Los franceses se quejan: «Es la primera vez que nos inflan tanto los precios»

Esta cuadrilla de Toulouse se puso de tiros largos ataviándose de 'gondoleros'./JORDI ALEMANY
Esta cuadrilla de Toulouse se puso de tiros largos ataviándose de 'gondoleros'. / JORDI ALEMANY

Los aficionados galos que asistirán esta noche a la final de la Champions en San Mamés se quejan de los gastos

Eider Burgos
EIDER BURGOS

Entre otros muchos tópicos, la imaginería del rugby regala la estampa de un hincha sendiento de cerveza y golpes. Grande y ruidoso, encadena tragos en el pub (irlandeses, por supuesto) ataviado al estilo de un Saint Patrick's Day.

Si bien es cierto que las pintas inundaban las terrazas de buena mañana -atraídas, en buena parte, por una mañana primaveral-, la horda de los anunciados 100.000 'supporters' no se hacía notar (tanto) a la hora del hamaiketako en el corazón de la villa. Mucho menos la hinchada francesa, que sin camisetas ni atavíos del Racing 92 se limitaba ayer a pasear tranquila por las calles del Casco Viejo o a asistir con discreción a las actividades de la 'fan zone' instalada en el Arenal. «Son muy correctos», afirman «las dos Marías», María Corcuera y María Zuquía, que desde el miércoles trabajan repartiendo entre los 'rugbiers' un mapa con una selección de honorables templos de la cerveza artesana en la villa y alrededores. «Me gusta ver la ciudad llena de 'guiris'», afirma Corcuera, encantada con unos hinchas que, «por mucho que beban» siempre son «majos».

Si se observa la marea 'supporter' -de Gales, Inglaterra e Irlanda-, a los franceses «se les ve de lejos», aseguran. «Son los más secos, porque la mayoría no habla español ni inglés. Pero eso sí, siempre son educados», remachan.

Comer y beber

Las 'Marías' continúan con la labor mientras charlan, y a Yoann Rappenau y a sus amigos se les ilumina la cara con la guía de la espumosa, que para eso han venido: «A la gastronomía y a la cerveza», sentencia el joven de Tours sin pensárselo dos veces. «¡Qué cliché!», le reprochan sus compañeros. Vale: también irán al Guggenheim. Allí se dirigen después de haberse llenado el buche en el Casco Viejo. Concretamente con el jamón de Claudio, que recuerdan con gestos de deleite. Una breve visita cultural antes de poner de nuevo rumbo a los bares.

Por la noche deberán regresar a Amurrio, donde han alquilado un piso para cinco a 400 euros la noche. Dormir en Bilbao era «demasiado caro», afirman, y eso que reservaron hace seis meses: «Llevamos diez años yendo a finales en Londres, Edimburgo, Dublín... y es la primera vez que nos inflan tanto los precios», critica, Patrice Gasser, uno de los amigos.

Lo que gasten a partir de ahora, lo contarán en pintas. Hoy, antes de entrar a San Mamés, todos a favor del Racing 92... menos Patrice, señala él con mucho orgullo. Faltaría más, que él es del Stade Français, el segundo equipo de la capital francesa cuya rivalidad local con el Racing se asimila a un Real Madrid-Atlético.

En realidad, afirma Yoann, no les importa demasiado quién juege. «Lo importante es disfrutar del rugby». Tanto, que ya han comprado las entradas para las finales del año que viene, que se jugarán en Newcastle, en Inglaterra. A 50 euros los dos pases, y sin saber equipos ni nada. «Aunque Vincent -el tercero en discordia en este grupito de Tours- aún nos tiene que demostrar que se merece repetir una final». Al aludido le importan los colores tan poco como a sus amigos: no tiene ni idea de rugby.

«Nosotros compramos las entradas en la final del año pasado en Edimburgo y ya tenemos las de 2019», cuenta Fanny, rodeada de una cuadrilla de ocho amigos -Cédric, Perrite, Magali, Manc, Jérémie, Guilleume y Jéróme- que estalla en carcajadas ante la sorpresa de la periodista. Cada uno es de un rincón de la República: Burdeos, Estrasburgo, Perpiñán, Toulouse, Ginebra y París. Le une Lyon, donde viven, y el rugby.

- ¿Todos del Racing 92?

- No. ¡De los equipos de nuestras ciudades!

120 euros en un dos estrellas

Solo llevan una hora en Bilbao -duermen en Laredo, «aquí no había nada»- y se miran dubitativos si se les pregunta por las principales atracciones de la villa. «Aún no hay mucho ambiente», comentan, y por el momento prefieren encadenar pintas en la «ruidosa» 'fan zone' 'supporter' de El Arenal. «¿El precio de la cerveza? Nos parece normal»

«Un poco inflados, ¿no?», insinúa Jérôme Gustin, que junto a sus cuatro amigos disfruta de su primera visita a Bilbao con aires sibaritas: media hora en la villa y ya brindan en la terraza del Museo Guggenheim al calor de un enorme 'cañon' de cerveza. «Queríamos probar el Nerua, pero estaba lleno», comentan. Fuerte contraste con la que será su casa hasta el próximo domingo: un bungalow en un camping en Islares por el que pagarán 100 euros la noche.

«Es que los hoteles en Bilbao estaban muy caros», recalca el enorme Christophe Bonola, que con su también enorme colega Thierry Blazer parece que son de los pocos que hoy duermen en la villa. Marchan hasta Irala para dar con lo más asequible.

- ¿Cuánto les ha costado?

- Muy, muy, muy caro.

- ¿Una cifra?

- (Piensa) 120 euros por noche y por persona en un hotel de dos estrellas.

El «coste abusivo» no pondrá freno a su fin de semana. Ayer fueron a la final de la Challenge Cup, y hoy repiten en favor del Racing. «Somos amantes del rugby, no hacemos otra cosa que disfrutar. Que gane el mejor», exclaman.

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