Los escolares vencen al frío y celebran el carnaval en la Plaza Nueva

Los peques han entrado en calor con un buen chocolate en la Plaza Nueva./Ignacio Pérez
Los peques han entrado en calor con un buen chocolate en la Plaza Nueva. / Ignacio Pérez

La carpa ha acogido una chocolatada y una fiesta musical en la que cientos de peques han bailado disfrazados

J. A.

El mal tiempo no ha podido con el carnaval infantil de Bilbao. Las malas previsiones y la prudencia habían obligado a suspender el desfile infantil previsto que iba a partir esta mañana desde Jardines de Albia hacia la Plaza Nueva. Pero la chocolatada y la ‘disko festa’ posterior se han celebrado. Y muy bien, porque cientos de escolares disfrazados han llenado la carpa, han entrado en calor con un buen cacao y se han puesto a bailar como si no hubiera un mañana.

El primer grupo en llegar venía de la cercana Mujika Eskola, en la calle Santa María, centro público que este año celebra su centenario. «Los más txikis - de dos y tres años- se han quedado en la escuela por el frío», explicaba Patri, madre de June, que se ha quedado de fiesta en clase, y David, de 6 años, que sí que estaba en la carpa, disfrazado de Miel Otxin, personaje de los carnavales de Lanz, como todos sus compañeros. «El tema escogido de este año han sido los carnavales tradicionales». Cerca, un grupo de alumnas vestían de Joaldunak, aunque con los cencerros hechos con cartones de leche pintados.

De Artxandape ikastola han llegado poco después dos centenares de peques, con disfraces temáticos distribuidos por cursos: «Los de tercero, vienen de China; cuarto cultura amerindia; quinto se ha dedicado a los carnavales tradicionales; y en sexto van de Edad Media», detallaba una irakasle, que iba de oriental. «Ni hao», se ha despedido. La carpa se ha llenado así de brujas – «sorginak eta laminak, lamin gaiztoak gara», proclamaba una– atorrak de Mundaka, caballeros, princesas y algún templario muy metido en el papel, porque ha invitado al reportero, que por pura casualidad lleva hoy el emblema de los caballeros teutónicos, a «ir a las cruzadas» con épico entusiasmo. Y también había un ninja. Y un Ragnar Lothbrok tampoco podía faltar, claro. Pieles y ojos pintados. Efectos del éxito de la serie ‘Vikingos’. Por su parte, el colegio García Rivero ha aportado su propio centenar de aliens. No los de dar miedo, como el de la película de Ridley Scott, si no los de la ciencia ficción camp de los 60, con hombreras, antenas, rasgos verdes y atuendos de papel de aluminio.

La música ha puesto a bailar a todo este universo de peques saltarines, en el mismo lugar que esta tarde, a partir de las 19.30, acogerá el juico de Farolín y Zarambolas.

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