Las mujeres se hacen oír

Miles de personas tomaron parte en la manifestación que recorrió Durango ayer por la tarde. / Y. RUIZ
Miles de personas tomaron parte en la manifestación que recorrió Durango ayer por la tarde. / Y. RUIZ

La reivindicativa jornada de ayer para «generar una alternativa feminista» llena las calles de la comarca y Amorebieta

MANUELA DÍAZ/ NAHIKARI CAYADO/ YOLANDA RUIZ DATA.

«Somos muchas y esto va viento en popa y a toda vela», aseguraba Mireia Delgado, de la Asamblea del 8 de marzo en Durango, en el transcurso del desayuno que se ofrecía ayer a partir de las 9.30 horas en el pórtico de Santa María. Dos horas después, quedaba claro que no se equivocaba. Centenares de mujeres, de diferentes edades, profesión y condición, se echaron a la calle para fundirse en una cadena humana que había sido convocada para visibilizar que «somos las mujeres quienes asumimos las tareas del cuidado tanto en el terreno profesional como en el no remunerado». La masiva presencia hizo que el recorrido previsto, con el que se pretendía unir las residencias de Joxe Miel Barandiaran y Astarloa, se quedarapequeño para reivindicar que «se asuman responsabilidades de la gestión en los cuidados tanto a nivel individual como institucional». Pero la gran marea aún estaba por llegar. Una multitudinaria manifestación recorrió las calles por la tarde.

Las mujeres se echaron ayer a la calle «porque se nos tienen que ver y oír nuestras reivindicaciones», advirtieron. Al son de los silbatos discurrió la cadena humana, en la que no se permitió la presencia de hombres y se invitó a abandonarla a quienes se animaron a participar, y concluyó con varios irrintzis en la residencia Joxe Miel Barandiaran. Allí, un par de trabajadores del centro aplaudían la protesta feminista.

Muchas de las asistentes decidieron reunirse en el pórtico para compartir la comida, tras la cual la Batukandra, integrada exclusivamente por mujeres, caldeó el ambiente previo a la salida de la mayor manifestación que se recuerda en la villa desde hace décadas. «Este día será un punto de partida en un camino mucho más largo, en el que iremos tejiendo nuevas alianzas, encontrándonos y reconociéndonos, repensando nuestras luchas, construyendo nuevas resistencias, desconectándonos de un mundo que nos desecha, para generar una alternativa feminista», advirtieron las organizadoras al final del recorrido en el pórtico de Santa María.

Al final de la gran marcha por la igualdad, que apoyaron comerciantes y hosteleros con el cierre de sus establecimientos durante una hora, se derribó el muro de las limitaciones que había sido levatando a base de cajas en las que se representaban algunas de las discriminaciones que sufren las mujeres

«Tomarnos en serio»

En Amorebieta, por otro lado, las mujeres del colegio El Carmelo se colocaron ayer en primera fila para reivindicar el poder feminista. Las alumnas de Bachillerato decidieron secundar la huelga y llevar acabo varios talleres para dar visibilidad a las mujeres célebres a las que la historia ha invisibilizado y explicar el por qué del 8 de marzo. «A los chicos les ha costado entender que les relegáramos a un segundo plano y pusiéramos a las niñas delante como algo simbólico de lo que ocurre en la sociedad. No les ha gustado nada ser agentes pasivos, cuando es algo que vivimos las mujeres día a día», explicaba Julene Mila. A sus 17 años, se han empoderado para exigir «los mismos derechos que los hombres» porque no son ajenas a la brecha social o a comentarios tan sexistas como «no cojas la raqueta como una sartén», explica Maialen Mena.

La concentración del centro abrió los actos reivindicativos celebrados a lo largo de la mañana en la localidad zornotzarra. Comercios y hosteleros hicieron paros de manera gradual, mientras que la plaza de Urgozo se teñía de morado. Mujeres de todas las generaciones, razas y religiones levantaron sus manos para «reivindicar que no permitiremos más violencias, discriminación ni opresión sobre nuestros cuerpos por parte del modelo neoliberal» Acto seguido, en la plaza del Ayuntamiento las concejalas sostenían su pancarta con el lema 'Nosotras paramos' frente a cientos de mujeres. El alcalde de la localidad, Andoni Agirrebeitia, y el resto de corporativos asistieron en un segundo plano.

La localidad de Elorrio también vivió ayer una masiva y sonora jornada del 8 de marzo. Una cacerolada recorrió el pueblo por la mañana con la única intención de «hacer mucho ruido, para que la sociedad empiece a tomarnos en serio», aseguraban las asistentes. La jornada arrancó con una exposición y videos de los trabajos realizados en los centros escolares bajo el nombre de 'Gorputzak'. Con esta muestra pretendían llamar la atención en el hecho de que «cada persona tiene su cuerpo y todos somos diferentes, pero a la vez que iguales».

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