Jesuitas denuncia el incumplimiento europeo en la acogida de refugiados

Celebración del décimo aniversario de Jesuiten Etxea el pasado domingo. / E. C.
Celebración del décimo aniversario de Jesuiten Etxea el pasado domingo. / E. C.

Ha atendido a medio centenar de personas en la década que lleva ofreciendo cobijo a los 'sin papeles'

MANUELA DÍAZ DURANGO.

Ni siquiera estando de celebración, los jesuitas dejan de pensar en los más necesitados. El domingo celebraron en Durango el décimo aniversario de la puesta en marcha de Jesuiten Etxea con la mirada puesta en los refugiados. Según apuntó el presidente de esta asociación, Koldo Katxo, el perfil de las personas que durante esta década han recalado en sus instalaciones en busca de un hogar, ha cambiado de manera significativa. Nacidos para solventar las necesidades de un colectivo afinado en «pisos patera», donde se «acumulaban inmigrantes sin protección, papeles y ocultos por la solidaridad de sus compatriotas», el proyecto parece ir derivando a la acogida al refugiado, señaló Katxo, quien no dudó en denunciar el incumplimiento europeo en este servicio.

El domingo, un centenar de personas asistía a la celebración del décimo aniversario de esta iniciativa que desde el primer momento de su nacimiento ha estado volcada en dar cobijo a los 'sin papeles'. En estos momentos cuentan con tres jóvenes en la casa de Jesuitas ubicada junto al centro escolar de la orden en Durango y otros tres en un piso de acogida en Plateruen plaza. Con capacidad máxima para ocho personas, por sus instalaciones han pasado medio centenar de personas. Jóvenes varones, de entre 18 y 30 años, procedentes en su mayoría del África subsahariana, principalmente de Senegal y seguidos de Nigeria, Mali, Costa de Marfil o Ghana. También han estado unos meses una chica rumana y dos saharauis de 8 y 10 años.

«Han llegado hasta aquí cruzando en ferry el Estrecho debajo de un camión, en patera achicando agua, dejando a sus mujeres e hijos». A la dureza extrema de una huida, se unía la soledad al llegar a un país extraño y para ellos Jesuiten Etxean «lo ha sido todo», admitía Katxo. No solo les han brindado una cama, sino un hogar y unos estudios. Por ello, los sacerdotes -en su mayoría jubilados-han sido docentes, padres y amigos que según el jesuita se han enriquecido retomando su labor educadora. Éstos han estado arropados por voluntarios -principalmente laicos- que han colaborado con profesores o miembros del programa 'planes estupendos' que busca una mayor integración y conocimiento del entorno de los foráneos a través de excursiones y visitas en el tiempo libre.

Aprender un oficio

Durante los dos años que permanecen en el hogar de los jesuitas, al que se suma un tercero en un piso de acogida que la orden disponía en Berriz y desde junio en Plateruen plaza, los jóvenes solo han tenido por requisito la formación. De ella se han encargado catorce jesuitas, de los que solo quedan ocho.

Los recién llegados han aprendido un idioma y un oficio para poder emprender un «proyecto de vida» durante el tiempo que debían esperar para recibir el empadronamiento y los papeles para trabajar. Mientras estudian castellano, acuden al Centro de Adultos, a realizar talleres de la Ocupacional, ciclos en Maristak o se busca la convalidación de sus estudios. «Es una oportunidad de oro que tienen que aprovechar».

Muchos han encontrado trabajo, aunque con contratos muy temporales. «Se han ido haciendo su hueco y la mayoría se queda en Durango. Otros pocos parten hace centroeuropa porque regresar es un fracaso total».

Los que pisan por primera vez la villa cuentan ahora con un grupo de referencia a nivel cultural y religioso asentado ya en Durango, y su integración es más suave.

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