Las manos del Duranguesado se agrandan en la Euskal Denda

Los siete artesanos del Durango presentes en la Euskal Denda. / M. DÍAZ
Los siete artesanos del Durango presentes en la Euskal Denda. / M. DÍAZ

Siete artesanos de la comarca muestran sus trabajos en la feria que se exhibe hasta el domingo en Durango

MANUELA DÍAZ DURANGO.

En la era de Instagram, de la velocidad, del instante, cuando vemos una talla de madera hecha a mano es habitual que pensemos en el tiempo y el trabajo que ha llevado hacerla. Cada pieza nace genuina e irrepetible, incapaz de competir con la expansión efímera de un tuit y pese al valor que le otorgamos, los oficios artesanos se van perdiendo. El Duranguesado mantiene latente esta tradición y cada año exhibe sus trabajos en la Euskal Denda, inaugurada ayer en la plaza del mercado de Durango y en la que se premió al mejor stand de la pasada edición a los guipuzcoanos Otero Pilotagilea. Siete de los 54 artesanos que participan en la feria de Arbaso tienen sus talleres en la zona. Un escaparate al esfuerzo, creatividad y tesón.

Bea Unzueta: cestería

Nieta e hija de cesteros, se abrió hueco en un mundo de hombres embrujada por el oficio con el que creció en Durango. Pese a creerse a la sombra del que fue uno de los mejores cesteros -Juan Unzueta homenajeado este año tras su reciente fallecimiento-, ha sabido «renovar y reinventar» este oficio creando fundas para portátiles, bolsos y lo último, y colabora con una empresa riojana en una nueva línea de zapatos con tacones y plataformas hechos con mimbre. «Se ha puesto en valor un trabajo sencillo y humilde como la cestería», afirma Bea.

Félix Larrañaga: talla de madera

Sus manos han nacido para sentir la madera, hurgar en ella hasta transformarla en un objeto de deseo. Fue este oficio, en el que lleva más de tres décadas, el que le segó cuatro dedos de una mano. Y aunque, llegó a colgar el cincel por el mar durante unos años, no ha podido resistirse al olor del serrín y el calor de la madera. Para este artesano berriztarra, esta es su primeraferia. «Es duro, las muñecas, los tendones y las cervicales se destrozan, pero me da la vida».

Félix Larrañaga: Joyería

Su pasado como guarda forestal se deja ver en muchas de sus joyas elaboradas con plata, oro y piedras preciosas. Un viaje a México hace 17 años le hizo cambiar de rumbo y dedicarse al diseño de complementos. Durangués, de 47 años, lleva una década acudiendo a la feria y advierte un cambio de rumbo. «La economía no está bien, pero la clientela valora tu trabajo, el tiempo y esfuerzo que dedicas a cada pieza, estoy contento», señaló.

Rosa Etxabe: cerámica

Con 50 años perdió su trabajo de administrativa y decidió cortar por lo sano. En la cerámica encontró más que una tabla de salvación, una forma de vida que ya acariciaba desde niña. El barro es su lenguaje y junto a Asunción Poza ha creado para la feria una instalación que habla de vida, de los lazos de afecto entre las personas, de tradición y de volver a la naturaleza. «No sé hasta dónde llegaré, pero creo en lo que hago».

Anitha Mol: bisutería

Cuando llegó a Elorrio procedente de India, no solo cambió de país y de cultura, sino que también de oficio. Licenciada en empresariales, hizo de su afición por el arte y el diseño su oficio. En los cinco años que lleva como artesana se renueva constantemente. «Hay que refrescarse, a los clientes le gusta ver cosas nuevas». Este año ha apostado por acercar bisutería elaborada con flores y hojas naturales en resina. Una decisión acertada visto el número de personas que pasan por su puesto.

Ana Gutiérrez: restauradora

Siempre supo hacia dónde dirigirse y cuando terminó sus estudios de bachillerato apostó por la restauración. Desde entonces esta ermuarra de 45 años no ha parado. Fundadora de RestaurArte, con sede en Durango, reconoce que los clientes ponen en sus manos más que un mueble. «Su valor sentimental es muy importante. No hay ninguna máquina que haga nuestro trabajo».

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