Sara de Maintenant. Arquitecta en Panamá

«Escuchar palabras en euskera sienta bien cuando estás lejos»

Sara de Maintenant, con el casco antiguo de Panamá al fondo. / E.C.

Esta joven bilbaína desarrolla desdehace año y medio proyectos de gran envergadura en Latinoamérica

LEIRE FERNÁNDEZ

Sara de Maintenant nació en Bilbao hace 25 años y desde siempre tuvo claro que lo suyo era el arte y la construcción por lo que se decidió a estudiar Arquitectura en una época en la que no era precisamente la carrera con mejor salida profesional. «En los últimos años en la universidad supe que quería volar al extranjero a desarrollarme profesionalmente, habiendo conocido de primera mano el ambiente pesimista que rodeaba a mi profesión en España. Me seducía Latinoamérica, y de alguna forma las circunstancias se dieron para que mi destino fuera Panamá, mediante una beca Global Training del Gobierno vasco», explica.

Antes de llegar al país del Canal, pasó dos meses en Qatar de la mano de un estudio de arquitectura navarro, lo que le sirvió para eliminar prejuicios. «Fue una experiencia extremadamente enriquecedora, profesional y personalmente. Conocer la realidad de un país como Qatar de primera mano y la cultura que lo envuelve, siendo mujer... No hay nada como viajar y vivir cada cosa en su contexto para acabar con cualquier tipo de prejuicio sobre una manera de vivir que hasta ese momento para mí era desconocida. A día de hoy, puedo decir que ha sido una de las experiencias que más me ha marcado en mi vida, junto a la que estoy viviendo ahora», ratifica la joven.

Tras su paso por Qatar llegó a Panamá para desarrollar un proyecto durante seis meses, pero le supo «a poco» y buscó trabajo para quedarse en el país una vez concluyera su beca. «Me entrevisté con una ingeniería catalana y con ellos trabajo desde entonces, desarrollando proyectos de gran envergadura. Actualmente, estoy inmersa en el más grande, una instalación de 220.000 metros cuadrados de centro comercial, hotel, hospital y oficinas. Tengo mucha libertad para desempeñar mi profesión y me siento arropada. Ni siquiera importa que solo tenga 25 años. Es maravilloso ver que se te va reconociendo en el mercado profesional», destaca Sara.

Países muy diferentes

En cuanto a su día a día, está marcado por unas jornadas laborales muy largas en las que combina trabajo de oficina con labores a pie de obra; y durante su tiempo libre disfruta del deporte y de los amigos. «Los fines de semana son de lo más variado. Panamá es un país maravilloso y tiene una oferta natural como pocos países en el mundo. Es increíble porque puedes visitar playas espectaculares que antes solo veías en postales». Para Sara, Panamá es muy diferente a Euskadi. «Su cultura y su forma de vivir son muy distintas. Sobre todo se diferencia en la informalidad. En el País Vasco somos más formales, aunque es un arma de doble filo, porque aquí te puedes tomar un café con el alcalde sin problemas, pero a veces desespera. Si yo digo que mañana hago entrega de un lote de planos, lo hago, pero aquí no ocurre así».

«Quien ha pasado por esto lo entiende»

En el año y medio que lleva viviendo en Panamá, Sara ha regresado una vez a su casa en Euskadi y este verano vuelve por segunda vez. «La primera vez que volví tuve una sensación muy extraña. Cuando comencé a ver las montañas del País Vasco desde la ventana del avión, se me saltaron las lágrimas. Pero aquí era como si ya no encajara. En el extranjero vives muy intensamente y evolucionas demasiado rápido y cuando vuelves sientes que no ha pasado el tiempo, todo sigue igual. Comercios nuevos, algún que otro cambio en la ciudad, pero nada más. Solo lo entenderá quien haya pasado por ello».

Aunque se adaptó rápido al país, Sara echa de menos a su gente y su tierra. «Me siento muy afortunada de haber nacido en Euskadi. Ahora mismo no puede ofrecerme lo que yo necesito y por eso estoy fuera, pero no me olvido de donde vengo». Por ello, no es de extrañar que los «muchísimos» vascos que residen en Panamá se busquen entre ellos. «Es curioso, pero nos acabamos juntando inevitablemente. Te sientes más cerca de casa y escuchar de vez en cuando palabras en euskera sienta muy bien cuando estás tan lejos», reconoce.

Ante la pregunta del regreso definitivo, Sara se muestra dubitativa. «Supongo que sí, a no ser que una fuerza mayor me ate a cualquier otro lugar, pero no va a ser pronto. Volver tampoco es fácil, porque sin darte cuenta vas haciendo un proyecto de vida en el extranjero, y cuestiones como ir comprando muebles para el apartamento generan angustia, porque tienes un pie en cada sitio. Se vuelve complicado renunciar a lo que te ofrece el país de acogida. Ya no eres la misma persona, no verás el mundo de la misma manera y tu experiencia deja tatuajes imborrables en tu personalidad».

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