Edificios de firma, complejas soluciones

El estuco del antiguo Hotel Meliá, diseñado por Legorreta, se caía a pedazos./JORDI ALEMANY
El estuco del antiguo Hotel Meliá, diseñado por Legorreta, se caía a pedazos. / JORDI ALEMANY

Obras de estrellas mundiales de la arquitectura han generado graves problemas por defectos de diseño, ejecución y mantenimiento

Luis Gómez
LUIS GÓMEZ

Bilbao es una ciudad a la que le gusta confiar la firma de algunos de sus edificios emblemático a figuras del diseño y de la arquitectura mundial. El Guggenheim y el metro llevan la impronta de dos grandes tótem, Frank Gehry y Norman Foster, respectivamente, y son objeto de orgullo, pero no siempre los resultados han sido los deseados o han estado a la altura de las expectativas. Ya sea por problemas derivados de defectos de diseño, ejecución o mantenimiento.

El puente de Calatrava, más conocido como la pasarela Zubi-zuri, ha traído de cabeza al Ayuntamiento -que terminó litigando con el arquitecto valenciano-, y a cientos de personas que han dado con sus huesos en el suelo por culpa de unas losetas que en los meses más fríos parecían una pista de patinaje. Solo siete meses después de su inauguración, el 29 de mayo de 1997, el Consistorio detectó la aparición de fisuras en los estribos de hormigón. Sin acabar ese año, no le quedó más alternativa que cubrir de sal la pasarela, ya que el cristal del pavimento favorecía la formación de placas de hielo. En marzo de 1998, un informe reveló que el puente presentaba «inexplicables fallos constructivos» tras constatar que los vidrios se quebraban. Fuera de Bilbao, Calatrava también ha dejado su sello en 'La Paloma'. El aeropuerto de Loiu tuvo que cambiar todas las chapas de metal de su tejado para erradicar las goteras. Se calcula que Aena ha destinado 40 millones de euros a solventar problemas relacionados con deficiencias del proyecto de la terminal.

Se caía a pedazos

Los fallos afectan a proyectos públicos y privados. El arquitecto mexicano Ricardo Legorreta y el aparejador del Hotel Melià -Sheraton en su origen- fueron condenados por los desprendimientos en la fachada del establecimiento. El juzgado de Primera Instancia número 1 de Bilbao censuró la elección del material empleado, desaconsejable para la «climatología de la ciudad», y la técnica del estucado para un inmueble que exigió un desembolso de 36 millones. Los problemas, tanto en la estructura exterior como en el interior del hotel, se detectaron rápidamente. Los ronchones en la fachada, que se fue cayendo a pedazos, marcaron el paso de Legorreta por Bilbao.

La fachada del Bizkaia empezó a desprenderse en 2015.
La fachada del Bizkaia empezó a desprenderse en 2015. / I. ANDRÉS

El puente de Calatrava, un peligro para los viandantes.
El puente de Calatrava, un peligro para los viandantes. / F. GÓMEZ

El frontón Bizkaia de Miribilla representa el último gran fiasco. La Diputación demandó a las constructoras que participaron en la instalación deportiva por el desplome de su fachada, que empezó a dar síntomas de agotamiento en diciembre de 2015, solo cuatro años después de su inauguración. La Administración foral buscó una «solución amistosa» con las constructoras y las compañías aseguradoras, pero Unai Rementeria terminó recurriendo a los tribunales. El templo de la pelota más grande de Euskadi arrancó con la contaminación de los terrenos elegidos para su emplazamiento y con una segunda adjudicación que disparó el coste de la construcción: 24 millones, seis más de los previstos.

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