«Si no es por la farmacia, sigo dándole a mi hijo leche contaminada»

Priscila, ayer con su hijo en brazos./Jordi Alemany
Priscila, ayer con su hijo en brazos. / Jordi Alemany

La madre del segundo bebé bilbaíno infectado de salmonela por consumir una muestra de la marca Lactalis critica la falta de información de Sanidad

Ainhoa De las Heras
AINHOA DE LAS HERASBilbao

Julen, que ahora tiene seis meses, es el segundo bebé bilbaíno infectado de salmonela agona tras consumir leche Lactalis. También en su caso fue la pediatra la que le entregó a su madre muestras de Damira Pro 1, una fórmula hidrolizada que precisa de receta y que está subvencionada, aunque también adquirieron Damira 2000. «Si no llega a ser por la farmacia, habría seguido dándole leche contaminada a mi hijo», lamenta Priscila. La mujer critica la falta de información por parte del Departamento de Sanidad. «La receta la sella la inspección sanitaria. ¿Cómo es posible que no me informaran de un problema tan grave?», se pregunta. Osakidetza, por su parte, asegura que «el contacto con la madre del bebé se ha llevado a cabo desde el primer momento a través de su pediatra» y que después de la alerta sanitaria, en Euskadi, al igual que en todas las demás comunidades, se retiró toda la leche en mal estado del mercado.

El pequeño nació a comienzos de septiembre. Cuando cumplió seis semanas, ya en octubre, como el crío vomitaba y tenía diarrea, la pediatra del ambulatorio del barrio bilbaíno de Begoña recomendó a la madre que probara con una leche de fórmula especial para intolerantes a la lactosa o a la proteína de la vaca y le entregó una muestra. Se trata de un compuesto fácilmente digerible para el inmaduro sistema digestivo de un recién nacido. El bebé «seguía vomitando y con las cacas líquidas, pero ganaba peso», por lo que, por consejo médico, continuaron con la misma pauta.

Su único alimento

Con ocho semanas, contrajo bronquiolitis y le llevaron a Urgencias de Basurto. Los padres sospechan que para entonces ya estaba contagiado de la bacteria. Tenía fiebre, vómitos y «se ahogaba». Le pusieron una mascarilla y le administraron Ventolín. «Dormía mal, no podía respirar, estaba muy malito, apenas comía. Fue un infierno», recuerda. Al cabo de tres semanas, el pequeño se recuperó y pudieron ponerle una vacuna retrasada porque «estaba todo el rato malo. Salíamos un día a la calle y ya cogía mocos». Ella cree que por la debilidad y la falta de defensas que le provocaba la salmonela. Cuando le aplicaron la vacuna del rotavirus para evitar un tipo grave de gastroenteritis, el pequeño sufrió una mala reacción. Mientras, seguían suministrándole la leche recetada por la pediatra, hasta que el 18 de diciembre, cuando fueron a por otros cuatro botes de Damira, la farmacéutica les advirtió de que ya no la vendían. «Mi primera preocupación fue que no tenía que darle de comer al niño esa noche», confiesa la mujer. «Pero si llega a seguir tomándola dos semanas más... Nadie me avisó y tenían conocimiento de que nos estaban recetando esa leche. Es lo que más me ha dolido», se queja. Diez días antes, el 8 de diciembre, se había lanzado una alerta sanitaria y retirado, primero un lote y luego todas las marcas fabricadas en la planta de Macron, en el noroeste de Francia por un brote de salmonelosis. Priscila leyó en el periódico el caso de Marcos, el único confirmado en España, además de los 37 de Francia, y pensó: «Es lo mismo que le ha pasado a mi hijo». Un día reconoció en el autobús a la madre del pequeño, Paula, y habló con ella. «Fui al médico y le pedí que le hicieran pruebas. A la semana siguiente, me llamó la pediatra con los resultados y me confirmó que había dado positivo de salmonela agona por la leche. ¡Qué iba a ser si era su único alimento!». Ahora, está a la espera de los informes del Instituto Nacional de Microbiología, en Majadahonda, y del Instituto Pasteur y piensa poner su caso en manos de un abogado. Les consuela que, según el último cultivo, Julen ha eliminado la bacteria de su organismo.

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