110 familias vizcaínas cuidan de niños en tutela foral hasta que sus padres puedan hacerse cargo

Aitziber y Sergio se apuntaron al programa de acogida hace un año. Su hijo Oihan está «siempre pendiente» de lo que necesita el bebé./BORJA AGUDO
Aitziber y Sergio se apuntaron al programa de acogida hace un año. Su hijo Oihan está «siempre pendiente» de lo que necesita el bebé. / BORJA AGUDO

La Diputación lanza un llamamiento urgente que pocos atienden: «Es una experiencia enriquecedora y dura, en la que te dejas un pedazo del corazón»

Eider Burgos
EIDER BURGOS

Lorea tiene solo unos meses de vida y unos grandes ojos grises que lo observan todo desde los brazos de 'amatxu' Aitziber. «Por la calle me dicen que se parece a mí». En realidad, ella no es su madre. Tampoco la bebé se llama Lorea, nombre ficticio para salvaguardar su anonimato en este reportaje. Porque se trata de una menor en acogida. Una de los cien que en Bizkaia viven con familias ajenas, ya que las propias no pueden hacerse cargo. Por la situación de gravedad que viven sus padres, Lorea pasará un máximo de seis meses con Aitziber, Sergio y el hijo de ambos, Oihan, que la quiere con locura. «Le explicamos que hay niños que no tienen la misma suerte que él, que sus 'aitas' no les pueden cuidar y necesitan una casa hasta que regresen con ellos. Estuvo todas las navidades esperando a que llegara, hasta le pidió un regalo a Olentzero».

En Bizkaia, 314 niños viven en régimen de acogida. De ellos, 214 lo hacen con parientes cercanos, abuelos o tíos en su mayoría. El resto, en hogares de desconocidos. En el territorio ya son 110 las familias disponibles para recibir a un pequeño y otras 62 se encuentran en proceso de valoración. Estas últimas, resultado de la campaña que el año pasado salpicó el callejero vizcaíno de cunas vacías. '¿De verdad no te cabe una en casa?', preguntaba un gran cartel bajo los lechos.

Una llamativa puesta en escena que obtuvo resultados de récord: 705 personas se pusieron en contacto con el Servicio de Infancia del Departamento de Acción Social para requerir información, de las que 250 acabaron en alguna de las charlas informativas. De estas, solo 62 dieron el paso final para someterse a examen. Cifras récords, sí, pero insuficientes, según la Diputación, que mantiene en centros tutelados a otros 475 chavales.

Un bebé que ni llora

«Allí no reciben lo mismo que en una familia, es más frío. Nosotros les aportamos un desarrollo emocional, aprenden a sonreír, a que les abracen...», valora Luisma que, como Aitziber y Sergio, cuida junto a su esposa María y sus tres hijos de un bebé que requería un acogimiento de urgencia, solo apto para niños de entre 0 y 3 años.

Las cifras del acogimiento familiar en Bizkaia

314
niños están en régimen de acogida en la provincia. 214 viven con abuelos o tíos, y otros cien se alojan con familias ajenas.
475
menores permanecen tutelados por la Diputación de Bizkaia. No todos son susceptibles de ser acogidos.
15
familias en Bizkaia se encuentran a la espera de recibir un niño o en periodo de descanso. 110 ya se hacen cargo de uno.

El que ahora acunan es el cuarto en tres años. «Tuvimos a una niña que no reaccionaba a nada. Se quedaba tumbada, totalmente quieta, ni siquiera pedía comida», recuerda con un tono triste. «Poco a poco aprendió que si lloraba, le hacían caso; aprendió a reírse, a jugar. Saber que les has ayudado de esa forma... Es un proceso muy enriquecedor, pero también muy duro. Te dejas un pedazo de corazón con cada uno». Porque una cosa debe quedar clara: el acogimiento no es una vía para la adopción, sino una medida temporal hasta que mejore la situación de los padres biológicos o al niño se le asigne otra solución a largo plazo.

