Doña Casilda se transforma en una fiesta invernal

Doña Casilda se transforma en una fiesta invernal

Familias y estudiantes convierten el espacio en un improvisado campo de juegos y de deportes blancos

JULIO ARRIETA

La cara más amable y divertida de la nevada que ha colapsado Bizkaia se ha podido ver esta mañana en el Parque de Doña Casilda de Bilbao. Desde primera hora, la céntrica zona verde, hoy blanca, se ha convertido en una improvisada fiesta nival. La suspensión de clases en las universidades y varios colegios ha animado a decenas de estudiantes a lanzarse a la nieve con prácticamente cualquier cosa deslizante a su alcance. En el entorno de la pérgola se podía ver a jóvenes con trineos, tablas de snow board e incluso esquíes, lanzándose por una rampa de saltos improvisada junto a las escaleras que salvan el desnivel hasta el estanque de los patos, que hoy caminaban sobre placas de hielo.

Niños y jóvenesde todas las edades han invadido prácticamente cualquier desnivel del parque, también con trineos, tablas o las socorridas bolsas de plástico. «Nos han avisado esta mañana por email de que habían suspendido las clases de la niña en el cole», explicaba Oihane, una amatxu bilbaína que jugaba con su hija Aiala, de ocho años. «Aunque si no lo hubieran hecho, se habría quedado en casa. Soy autónoma y me he tomado el día libre, porque esto es una pasada», explicaba mientras no quitaba ojo a su pequeña, que se lanzaba en un pequeño trineo de plástico azul por una pendiente bastante concurrida: otra docena de trineos, tablas y artilugios deslizantes de todo tipo bajaban por el mismo desnivel, al pie del Museo de Bellas Artes.

Abajo, varios grupos de niños –y no tan niños– hacían muñecos de nieve. Algún adolescente también se había 'tomado' el día libre: «En mi insti no han suspendido las clases... creo. Es que no he ido, he hecho pira directamente para venir aquí», explicaba un chaval de 15 años. «No me saques foto que me pillan, ¿eh?», sugería antes de entrar al ataque en una pelea de bolas de nieve, de las que el parque era un festival, sobre todo en el entorno de la pérgola y el monumento a doña Casilda.

El parque nevado también ha atraído a decenas de fotógrafos aficionados y, cómo no, a turistas, algunos realmente desconcertados, como un grupo de señoras japonesas que –aclaraban en inglés– «creíamos que en España siempre hacía calor y nunca nevaba». Y por supuesto, no faltaba quien vivía su primera experiencia con la nieve, como un turista caribeño que intentaba explicar su vivencia a alguien a través de su móvil: «cuando la vas a tocar parece suave, pero luego pica. Esta muy fría, pero si te paras un rato parece que quema», trataba de precisar de un modo que recordaba vagamente al relato sobre el hielo de García Márquez en ‘Cien años de soledad’.

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