La tortura centra las jornadas del Centro de Historia del Crimen

Serán inauguradas mañana en Durango por el director del Instituto Vasco de Crimininología y premio Euskadi de Investigación, José Luis de la Cuesta

MANUELA DÍAZ DURANGO.

La cruz de Kurutziaga de Durango, que según algunos estudios graba en su talla la quema en siglo XV por herejía de más de 80 personas en el Duranguesado, la mayoría mujeres, será testigo a partir de mañana de un debate sobre la tortura. Una veintena de expertos procedentes de Latinoamérica, Francia, Bélgica, Túnez y diversas partes del Estado español hablarán sobre esta práctica a lo largo de la historia en la decimoquinta edición del coloquio internacional que ha organizado el Centro de Historia del Crimen de Durango entre mañana y el viernes. Los coloquios, cuya entrada es libre y gratuita, arrancarán a las diez de la mañana y estarán presididos por el director del Centro de Historia del Crimen, el también doctor de la UPV Iñaki Bazán.

El director del Instituto Vasco de Criminología y premio Euskadi de Investigación, José Luis de la Cuesta, será el encargado de inaugurar las jornadas. Presidente honorario de la Asociación Internacional del Derecho Penal y a su vez del Consejo Vasco de Participación de la Víctimas del Terrorismo, abordará la tortura en el sistema penal actual y las necesidades de las víctimas.

«Visceradas en vivo»

Una tortura que se produce en el momento de la detención y en casos de motivación política para conseguir información y castigar a la víctima, que dista mucho de la practicada durante la Edad Media. Entonces se aplicaba la tortura tanto en el proceso judicial para confirmar o desmentir la culpa como en el proceso punitivo.

«Los sospechosos debían coger una piedra del interior de un caldero hirviendo, si transcurrido un tiempo se curaba la mano, eran inocentes, si no culpables por designio de Dios», explica Iñaki Bazán. Otros métodos judiciales para determinar la culpabilidad eran el ahogamiento o la garrucha. En el ámbito penal, la tortura hasta el siglo XVIII consistía en «hacer sufrir el máximo posible al condenado de manera pública para aleccionar al resto de ciudadanos», explica el responasble del Centro de Historia del Crimen de Durango. «Se realizaban visceradas en vivo, se les amputaban partes del cuerpo o se descuartizaban». Todo ello se analizará con detenimiento en el ciclo de charlas que cerrará con el experto en cine Kepa Sojo. El docente abordará la película 'El verdugo', de Berlanga, para hablar sobre la pena de muerte y la anulación del individuo.

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