El «duelo» de la despedida

Los aspirantes a acoger a un niño han de pasar previamente por un minucioso periodo de formación y valoración psicológica. Un proceso en el que también se les advierte: cuando el niño se vaya, llegará el duelo. «Te avisan de que será difícil, pero nunca estás listo», asegura Luisma. «La primera vez, nos juntamos en el salón, le dimos el 'bibe' a la niña y recordamos los mejores momentos que habíamos vivido con ella. Acabamos llorando todos, pero lo recordamos como algo muy bonito. Sufrimos, pero juntos». ¿Y cuando marche el que cuidan ahora? «Esta vez nos daremos más tiempo de descanso», señala María. «Necesitas tiempo para recomponerte».

«Esto no es una campaña puntual. Las familias de acogida son una necesidad constante» Ines Isasi. Apoyo al Acogimiento Familiar

La recepción tampoco es sencilla. Un torbellino de sensaciones en los que se entremezclan los nervios, la emoción y mucha alegría. «Cuando nos avisaron de que nos traían a la niña, dijeron que iban a tardar solo diez minutos, ¡pues a mí se me hizo como un año!», recuerda Aitziber.

- ¿Tenían miedo?

- Sí. Primero, durante el proceso de valoración, temes que te digan que no vales. Después de haberle dedicado tanto tiempo, de haberte hecho ilusiones... Te examinan tanto que te da miedo no dar el perfil.

- ¿Y cuando llegó el bebé?

- Ahí es el miedo a qué tendrá. Nos han hablado de niños que llegan con síndrome de abstinencia, una tortura. Durante la formación escuchas casos que te ponen los pelos de punta.

-¿Cómo fue el día que conocieron a Lorea?

- Muy emocionante, porque no sabes nada del menor hasta que llega: ni el sexo, ni su edad... Solo supimos su nombre cuando nos llamaron para decirnos que venía.

Este sufrimiento, que para los aitas de acogida merece tanto la pena, resulta incomprensible para la mayoría. «Siempre te lanzan el mismo comentario: '¡Qué necesidad!'», se queja Aitziber. «Te dicen que estás loca, que si quieres otro hijo, por qué simplemente no lo tienes, o que qué vas a hacer cuando te lo quiten. ¡Cuando me lo quiten, si no es mío! Irá a donde tenga que ir».

«Cuando el bebé se va de casa, pasas un duelo. Te avisan de que será difícil, pero nunca estás listo» Luisma. Ha acogido a cuatro menores

«Te preguntan qué vas a hacer cuando te quiten al niño. ¡Si no es mío! Irá a donde tenga que ir» Aitziber. Acoge por primera vez a un bebé

«Nosotros solo se lo contamos a nuestros hijos», compara Luisma. «Para ellos es un cambio muy importante, porque pasan a compartirlo todo: a sus padres, sus cosas, su tiempo... Además, son los primeros que tienen que comprender que se trata de algo temporal».

- ¿Qué contestaron?

- Siempre lo han entendido. Pensábamos que esto iba a ser una cosa nuestra y que ellos iban a ir a lo suyo, pero qué va. Se implicaron desde el primer día: les bañan, cambian pañales... Llegan a casa y a ti ni te saludan, pero van directos a darles un beso al bebé (ríe). Para ellos también es un ejercicio para aprender solidaridad e implicación.

«A la gente tampoco le contamos mucho», añade María. «A veces, solo quieren saber la parte más morbosa: qué ha pasado con los padres biológicos».

«Hace mucha falta»

Lo cierto es que ni ellos mismos lo saben. En los casos de acogimientos de urgencia, los padres biológicos y los de acogida permanecen como completos desconocidos. Del mismo modo, rompen lazos cuando el niño acogido abandona el hogar. Suena doloroso, pero «pasan los días y te das cuenta de todo lo bueno que has hecho por esa criatura», sopesa Luisma. «Y que hace mucha falta».

«Todos dicen que te admiran, que ellos también lo harían, pero reculan cuando les ofreces el contacto», señala Aitziber. «Yo les pido que se animen a preguntar, al menos. Nosotros somos gente normal y hemos podido hacerlo, que no se queden en que no valen». Eso sí, advierte, «sabiendo la gran implicación esto conlleva».

Los interesados están a una llamada de intentarlo a través del teléfono 944470737.

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