La estación de Abando conservará su enorme cubierta con la llegada del TAV

La gran marquesina que cubre la estación de Abando fue levantada en los años cuarenta sobre una planta de 192 metros de largo por 45 de ancho. /FOTOS: FERNANDO GÓMEZ
La gran marquesina que cubre la estación de Abando fue levantada en los años cuarenta sobre una planta de 192 metros de largo por 45 de ancho. / FOTOS: FERNANDO GÓMEZ

El primer estudio urbanístico respeta el característico hangar de la terminal frente a la opción de cortar parte para unir San Francisco y el centro

José Mari Reviriego
JOSÉ MARI REVIRIEGO

La estación de Abando se prepara para engancharse al futuro. La llegada soterrada del Tren de Alta Velocidad va a desencadenar un cambio de largo recorrido en la histórica terminal de Bilbao y en su entorno. La operación del TAV –se estima que las primeras unidades estacionen en el año 2023– contempla la eliminación de la trinchera ferroviaria y la construcción de una nueva intermodal subterránea que compartirá con las líneas de cercanías. Un ‘obrón’ que incluye la urbanización de la explanada que cubra esa playa de vías, aunque aún falta por definir cuántas viviendas, equipamientos y parques se ejecutarán allí arriba.

El primer examen de esas alternativas, adjudicado por el Ayuntamiento bilbaíno al estudio de arquitectura G&C, con sede en Loiu, concluye con una importante revelación: la conservación en su integridad de la cubierta de la estación, un hangar de inmensas proporciones que confiere una personalidad propia al recinto. El dilema entre mantenerlo o someterlo a cambios había suscitado debate en la ciudad, después de que los técnicos plantearan la posibilidad de cortar una parte para unir con mayor facilidad las calles Bailén, en San Francisco, y Padre Lojendio, en El Ensanche.

El Ayuntamiento utilizará el estudio como base para pactar con Fomento el espacio destinado a pisos, parques y equipamientos

De momento, el proyecto preserva la gran marquesina, según ha podido saber este periódico de fuentes conocedoras del diseño. Esta era la opción preferida por los defensores del patrimonio industrial, inquietos cada vez que una obra de envergadura afecta a un edificio o una infraestructura con algo que decir sobre la historia de Bilbao.

La estación subterránea de Abando tendrá dos niveles, de ocho vías cada uno. El TAV llegará a la segunda planta, mientras que las líneas de Cercanías de Renfe y Feve lo harán en la primera. El Tren de Alta Velocidad se estrenará en 2023, aunque habrá que esperar a 2027, cuando la terminal esté hecha del todo, para urbanizar la ‘tapa’.

Y el tajo que se avecina en Abando es de los grandes. Además de poner fin a la trinchera de vías que separa el centro y Bilbao la Vieja, el soterramiento de la estación permitirá liberar 107.000 metros cuadrados para que Bilbao siga creciendo. El primer estudio adjudicado para ordenar todo el ámbito contempla mejorar las conexiones peatonales entre ambas zonas y sentar la bases de su urbanismo. La venta de viviendas es clave para la obtención de plusvalías con las que sufragar la nueva terminal, cuyo coste asciende a 350 millones, según las previsiones confirmadas por el ministro de Fomento, Íñigo de la Serna. La operación cuenta con la implicación del Gobierno vasco y del Ayuntamiento bilbaíno.

Plusvalías por viviendas

En un primer cotejo, la concejalía de Planificación Urbana estima la posibilidad de construir entre 887 y 1.370 viviendas, lo que generaría ingresos por valor de 105 a 157 millones. Esta aproximación sirve de base para el desarrollo del proyecto, guardado con celo por los responsables municipales hasta que determinen con Fomento los nuevos usos en los terrenos ganados a las vías.

La marquesina que cubre la estación, levantada sobre una planta de 192x45 metros, es el elemento más singular de la terminal, junto a su vidriera interior. Pero no siempre fue así. El servicio ferroviario se ha prestado en el mismo sitio desde su inauguración en 1865, pero ha ido cambiando de cara para adaptarse a los tiempos. Arrancó con conexiones a Orduña y Tudela, dentro de un edificio de estilo inglés, y sufrió una remodelación total en 1948 después de tres intentos fallidos de reforma. El diseño actual, obra del arquitecto Alfonso Fungairiño, presenta dos zonas:el bloque de acceso de los viajeros, de líneas clásicas y granito en los basamentos, y la bóveda que protege los andenes, construida sobre doce arcos metálicos separados dieciséis metros entre sí. El hangar ha sido la solución más utilizada para cubrir algunas de las estaciones más emblemáticas de Europa, como la de Atocha de Madrid, St. Pancras de Londres, Termini de Roma y la Central de Amberes.

La estación del Norte cobró así su forma actual, aunque las inundaciones de 1983 obligaron a mejorar sus accesos. Fue rebautizada en 2006 como Intermodal Indalecio Prieto por decisión del Ministerio de Fomento que lideraba Magdalena Álvarez en recuerdo al histórico concejal socialista en Bilbao y ministro de la República. La terminal de Abando mueve 9 millones de pasajeros al año en sus líneas de cercanías y otros 200.000 en sus trenes de largo recorrido. Un volumen de usuarios que se verá notablemente incrementado con la llegada del TAV.

El futuro comercial

La cubierta se conserva íntegramente, al menos en esta primera fase. Otra cosa es la función que pueda tener la estación actual en el futuro. Se ha especulado con ampliar la superficie comercial y de exposiciones, ya presente desde 1996 gracias al centro Vialia, e incluso con utilizar el espacio para una eventual extensión del Museo de Bellas Artes, a propuesta de algunos partidos.

A día de hoy no hay nada definido, más allá de mantener la marquesina a salvo de la sierra. Esta era una cuestión delicada, teniendo en cuenta algunos precedentes en Bilbao como el depósito franco. El edificio de Uribitarte, que estaba casi en ruinas, apenas conserva unos trozos de fachada tras ser demolido para la edificación de las torres de Isozaki.

La propia Asociación Vasca de Patrimonio Industrial ha cuestionado el desmantelamiento de la vieja Termibus de autobuses, obra del arquitecto británico Nicholas Grimshaw –premio Mies van der Rohe por la estación ferroviaria de Waterloo en Londres–, pese a que existía un convencimiento general de que esos tinglados eran poca cosa.

Una joya de los artistas vidrieros de 301 paneles

La cristalera de la estación de Abando, el mosaico de este material más grande de Bizkaia, es una joya fabricada por la Unión de Artistas Vidrieros de Irún, diseñada con bocetos de Gaspar Montes Iturrioz en 1948, el año de apertura de la actual terminal. Compuesta por 301 paneles que suman más de 250 metros cuadrados, la vidriera retrata escenas tradicionales vascas, relacionadas con la industria, la agricultura, el deporte o la pesca. Se puede ver la ría junto al puente de San Antón y la Basílica de Begoña. En 1983, con motivo del Mundial de fútbol, se reparó y retiró un símbolo franquista. En 2006, se restauró de forma meticulosa para recuperar su rico cromatismo con un gasto de 352.809 euros.

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