Un día entre forenses

Además de practicar autopsias, los 32 profesionales del Instituto vasco de Medicina Legal en Bilbao valoran el estado mental de los imputados o fijan la edad de los menores inmigrantes

El director del IVML, Carlos Cubero, examina un cadáver en la sala de autopsias/Iñaki Andrés
El director del IVML, Carlos Cubero, examina un cadáver en la sala de autopsias / Iñaki Andrés
Ainhoa De las Heras
AINHOA DE LAS HERAS

El pasado 1 de noviembre se recibieron tres cadáveres en la sede del Instituto Vasco de Medicina de Legal (IVML) en Bilbao, donde trabajan 32 médicos forenses, de los que 7 son expertos en psiquiatría, otros 7 en patología y 2 en traumatología. Los que estaban de guardia asistieron a los levantamientos y practicaron las autopsias. Las causas de las muertes fueron «precipitación desde una altura de 20 metros, un accidente laboral por sofocación (asfixia) en el partido judicial de Durango y una muerte súbita», explica el director del IVML, Carlos Cubero, que guía a los periodistas de EL CORREO en una visita por las instalaciones del Servicio de Patología, ubicadas en el Palacio de Justicia bilbaíno.

En sus 32 años de experiencia, Cubero habrá acudido a unos 2.000 levantamientos de cadáveres y practicado unas 1.000 autopsias, calcula a grosso modo. Según la estadística del Eustat, en Bizkaia mueren al año más de 10.000 personas. De ellas, en 2016, por ejemplo, sólo 622 casos -343 muertes naturales, 275 violentas, una en estudio y tres restos óseos- fueron estudiadas para encontrar la causa del óbito y en seis se confirmó que se trataba de un homicidio. El resto fueron por accidentes de tráfico o laborales, muertes súbitas del lactante o del deportista, tóxicas... «Si no hay signos violentos ni sospechas de criminalidad y tiene algún antecedente por enfermedad es suficiente para que la muerte no se judicialice», precisa Cubero.

Las claves

622 autopsias
se practicaron en 2016 en el servicio de Patología Forense del IVML en Bilbao. De ellas, 343 fueron muertes naturales y 275 violentas. Se analizaron también tres hallazgos de restos óseos y hay un caso pendiente del resultado del análisis químico-toxicológico, según los datos de la memoria estadística forense.
Seis homicidios.
Seis de las muertes violentas fueron homicidios, tres menos que en 2015. 29 personas murieron por accidentes de tráfico, 148 por accidentes casuales y nueve en siniestros laborales.
83 suicidios.
Un total de 83 personas se quitaron la vida en 2016 en Bizkaia, frente a los 91 que lo habían hecho el año anterior.

Antes de ponerse los guantes y entrar en la sala de autopsias, donde pueden permanecer desde una hora y media en un caso normal a cinco horas si se trata de un crimen con múltiples heridas de arma blanca, «tienes que hacerte una composición de lugar leyendo el informe del levantamiento, los antecedentes médicos...», explica ante la mesa metálica donde se colocan los cuerpos. La diáfana estancia huele a desinfectante. Los cadáveres se conservan en cámaras a una temperatura de dos o tres grados. Si nadie les reclama -hay un bebé recién nacido en esta situación- pueden permanecer varios meses, hasta que son devueltos al Ayuntamiento donde se produjo la muerte para que sean inhumados.

«En un homicidio, estudiar el lugar de los hechos es tan importante como la autopsia. Hay que dejar el cadáver para el final y fijarse en si hay orden o desorden en la escena, buscar elementos biológicos, pelo, sangre, semen...». Una vez ante el cuerpo, «es fundamental conocer la data», la hora de la muerte. «La temperatura rectal, la rigidez y livideces cadavéricas» ayudan al patólogo a fijarla.

Material que se utiliza en las autopsias.
Material que se utiliza en las autopsias. / Iñaki Andrés

Aunque han transcurrido más de dos décadas, Cubero no olvida un caso ocurrido en un pueblo cercano a Gernika, cuando aún se practicaban las autopsias en los cementerios. Un hombre fue hallado muerto en una balsa poco profunda de un baserri. Desde el primer momento, sospechó que un familiar de la víctima, conflictivo y con un claro trastorno de la personalidad, podía tener algo que ver. Sin embargo, no encontró en el cuerpo signos de violencia. Tampoco se había ahogado, no había habido sumersión, lo supo al ver los pulmones. «No sé si habré hecho una autopsia más al detalle. En el informe tuve que poner muerte natural de probable origen cardíaco, pero siempre me ha quedado la duda», confiesa.

«Nadie es malo»

El imaginario social relaciona la profesión forense con la tanatología, pero «sólo es una parte de nuestro trabajo», advierte Cubero. También valoran el estado mental y el grado de imputabilidad de los acusados de homicidios, agresiones sexuales o violencia de género, entre otros delitos. Intervienen en los internamientos involuntarios de pacientes psiquiátricos. Deben acudir tres días por semana a los hospitales acompañando a un juez por este motivo. Realizan informes para incapacitar a ancianos con alzhéimer o a personas con retrasos intelectivos, establecen curatelas para tutelar a ciudadanos con ludopatía sólo en el ámbito económico, o declaran como peritos imparciales en juicios, enumera Marisa de Francisco, experta en Psiquiatría del IVML.

