«Supo hacer del santuario de Urkiola un punto de encuentro»

El santuario se llenó ayer para despedir al 'padrecito' Joseba Legarza. / MAIKA SALGUERO
El santuario se llenó ayer para despedir al 'padrecito' Joseba Legarza. / MAIKA SALGUERO

Una multitud acudió ayer al funeral del sacerdote Joseba Legarza. «Su huella permanecerá entre nosotros», destacaron

MANUELA DÍAZ ABADIÑO.

El adiós que Urkiola dio ayer al misionero Joseba Legarza, fue mucho más que un simple funeral. Fue un ejercicio de amistad, amor y reconocimiento al trabajo bien hecho. De manera sencilla, emotiva y cercana, varios cientos de personas se despidieron ayer del misionero y párroco del santuario de Urkiola que falleció el miércoles mientras dormía a los 84 años, a las puertas de abandonar en quince días este lugar para trasladarse a la residencia de sacerdotes Los Venerables en Begoña.

La noticia impacto a familiares y amigos que apenas tres días antes habían asistido a un acto de homenaje que le tributaron antes de su retiro a la residencia bilbaína. «Estaba estupendo, ha sido un shock», comentaba Txaro Azpiri, de la Comisión de Urkiola desde hace más de tres décadas. Pese a todo logró sacar una sonrisa en la cara, en agradecimiento al que ha sido el pilar. «Al final se ha ido de su Urkiola querida al cielo».

La emoción contenida dominó el funeral de ayer en una misa oficiada por el vicario general, Juan María Unzueta, acompañado de una veintena de sacerdotes. Recordó el libro 'Urkiola, sinfonía inacabada' que escribió Legarza como un alegato de su amor al parque natural que ayudó a adecentar y dar vida. «Joseba supo hacer del santuario una casa, un punto de encuentro».

Unzueta recorrió su trayectoria como párroco en Arakaldo, como misionero en Ecuador durante seis años y como párroco durante cuatro décadas en el santuario de Urkiola, templo al que llegó a medio hacer con el propósito de convertirlo en referente de las misiones vascas. Plantó árboles, hizo senderos, colocó papeleras... «S0erá difícil pensar en Urkiola sin Joseba», reconoció el vicario. Sin embargo, el momento más emotivo llegó cuando encendió su móvil y emitió las últimas palabras de Joseba durante la ceremonia del domingo. «Gracias a todos, nos vamos pero os llevaremos en el recuerdo y en el corazón».

«Era excepcional»

Aquel joven lekeitarra activo y profundamente religioso que se hizo seminarista con apenas 13 años y se ordenó sacerdote con 25, nunca perdió su esencia. Austero en su vida, era «un hombre de acogida, cariñoso y cercano». Así le recuerda el sacerdote Xabier Ezkoriatza. «Gracias a él me planteé ser cura e ir a las Misiones y a mi regreso a Urkiola se convirtió en compañero y amigo». Eskoriatza fue el encargado de leer un bertso de Bitoriano Iraola en el que reflejaba a Joseba como un hombre atado a la tierra, afín a la naturaleza que le envolvió durante los últimos 47 años de su vida en Urkiola. La amaba y conocía tanto que acertaba con curiosa exactitud las predicciones meteorológicas.

De profunda espiritualidad y talante reflexivo, Legarza escribió varios libros de oraciones. Pero también fue un baserritarra, trabajador incansable. Muchos le recuerdan en la huerta o atendiendo las hortensias del santuario. Sin embargo, su trabajo en Urkiola se remonta a los años 70. «Andaba con una hoz y una guadaña limpiando el monte, levantado el aterpe, haciendo caminos y abriendo puertas, entonces éramos hombres grandes y fuertes», recordaba emocionado Txema del colectivo Amigos de Urkiola. Ayer sus miembros y los de la Comisión de Urkiola, el Consejo Pastoral y los casados en el santuario se sentían huérfanos. «Era excepcional, se dio a todos y su huella permanecerá en nosotros», reconocían.

Pero sin duda, todos estuvieron de acuerdo en que era un hombre cercano, que quería y se hacía querer y tenía un vínculo sagrado con Urkiola. «Aquí ha sido feliz y ha hecho feliz a mucha gente», apuntó el sacerdote Josu López. La misa de despedida se oficiará el domingo en Urkiola a las 10.30 horas, y en Lekeitio, el 2 de diciembre a las siete.

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