Femenino plural

La igualdad es un camino lleno de éxitos y fracasos

Femenino plural
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Entre nosotros hay niñas que juegan al fútbol de central y no toleran que en su presencia se dé por hecho que existen deportes que son cosa de hombres. Entre nosotros hay niñas cuyas madres van a asegurarse de que, cuando vuelvan de visita a su país de origen, nadie las mutilará genitalmente obedeciendo a ninguna tradición.

Entre nosotros hay mujeres en las aulas, los juzgados, los despachos, los laboratorios. También en los partidos políticos y los gobiernos. Sin duda, hay quien todavía mira «con extrañeza» cuando se encuentra a una mujer patrullando, conduciendo un autobús de línea o bajando de una ambulancia gritando que dejen paso al médico. Pero no deberíamos olvidar que también hay gente que, ante la misma situación, lo que hace es mirar más bien con alivio.

Lo ideal sería por supuesto que nadie mirase de ningún modo hasta conocer la competencia de cada cual. Pero lo decisivo es que nada de esto va a poder impedir que haya mujeres que sigan llegando hasta donde se lo propongan. A las niñas del primer párrafo no parece probable que vaya a detenerlas mañana un señor poniendo caras. Ya hay más chicas que chicos en la universidad. Y el porcentaje aumenta cuando no se trata de empezar los estudios superiores sino de terminarlos.

Al mismo tiempo, entre nosotros hay diferencias salariales, cuotas que se cubren con manifiesta condescendencia, dificultades para tener hijos y un futuro profesional, un mundo laboral que prestigia la agresividad y en el que los contactos y los tratos se hacen con frecuencia entre copas y risotadas masculinas.

También hay una cantidad de violencia ambiental tan enquistada y escandalosa que llega a pasar desapercibida y que transforma en una especie de inevitable meteorológico que una noche de sábado a cualquier mujer pueda acercársele cualquiera para decirle cualquier cosa. Entre nosotros hay por supuesto mujeres, demasiadas, a las que de todas las cosas posibles les terminan ocurriendo las peores, a veces porque nuestra sociedad no fue capaz de garantizar su seguridad. Los fracasos son enormes; su solución, urgente. Pero los éxitos son más y nos rodean. Entre ellos, que hoy no sea posible escribir una columna sobre las mujeres, así, en general, sin sentirse algo peor que absurdo: condescendiente.

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