de la asociación de comerciantes de Irala, asegura que otros negocios también han sufrido robos en los últimos tiempos «y nunca han cogido a nadie». «Quiero que todo el mundo se entere, que cada uno puede poner de su parte para que esto se acabe».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos