El Correo

Los 75 años de una empresa vizcaína que no pierde los papeles

El equipo de Papelera del Nervión, ahora radicada en Mungia.
El equipo de Papelera del Nervión, ahora radicada en Mungia. / Fernando Gómez
  • Papelera del Nervión cumple sus bodas de platino con el reto de crecer y saltar al exterior, tras haberse convertido en un referente nacional en el embalaje técnico de uso industrial

En 1942, en la por entonces recientemente rebautizada Avenida José Antonio de Bilbao, Ciriaco Aberasturi encendía por primera vez las luces de su almacén de papel kraf, el clásico de color marrón para embalar. En aquellos años de postguerra, junto a la caja registradora de todos los comercios había una bobina de papel, así que no le hizo falta una gran industria que atender para sacar el negocio adelante. Aun así, Aberasturi supo prestar especial atención a las necesidades de aquellos pequeños talleres, sobre todo siderúrgicos, que poco a poco se rehacían y que acabaron marcando el rumbo de lo que hoy, 75 años después, es Papelera del Nervión, uno de los principales proveedores españoles de embalajes técnicos para la industria. La celebración de la efeméride tendrá lugar mañana.

En los setenta, con una clientela creciente, Aberasturi trasladó el almacén a la calle Artasamina y dio entrada a José Manuel Arzoz, padre del actual gerente. Llegaba a tiempo para ayudar al fundador a afrontar el gran cambio que se impondría la década siguiente. «Hasta ese momento en los comercios todo se embalaba con papel y en las fábricas se utilizaba cartón y, si hacía falta, mantas. Pero en ese momento en las tiendas empezaron a popularizarse las bolsas de plástico, y el plástico de burbujas y las espumas en los talleres. Era un cambio que nos podía haber dejado fuera del mercado porque, además, coincidió con un período de crisis para la industria siderúrgica a la que el almacén atendía», explica Mikel Arzoz, actual responsable de la firma.

Había que reinventarse, especializarse en los embalajes técnicos que la industria siderúrgica que sobreviviera a la debacle iba a necesitar. La firma se trasladó entonces a la Ribera de Deusto, donde instala sus primeras máquinas, dedicadas a la transformación de rafia y papeles para masking (el que se emplea en decoración y automoción para no manchar) y, por otro lado, a la preparación de embalajes tricapa –papel y plástico unidos por una malla interior–. Todo un salto que la compañía logra dar sin perder los papeles.

«El nuestro es un mercado de nicho, que ha quedado desatendido por otros fabricantes que han preferido especializarse en productos de más volumen», explica Arzoz, quien subraya que, «precisamente, eso es lo que busca la empresa: nichos pequeños con capacidad de aportar valor añadido en los que, aunque estemos hablando de un material que después se tira, que no puede disparar los costes del cliente, también pueda ofrecer algo diferenciador». Es el caso de los embalajes antioxidantes, que evitan la corrosión de las piezas que protegen; o del material para masking, que constituyen las grandes línea de negocio de Papelera del Nervión; o de la en apariencia insignificante rafia, protagonista de uno de sus logros.

Cuando, en plena gestación de Arcelor, representantes de Aceralia, Arbed y Usinor se reunían para unificar procesos, se planteó la necesidad de emplear en el embalaje de algunas de las piezas un material no sólo reutilizable, sino reciclable. Papelera del Nervión ya era proveedora habitual de Aceralia y fue su sugerencia la que terminó cruzando la frontera; el recién nacido gigante europeo del acero introdujo la rafia en sus plantas por una propuesta llegada de los viejos altos hornos de Bizkaia.

En 2007, la Papelera, como aún se conoce su planta de Deusto reconvertida en centro cultural, se queda pequeña y la empresa se traslada a Mungia. Muchas expectativas, pero un mal momento. «Llegó otra crisis. En 2009 en España no se produjo acero durante un mes. El sector ha dado muchos bandazos y nos ha venido muy bien tener aprendido de los ochenta que debíamos estar diversificados y contar con productos consumidos por otros sectores, como embalajes flexibles o materiales para artes gráficas».

Ahora que todo parece más asentado, la empresa prepara su salto al exterior. «En cuatro o cinco años queremos estar entre los tres primeros proveedores de embalaje flexible para la industria siderúrgica europea». También se plantean ser líderes españoles en embalajes anticorrosión, «que tienen más mercado porque es un producto dirigido a piezas que se realizan en fábricas y talleres que trabajan para sectores exigentes en los que un único arañazo o muestra de oxidación puede echar para atrás toda una remesa». Y, por otro lado, «intentaremos empezar a vender papel de enmascaramiento en el norte de África y Oriente Medio, donde empieza a tener peso la automoción. ¿Ambicioso? Puede ser, pero no conoces a mi equipo».

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