475 familias rotas recurren a los tres puntos de encuentro de Bizkaia para ver a sus hijos

El coordinador Jon Goikoetxea, con la consejera María Jesús San José, segunda por la derecha./YVONNE FERNÁNDEZ
El coordinador Jon Goikoetxea, con la consejera María Jesús San José, segunda por la derecha. / YVONNE FERNÁNDEZ

El Gobierno vasco destina 500.000 euros a unas instalaciones de 400 metros cuadrados en Santutxu que dan el relevo al centro de Uribarri

Jesús J. Hernández
JESÚS J. HERNÁNDEZ

«Todas las familias dichosas se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera», decía Tolstoi en ‘Ana Karenina’. Hay una historia distinta detrás de cada una de las 475 familias rotas que el año pasado recurrieron a un punto de encuentro en Bizkaia. La mayoría (318) pasaron por Uribarri, aunque también hay centros en Portugalete y Barakaldo. 400 menores y 640 adultos se citaron en «una zona neutra» al abrigo de los divorcios más conflictivos. «Aquí se llega siempre por decisión de un juez», explica Patxi López Cabello, responsable del servicio de justicia juvenil y puntos de encuentro familiar del Gobierno vasco. Dirige estos días la mudanza a la calle Sagarminaga 8, en Santutxu, donde van a inaugurar unas instalaciones de 400 metros cuadrados que darán el relevo a Uribarri tras 15 años.

El salto supone una inversión de medio millón de euros, que asume el Departamento de Trabajo y Justicia, para ofrecer «grandes mejoras» a los usuarios, según Jon Goikoetxea, coordinador de Bizgarri, la asociación que gestiona el centro actual. «Podremos monitorizar visitas, hay accesos dobles para evitar el contacto entre las partes, no tendremos que compartir espacios y dispondremos de cámaras de Gesell». Con ese término se refiere a habitaciones donde un juego de espejos permite ver desde la sala menos iluminada la contigua. Una fórmula discreta que mantiene la seguridad sin renunciar a cierta dosis de privacidad. «Sólo intervenimos cuando se traspasa algún límite, como criticar a la pareja», relata la educadora Nora de los Ríos. «Nos tocan las historias de estos chavales. Tomas distancia, como en otros trabajos, pero cuesta».

101 órdenes de alejamiento. En cuatro de cada diez familias que pasan por aquí ha habido episodios de violencia machista

Aquí hay tres tipos de actuaciones. Intercambios -cuando un progenitor deja allí a un hijo para que el otro lo recoja-, visitas supervisadas -cuando un educador está presente- y visitas tuteladas sin supervisión -cuando se les brinda un espacio con la condición de atenerse a unas normas mínimas-. ¿Quiénes llegan aquí? La mayoría son pequeños y mayores bandeados por separaciones muy conflictivas y divorcios estruendosos. En cuatro de cada diez casos, con violencia machista de por medio. De los varones que pasan actualmente por Uribarri, 101 tienen una orden de alejamiento.

«No vengas al centro, el padre no ha llegado aún»

El protocolo para evitar contactos entre víctima y agresor con hijos en común es muy estricto. Ellos llegan media hora antes al punto de encuentro y sólo cuando ya están en el interior, en una zona incomunicada, acceden ellas. Así se evitan posibles encuentros. «Si vemos que la persona que tiene una orden de alejamiento se retrasa y puede coincidir con su expareja, le llamamos inmediatamente a ella para que no se acerque hasta nuevo aviso», explica López Cabello.

La doble entrada evita el contacto visual. «En Santutxu ahora dispondremos de dos bloques diferenciados muy cercanos que serán muy útiles, lugares completamente estancos». También servirá para poder aislar determinadas actuaciones, las más complicadas, y evitar que enrarezcan el ambiente.

En los puntos de encuentro intentan que la necesaria asepsia no derive en deshumanización. Lo óptimo sería que este recurso fuera «transitorio». Un año o dos, a lo sumo. Pero hay hogares donde las necesidades de acompañamiento se alargan mucho más. Ellos mismos tienden puentes para que varios niños jueguen juntos, como si este fuera la plaza del barrio o un parque protegido de la lluvia.

Los técnicos anotan en un cuestionario con 51 preguntas la evolución de estas relaciones paternofiliales, una opinión que el juzgado tendrá en cuenta. Sólo entran en acción si observan un riesgo que el progenitor pasa por alto, como que el niño «quiera jugar a fútbol tirándose desde encima de una mesa». Insisten en que los incidentes graves, que requieran de la asistencia de sanitarios o policías, «son anecdóticos».

Calculan que a lo largo de 2016 hubo unas diez ocasiones en que la tensión se elevó demasiado. 800 familias vascas se citan aquí. Los mayores de 14 años son sólo el 10%. «Ellos mismos se cansan de venir todos los sábados y exigen el cambio a sus padres». Están dejando de ser niños y empiezan a ver estas paredes como un lugar muy diferente a un salón donde jugar.

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