El director del IVML, Carlos Cubero, extrae un cadáver de una cámara. Los forenses suelen acudir a juicios donde explican el informe de una autopsia por un homicidio o la valoración del estado mental de un imputado. / Iñaki Andrés

La voz de esta forense -con «especial sensibilidad para tratar con ancianos», según reconoce- transmite calma. Su despacho está ubicado en el Servicio de Clínica, en el edificio de la calle Buenos Aires, con magníficas vistas. «No todo el que comete un delito tiene un trastorno mental», matiza nada más comenzar la charla. Cuando un preso es trasladado hasta allí para que ella le examine, pide a los ertzainas que le retiren las esposas y abre la cortina que cubre la cristalera para que los agentes puedan ver lo que ocurre dentro. «Hay imputados que son bombas y eso que en el medio judicial muestran su mejor cara. Nadie es malo, son víctimas de la pareja. Poca gente reconoce parte de la culpa en que una relación no funcione », advierte sin perder la sonrisa. «Una vez en 30 años de carrera» ha sufrido amenazas por parte de un individuo que sintió que su «pericia le había perjudicado». «Empujó la mesa y me agarró, me sentí intimidada. Cuando salí a la calle, iba escondiéndome por si me estaba esperando», admite.

Los forenses expertos en psiquiatría colaboran con asistentes sociales y psicólogos en la Unidad de Valoración Forense Integral para la Violencia sobre la Mujer, un hervidero donde examinan desde el punto de vista psicosocial tanto a los imputados como a las víctimas. «Los trastornos de la personalidad, conocidos como psicópatas, sociópatas o antisociales, suelen tener problemas en las relaciones interpersonales. Hoy se suicidan por ti y mañana te llaman bazofia. Algunas mujeres quedan atrapadas en ese perfil esperando a que cambie, sufren dependencia emocional», explica De Francisco. «Lo más importante en la valoración es prevenir el riesgo de futuras conductas violentas, que no se repitan».

Las frases

Carlos Cubero, director del IVML.
«En un homicidio, estudiar el lugar de los hechos es tan importante como la autopsia»
Marisa de Francisco, forense experta en psiquiatría.
«Hay imputados que son bombas y eso que en el medio judicial muestran su mejor cara»
Marian Solano, forense experta en traumatogía.
«De nuestra pericia puede depender la calificación de los hechos, la petición de pena y la indemnización»

Recuerda el caso recién juzgado de una mujer a la que una supuesta amiga la estaba estafando aprovechándose de que sufría «un trastorno con delirio de contenido esotérico sin diagnosticar». Le hacía creer que era su ángel de la guarda. La víctima le entregaba dinero a cambio de protección. O el de dos hermanas de 19 y 23 años, cuya madre, con un trastorno delirante que compartía con ellas, quedó internada, y a las que la experta en psiquiatría dio un voto de confianza para evitar que también fueran ingresadas. «No había riesgo para ellas ni para los demás y yo opté por proponer el sometimiento terapéutico ambulatorio», dice, orgullosa. «No me gusta restringir la capacidad de las personas y por eso apuro mucho». Sus informes no son vinculantes, quien decide en última instancia siempre es el juez, pero suelen «tener peso».

Marian Solano, forense experta en traumatología y subdirectora del IVML, valora cómo puede afectar en la vida social y laboral de alguien un daño físico o psíquico. «Desde el arañazo hasta el intento de homicidio, si afectan a órganos vitales, si pueden ser potencialmente letales, si lo hubieran sido de no haber habido asistencia médica urgente...». Por ejemplo, «una nucleación de un ojo a causa de una agresión». De su peritaje puede depender «la calificación de los hechos que realice el fiscal, la petición de pena y la indemnización».

Luis Manuel Lorente, jefe del Servicio de Laboratorio del IVML.
Luis Manuel Lorente, jefe del Servicio de Laboratorio del IVML. / Iñaki Andrés

Ella y una compañera se encargan también de determinar la edad de menores inmigrantes no acompañados a través de pruebas radiográficas. «La edad exacta es imposible, establecemos un rango de edad, si son mayores o menores». Cuando empezaron las primeras oleadas, veían uno al día, «llegamos a las 600 anuales, ahora parece que hay otro repunte», confirma. Pero durante las guardias de los forenses, «todos hacemos de todo». «Odio los levantamientos en domicilios cuando hay familiares, siento que es una invasión, tienes que rebuscar en cajones informes médicos...», se queja Solano.

Pero al igual que otros profesionales que tienen contacto habitual con la muerte, todos ellos tienden a desdramatizar y en ocasiones han de autocensurarse para no caer en el humor negro. La muerte, la enfermedad, la violencia... forma parte de su día a día.

Artículo mortis y «¿qué le debo, doctor?»

Durante una guardia -en Bizkaia hay cuatro médicos forenses y uno debe ser experto patólogo- «puede pasar de todo». Marian Solano recuerda que le tocó un «artículo mortis, un enfermo terminal que antes de fallecer quería contraer matrimonio». En estos casos tienen que establecer «si está en condiciones de tomar esa decisión, si puede o no puede hacerlo». Antes que forenses, son médicos y, en algunos casos, ofrecen consejos de salud: «Le veo un poco mal de ánimo, ¿por qué no se pone en tratamiento psicológico?». Por lo que en ocasiones han escuchado: «¿Cuánto le debo, doctor?» o «le he traído esta caja de manzanas», recuerda Carlos Cubero. «Todo el mundo llega aquí asustado y, para mí, es mi segunda casa», dice Solano.

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