Casco y calculadora

El Ayuntamiento de Bilbao aprueba sus presupuestos

Imagen del pleno del Ayuntamiento./LUIS ÁNGEL GÓMEZ
Imagen del pleno del Ayuntamiento. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

La vida municipal es peligrosa. Ayer no habían dado las diez de la mañana y yo pensaba que la última vez que estuve en Londres me alojé en la habitación de un hotel de Bayswater que no tenía encanto y sí un «baño compacto externo» que estaba en el pasillo y era privado, estrecho y acogedor como un ataúd. 150 napos la noche. También pensaba, tan temprano, que España es un país avanzado. Sé que sin Chiquito nada será igual, pero ahí está, no sé, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. O la Fundación March. O Pedro Duque, joder, que es cosmonauta.

Lo que hacía yo ayer a esas horas tan tempranas no era enloquecer, sino contestar mentalmente, que es un proceso involuntario y automático, como respirar. Es que la oposición salió al debate de presupuestos como salía Tyson al Garden. A por el KO. Carmen Muñoz, de Udalberri, anunció que ella no iba a hablar del presupuesto con «cuantitativismo» y soltó de repente que las cuatro personas que el Ayuntamiento envió a Londres para lo de la ciudad europea del año durmieron en un hotel «de 300 euros la noche». Como dando por hecho que después de aquello el gobierno caería en horas, remató: «Espero que con desayuno incluido».

A continuación, en su primera intervención, Aitziber Ibaibarriaga, de Bildu, le exigió a la concejal de Hacienda «por favor» que no le comparase los datos económicos de Bilbao con los de España, sino con los de «países avanzados». Todo apuntaba a que, para seguir el debate presupuestario, no haría falta una calculadora, sino un casco. Luis Eguiluz, del PP, le dijo al alcalde que resulta «fatal» y «crítico» de cara a los inversores que participe con Bildu en «manifestaciones de apoyo al procés que, en realidad, son expresiones de rechazo a la legalidad y el Estado de derecho».

Fue entonces cuando levante la nariz como un sumiller. ¿Hueles eso, muchacho? Política general revuelta con toques de desastre y notas muy ácidas de pomelo y segunda mitad de mandato. PNV y PSE sacaron adelante sus cuentas con la oposición de toda la oposición, también la del PP, que se sumó esta vez al club de las enmiendas a la totalidad. Luego el equipo de gobierno aceptó las tradicionales enmiendas de consolación. Las de Udalberri y Goazen por valor de 100.000 euros. Las de Bildu y PP, por 250.000. No fue simetría, fue solo castigo.

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