Puntadas llenas de solidaridad

Participantes en una de las quedadas de la iniciaitva 'Maristak... y punto'. /  E. C.
Participantes en una de las quedadas de la iniciaitva 'Maristak... y punto'. / E. C.

Los participantes en las quedadas para tejer en Maristak Ikastetxea de Durango ya han colaborado con cuatro proyectos altruistas

NAHIKARI CAYADO DURANGO.

En una sociedad donde las nuevas tecnologías casi no dejan sitio a las viejas tradiciones, el colegio San José-Maristak de Durango ha creado una iniciativa solidaria llamada 'Maristak... y punto', un lugar de encuentro, aprendizaje e intercambio entre los amantes del punto, el ganchillo y otras manualidades. Estas actividades vuelven hoy en día con fuerza como terapia, relajación y motor de creatividad. La impulsora, Mari José Martín, señala que «los ritmos de vida no dejan tiempo para otra cosa que no sea trabajar e ir corriendo de un sitio a otro. 'Maristak... y punto' es una invitación al 'slow movement'».

Esta idea surgió de la pasión de Martín por tejer y recuperar las buenas y antiguas tradiciones. Planteó su iniciativa al centro, y la aceptaron de buen grado. De hecho, celebrarán su quedada número 50 el próximo día 21. Desde hace tres años, escolares, padres, profesores, y exalumnos, entre otras personas relacionadas con Maristak Ikastetxea, han tomado parte en un proyecto que ya ha tenido cuatro fines solidarios.

El primero de ellos fue el de confeccionar diez mantas que fueron entregadas al programa Etxepel para personas sin hogar que Cáritas tiene en Durango. Desde la organización afirman que «son mantas llenas de calor, color y de tiempo de trabajo de muchas personas que se han dedicado a tejerlas, y también de todas aquellas que han donado las lanas que han permitido realizar el trabajo».

Tal fue el éxito del primer proyecto que no tardó en venir el siguiente, que les llevó a elaborar 200 muñecos, capas, antifaces y estuches con forma de superhéroes para los niños hospitalizados en la planta de Oncología de Cruces. Animadas por la «enorme» acogida, las organizadoras decidieron compartir su vertiente solidaria con las empresas proveedoras de lanas, de las que recibieron una «generosa» cantidad de coloridas madejas que destinaron a los más pequeños creando mantas, sacos, patucos e incluso gorros y bufandas. Su último proyecto hasta el momento ha sido el de enviar vendas tejidas a mano a una leprosería, pero no están quietas. Y es que Martín avanza que ahora confeccionan bufandas y gorros para niños que serán donados a asociaciones con las que colaboran. Animan a la ciudadanía a retomar las viejas tradiciones e invitan a participar en esta iniciativa que paso a paso va consolidándose y dando sus frutos.

Café y charlas

Su fundadora, en ese sentido, subraya que tejer reduce los niveles de tensión y estrés; favorece la recuperación física y mental después de una jornada laboral; promueve la tranquilidad y el buen humor; y aporta claridad a los pensamientos y sentimientos. Asimismo, hace hincapié en que los valores como el trabajo en equipo, la creatividad y el compartir conocimientos están siempre presentes en sus sesiones, que se celebran una vez cada dos semanas. Asegura, además, que «se crea un ambiente cálido y sereno, aderezado con unos minutos de cortometrajes o proyecciones, charlas, consejos, recomendaciones literarias... y, cómo no, con un café, té o chocolate»

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