La fatalidad une en el trágico accidente de Galdakao los destinos de Mikel y 'Billy'

El camión quedó cruzado en las inmediaciones del hospital y las caravanas duraron toda la mañana. / Luis Calabor

El joven conductor de autobús de 31 años y el chófer del caminón, de 41, fallecieron en una «curva mortal»

JESÚS J. HERNÁNDEZ y LUIS GÓMEZ

La fatalidad unió ayer en el trágico accidente de Galdakao los destinos de Mikel Palacio, un conductor de Bizkaibus de sólo 31 años, residente en el Casco Viejo bilbaíno, y de Raúl Santamaría, de 41, más conocido como 'Billy', camionero residente en la localidad burgalesa de Valle de Mena. Sus vehículos se enzarzaron brutalmente en una curva que los vecinos de Usansolo consideran «mortal» de necesidad. Para ellos lo fue. Murieron en un 'punto negro' de la red viaria vizcaína en el que ha habido ya cuatro fallecidos en cuatro años y que en estos momentos está todavía en obras.

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Mikel Palacio Valderrama (31 años) Conductor de Bizkaibus «Aquel extremo siempre sonriente del Basurto»

Cuentan los amigos de Mikel que era «un chaval muy alegre» y que «caía bien a todo el mundo». Vivía en Somera y, aunque la fiesta del Casco Viejo se colase por su ventana, era más de zapatillas de deporte que de pisar bares. Solía escaparse algún fin de semana a esquiar y, desde chaval, su gran pasión era el fútbol. Galopaba la banda con solvencia desde el colegio y llegó a jugar de extremo en la Sociedad Deportiva Basurto, en la categoría de Preferente, donde deslumbró a los parroquianos por «su rapidez». En la foto de la temporada 2009-10 posa orgulloso con la camiseta verdinegra.

Los amigos destacan de Mikel Palacio «su buen humor», la afición al esquí y su pasión por las motos y el fútbol

Cuando abandonó el fútbol federado, mantuvo las 'pachangas', que le acompañaron en uno de sus primeros trabajos allá por 2008. Le contrató Iberia en el aeropuerto de Loiu para hacer labores de 'handling', es decir, «la carga y descarga de aviones, la gestión de los equipajes y servicios de rampa moviendo aparatos», según relata un excompañero que guarda un «buen recuerdo de él». En septiembre de 2012, decidió dar un giro a su vida. Junto con alguno más del aeropuerto, se había estado formando para ser conductor de autobús y ya en julio de 2010 había aprobado el examen de aptitud para llevar viajeros. Comenzó de eventual en Pesa, cubriendo bajas y vacaciones, cambiando mucho de línea para suplir huecos. «Muy currante, muy buen conductor, siempre dispuesto a echar una mano», recuerda Jon Elordui, presidente del comité de empresa de Bizkaibus. Seguía los pasos de su tío, que también es chófer de bus en la misma empresa.

Mikel tenía 31 años. No estaba casado ni tenía hijos pero su compañera, Olatz, era parte de su familia. Una 'guardia de corps' conformada por sus padres, Mikel y Arantza, los abuelos y su hermano Yeray. Aficionado a las motos, solía llevar un look moderno, con algún pendiente y el pelo corto y arreglado. En las fotos que ayer se enviaban sus amigos aparece sonriente, «como siempre», y con un paisaje montañoso a su espalda. «Un chaval muy normal, lleno de buen humor. Muy buena gente».

Raúl Santamaría (41 años) Conductor del camión El camionero que se hacía cargo de las vacas del suegro

Su cuenta de Facebook, plagada de viñetas divertidas, refleja el carácter de Raúl Santamaría, un camionero natural del Valle de Mena, la comarca burgalesa pegada a Bizkaia. 'Billy', como le llamaba todo el mundo, era un hombre «muy trabajador» al que la sonrisa nunca se le borraba del rostro, por mucho que la vida se le pusiera cuesta arriba. Padre de dos hijos -Luis y Mario- y menor de tres hermanos, el marido de Marta, «la peluquera de la plaza de Villasana», nunca se venía abajo.

Ni siquiera cuando hace unos cuantos años se quedó sin trabajo. Para salir adelante, se hizo cargo del ganado de Villa, su suegro. Anduvo bastante tiempo al cuidado de las vacas, hasta que volvió a emplearse como camionero. «Era lo que más le gustaba», comentaban ayer algunos allegados.

A Raúl Santamaría todos le llamaban 'Billy', hacía amistades allí donde caía y era «un manitas que devolvía vida a lo inservible»

Tras año y medio, hace solo tres meses se incorporó a Transportes San Emeterio. En realidad, cuentan sus amigos, podría haberse empleado donde quisiera, porque, además de «muy currante», era esa clase de hombre que «valía para todo. Nunca estaba de brazos cruzados. Era un manitas. Arreglaba cualquier cosa que la gente tiraba. Devolvía vida a lo inservible. Era un crack», ensalzó ayer Javi Puente, uno de sus mejores amigos.

Anteayer, a última hora de la tarde, habló por última vez con 'Billy'. Para partirse la caja, «porque era muy bromista y positivo», y para comentar sobre un trabajo que tenían pendiente de realizar. «No paraba. Yo conduzco excavadoras y hablamos para concretar qué días podríamos quedar porque quería rellenar de piedra el camino que conduce a su casa». Santamaría era de esos tipos «que caía bien a todo el mundo y hacía amigos donde cayera». Contagiaba ilusión: «Era tan bueno que nunca veía el lado malo de las cosas. Todo le parecía bien y, claro, todo el mundo le quería».

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