«Ezkurdi se ha convertido en zona de paso y la sala de exposiciones apenas se vislumbra»

Acceso a la sala de exposiciones municipal de Durango ubicada en la plaza de Ezkurdi. / M. DÍAZ

El Ayuntamiento de Durango destina 70.000 euros a la reforma del espacio destinado a las muestras de arte y a la Escuela de Pintura

MANUELA DÍAZ DURANGO.

Inaugurada por los entonces príncipes Juan Carlos de Borbón y Sofía de Grecia, la sala de exposiciones de Ezkurdi en Durango no vive uno de sus mejores momentos. La Asociación Artística del Duranguesado, que desde hace dos décadas se encarga de organizar un fluido programa de muestras, lleva años quejándose de su «abandono» y la pésima señalización de estos bajos a los que oculta la arbolada y los distintos niveles arquitectónicos de la plaza. «Las tardes de invierno la gente no se atreve a venir porque está muy oscuro, y eso, claro está, los que ya la conocen, porque si no, es imposible saber dónde está, no hay ni una triste señalización», critica el presidente de la agrupación, José Luis Martínez de Antoñana.

Consciente del malestar de los usuarios de la sala, acaba de aprobar una partida de 70.000 euros para una reforma. Sin embargo, no será hasta septiembre cuando se empiece a perfilar qué se llevará a cabo. Tras las vacaciones el Consistorio se reunirá con la Asociación Artística del Duranguesado y la Escuela de Pintura, que llevan a cabo sus actividades en dicho espacio, para «adaptar la reforma a sus necesidade», según informó la teniente de alcalde, Pilar Ríos. La noticia ha sido recibida con los brazos abiertos por parte de la asociación y recuerda que desde que se inaugurara en 1971, no se ha hecho más que algún retoque de pintura.

La sala municipal, ubicada en los bajos de Ezkurdi, y todo el entramado arquitectónico de la plaza, recibieron el premio Pedro de Asúa del Colegio de Arquitectos Vasco Navarro en 1971. De su diseño vanguardista se encargaron Fernando Olabarria Delclaux y Daniel Fullaondo Errazu. Sin embargo, su actual aspecto se aleja mucho de sus años dorados.

Sin señalizar

El entonces dinamizador de la sala, Leopoldo Zugaza, padre del director del Museo de Bellas Artes de Bilbao, abrió las puertas a artistas de la talla de Eduardo Chillida o Andrés Nagel. Junto a la entrada, los patos merodeaban y se zambullían en varias fuentes por las que fluía agua de continuo, hoy ocultas por pequeños jardines. Y en el interior, junto a la sala de muestras y un pasillo que acogían obras de pequeño formato, se emplazaba una pinacoteca con sillones para escuchar música o leer. Esa imagen «bucólica», recuerda José Luis Martínez de Antoñana, se ha perdido.

«Ezkurdi se ha convertido en una zona de paso y la sala de exposiciones apenas se vislumbra», lamenta el artista y uno de los fundadores de la asociación que el pasado año cumplió 25 años. Para anunciar las exposiciones que se suceden durante todo el año, salvo el mes de agosto, se valen de una lona que cuelgan de unos barrotes de la plaza. A la escasa visibilidad que aseguran cuenta la zona, se suman los problemas de accesibilidad. «Existe un acceso para sillas de ruedas junto a la entrada de la estación de tren, pero hay que dar un gran rodeo, y además casi nadie sabe que existe, como no está señalizado», apunta.

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