El Correo

Mario Fernández: «Siempre se ha ayudado a encontrar trabajo a los altos cargos de Interior»

Mikel Cabieces, Rafael Alcorta y Mario Fernández este martes durante el juicio.
Mikel Cabieces, Rafael Alcorta y Mario Fernández este martes durante el juicio. / Ignacio Pérez
  • El expresidente de Kutxabank asegura en el juicio que contrató a Mikel Cabieces porque le parecía «justo»

En el inicio de la vista oral por el 'caso Kutxabank', el expresidente del banco, Mario Fernández, ha confirmado que accedió a contratar al exdelegado del Gobierno central en Euskadi, Mikel Cabieces, porque «siempre se ha ayudado a encontrar trabajo a las personas que han ocupado cargos relevantes y de primera línea en la lucha antiterrorista, como delegados del Gobierno, gobernadores civiles y consejeros de Interior», en una referencia directa a quienes han ostentado esta responsabilidad en el Ejecutivo vasco.

La entidad financiera presentó una denuncia ante la Fiscalía al entender que Cabieces había cobrado durante tres años del banco una cantidad mensual en torno a los 5.700 euros, pese a que, estimaban, no había desempeñado trabajo alguno.

Mario Fernández, acusado junto a Cabieces y el abogado Rafael Alcorta de haber cometido un presunto delito de administración desleal -o alternativamente de apropiación indebida- por este asunto, ha reiterado que recibió la llamada de tres altos cargos políticos -ha insinuado que pertenecían a los partidos PP y PSOE- para que ayudase en la vuelta de Cabieces a la actividad laboral. Ha apuntado que, sin dudarlo, se mostró dispuesto a ello porque lo «consideraba justo» al sentirse «interpelado por el terrorismo». Y ello, ha matizado, «porque desde octubre de 1997 hasta enero de 2012 he llevado escolta». El expresidente de la entidad ha añadido que dio instrucciones al departamento de recursos humanos para que buscase alguna opción «sin que entrase en la plantilla del banco, durante un periodo cerrado y para que se reciclase y Cabieces volviese a trabajar como abogado laboralista». Una profesión que Cabieces había ejercido hasta que entró en la política, para ser alcalde de la localidad vizcaína de Portugalete. Ha asegurado a la sala que «jamás pedí que cobrase sin trabajar, porque ese no era el objetivo que nos habíamos propuesto». También ha argumentado que vio la posibilidad de acceder a la petición de ayuda que le habían hecho y al mismo tiempo de reforzar el asesoramiento jurídico en materia laboral, en un momento clave ya que se acababa de producir la fusión de las tres cajas de ahorros vascas «y habíamos pasado de 1.500 a 6.000 trabajadores, con tres convenios diferentes y un aumento muy importante de los asuntos a abordar».

El expresidente del banco, que se ha negado a contestar a las preguntas de la acusación popular representada por la abogada Jone Goirizelaia, no ha dudado en mantener un pequeño rifirrafe con el fiscal Antonio Cortés, cuando el representante del Ministerio Público le ha cuestionado, en tono crítico, cómo era posible que hubiese estado dispuesto a pagar, al menos unos meses, para facilitar el reciclaje de Cabieces antes de que efectivamente éste pudiese prestar servicios para el banco. «Mire -le ha respondido Mario Fernández- esto es como si un fiscal deja ese trabajo porque es nombrado director general de Carreteras, Canales y Puertos y tras veinte años de desempeñar esta misión vuelve a ejercer en la Fiscalía. Durante algún tiempo y a pesar de que cobra desde el primer día, tienen un tiempo para reciclarse y, al menos, estudiarse la nueva legislación que ha entrado en vigor durante ese plazo».

Mario Fernández ha justificado ante el tribunal su decisión de entregar un cheque de unos 240.000 euros al banco -cantidad en la que se evaluaba lo abonado a Cabieces- «porque no podía permitir, ni por un sólo segundo, que el nuevo presidente del banco tuviese la idea de que yo había perjudicado en algo al banco. Era algo que no podía permitir. Era su opinión y mi reacción fue inmediata». En este sentido, ha añadido que se siente engañado por Gregorio Villalabeitia, ya que éste «me ocultó que se había elaborado una auditoría interna, que el tema ya se había tratado en los órganos de gobierno de la entidad» y también que se habían dado los primeros pasos para interponer una denuncia. El expresidente ha dado a entender que de haberlo sabido no hubiese devuelto la cantidad porque «no quise reconocer con ello una culpa, sino porque me indignaba que alguien pudiera pensar que yo había perjudicado al banco». A preguntas de su defensor, Carlos Bueren, también ha desvelado que durante los años que estuvo en la presidencia entregó a Kutxabank los ingresos que recibió como consejero de Repsol, empresa en la que está «a título personal y no en representación del banco». En ese periodo, Mario Fernández entregó al banco 506.000 euros, procedentes no sólo de su remuneración en Repsol, sino también de las dietas como consejero de la CECA, la asociación de cajas de ahorros españolas.

«Cabieces trabajó»

El abogado Rafael Alcorta, que aún sigue contratado por Kutxabank como asesor jurídico externo, ha sostenido una tesis contraria a la expuesta por la entidad financiera en su denuncia y también en la auditoría externa. Alcorta, a través de cuyo despacho fue contratado Cabieces, ha admitido que la colaboración del exdelegado del Gobierno le fue impuesta desde el banco, pero ha mantenido en todo momento «que la relación fue correcta y fructífera».

Ha asegurado al tribunal que el banco fijó también la remuneración que debía recibir Cabieces, si bien ha indicado que no le llamó «la atención» los 5.700 euros al mes que le habían adjudicado. Así, en este sentido, ha aclarado que estuvo a punto de contratar a una abogado unas semanas antes, para que le ayudase en los casos del banco y que «el coste era de 84.000 euros anuales», lo que suponía 7.000 euros mensuales.

Alcorta ha respondido que el «trabajo de Cabieces fue imprescindible» en el asesoramiento laboral a Kutxabank y ha aclarado que «nuestras diferencias de criterio apenas duraron dos semanas. Jamás dije a nadie de Kutxabank que Mikel Cabieces cobrase pero no trabajase».

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