El grano de maíz que endulza las fiestas

3.800 atropiles contribuyeron ayer a endulzar las fiestas. / M. DÍAZ
3.800 atropiles contribuyeron ayer a endulzar las fiestas. / M. DÍAZ

Pedro y Jero Mauro recibieron hace 25 años la fórmula para elaborar las 3.800 artopiles que ayer, día de San Fausto, se ofrecieron a la ciudadanía de Durango

MANUELA DÍAZ DURANGO.

Desde hace 25 años los hermanos Mauro se encargan de dar el toque más dulce a los 'Sanfaustos'. Sus artopiles, madalenas salpicadas de frutas, son el postre de las fiestas de Durango. Una tradición que se remonta a 1765 y de cuya receta original solo se conserva el grano de maíz que se esconde en su interior. Ayer, en poco más de media hora se repartieron 3.800 artopiles. «Es un dulce que me encanta, la pena es que no se pueda comer más que estos días», afirmaba Mariló Totorikaguena mientras esperaba a que comenzara el reparto.

El maestro pastelero Jero Mauro comenta que el artopil «perdería su esencia» si se hiciera todo el año, porque «las tradiciones se empiezan a romper cuando se convierten en rutina». La pastelería Magdalena que regenta junto a su hermano Pedro es la única que elabora el típico producto de los 'Sanfaustos'. Su fórmula fue cedida hace 25 años por Txomin Olalde y, pese a que a la mayoría de los durangueses apenas aprecian cambios, Jero advierte que han sido paulatinos. El último de ellos, el cambio del grano de maíz crudo a uno frito para que el fruto se pueda masticar y comer.

La fórmula, a base de harina, azúcar, mantequilla, fruta y huevos, poco tiene que ver con las tortas de maíz que elaboraban en los caseríos para repartirlas en la ermita de San Fausto. El único lazo de unión es el simbólico grano de maíz o 'artoa', que se introduce en el interior de las madalenas. El primer documento que se encuentra de esta tradición data de 1765 y hace referencia al pago por parte del mayordomo de la ermita de la harina de maíz a los caseríos. «Durante la ofrenda después de la procesión, se repartían unas tortas de maíz hechas en los caseríos, explica Jero Mauro.

De aquella fecha ha llovido mucho y el que llegara a nuestros días se debe a Paco Egia, que logró hacerse con la fórmula y le encargó a Martín Gastañazatorre que lo transformara en pastel. «Él cambió la torta al dulce, en forma de magdalena con frutas». Luego le pasó el testigo a Txomin Olalde, que los continuó elaborando en el obrador Kurutziaga hasta 1995, año en que cedió la receta a los hermanos Mauro.

El reparto ha ido en aumento y de los 1.500 que elaboraba Olalde se han pasado a 3.800 desde hace un lustro. Elaborados de manera artesanal. «La fruta es lo que menos me gusta, pero está rico y a estas horas más», apuntaban Eukene Cayado y Nora Arana, de 12 años. Vestidas con el traje de baserritarras reponían fuerzas para ir a las barracas. «La pena es que sean tan caras», se quejaban. Junto a ellas, durangueses de todas las generaciones. Sonia Chávez admitía que es un día muy bonito. «Para estar con los nietos y los hijos», añadía Isabel Landa.

Y mientras en la plaza del Ayuntamiento, en poco más de media hora se apuraban los artopiles regados con txakoli o mosto, Kurutziaga olía a paella. 44 cuadrillas y 850 personas participaron en el concurso de las txosnas. Ganó Adirane Solaguren, Astepe quedó segunda, y Berbaro, tercera.

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