La firma

Todos los grupos firman el Pacto de Seguridad

La firma
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Era grande la expectación en el Salón Árabe. Brillaban las lámparas afrancesadas, se alineaban sobre los nobles suelos los mandos policiales, refulgían los sables de los uniformes de gala. Anunciados por un revuelo de flases, los portavoces de los partidos precedieron al alcalde. Y a continuación firmaron uno tras otro, solemnemente, el Pacto de Seguridad. Lo hicieron sobre un atril situado entre dos banderas de la villa, frente a un tapiz con el escudo de la ciudad. Lahdou, Muñoz, Eguiluz, Gil, Ibaibarriaga, Alonso… «Esto es como la paz de Westfalia», pensé yo, que me emociono enseguida con las cosas.

Luego se preparo todo para que los portavoces dijesen unas palabras, allí, bajo las lámparas decimonónicas, sobre las maderas pulidas, frente al escudo de la muy noble y muy leal villa. Comenzó Samir Lahdou, que dio los buenos días y soltó: «En Goazen Bilbao suscribimos este pacto a pesar del alcalde».

Fue como cuando el Malvolio de Shakespeare interrumpe en camisón la juerga que tienen montada abajo con una frase famosa: «Señores míos, ¿están ustedes locos?» Sucede en el segundo acto de ‘Noche de reyes’ y los ingleses aún lo utilizan cuando toca aguar una fiesta. Aunque lo que hizo Samir Lahdou fue en realidad más original: intentar explicar por qué el pacto le parecía una idea tan espantosa que no le había quedado más opción que firmarlo. Y anunciar que, llegado el caso, no tendrá «ninguna reticencia» en abandonarlo. Si lo piensan, el portavoz de Goazen debe de ser un espectáculo redactando votos nupciales.

El Pacto de Seguridad ha puesto a Goazen y Udalberri en unos apuros relacionados con la pureza que Bildu ha sabido esquivar con pericia de veterano. Ayer, tras recordar que ellos son el principal grupo de la oposición y que claro que hay diferencias, Aitziber Ibaibarriaga celebró la firma del pacto: «Hoy es el día de subrayar los acuerdos».

El alcalde agradeció a los grupos el esfuerzo y definió el Pacto de Seguridad como «único, histórico y sólido». Habrá que ver si consigue ser sólido, pero los otros dos adjetivos no son muy discutibles. Cuando la inseguridad alteró la calma de la ciudad, Azkuna declaró una famosa guerra unilateral. Aburto ha conseguido en una situación equiparable algo bastante distinto y preferible: que se firme un acuerdo sin exclusiones.

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