Durango convocará un concurso de ideas para honrar a las marchanteras

Boni disfrutaban endulzando la vida a los menores de Durango. / EL CORREO

Las bases establecerán que el recuerdo que se instale en el pórtico de Santa María sea «sencillo y discreto» como ellas

MANUELA DÍAZDURANGO

Será la propia ciudadanía, a través de un concurso de ideas, quien se encargue de dar forma al reconocimiento de las marchanteras en el pórtico de Santa María en Durango. Así se acordó por unanimidad en el el último pleno. La Corporación al completo quiere así homenajear a las mujeres que durante décadas vendieron golosinas y que son parte del «Durango más popular», apuntó Jon Andoni del Amo, concejal de EH Bildu. Sus familiares, presentes en la sesión, agradecieron el recuerdo, pero puntualizaron que su tía Boni, última en abandonar el pórtico, dejó claro que si alguna vez se homenajeaba su figura –como así se habló antes de su muerte–, «no quería que se colocara ninguna estatua, quería algo sencillo y discreto, como era ella».

Una decisión, que tendrán en cuenta en las bases del concurso y que se trasladará a la Comisión de Igualdad y Cultura, como se recoge en la moción presentada por EH Bildu. «Durango tenía una deuda con las marchanteras que, desde hace 60 años, día a día, han vendido sus productos en el pórtico a numerosas generaciones», explicó Del Amo. Se llegaron a concentrar hasta una docena de puestos y la última en marcharse fue Boni Macarrón, que estuvo al frente de su puesto desde que tenía 11 años hasta que se retiró 60 años después.

Su historia es una vida de superación marcada por la guerra y el bombardeo de Durango. Nacidas en Artekale, cuando el fuego y la destrucción arrasó la villa aquel 31 de marzo de 1937, su madre Francisca decidió abandonar su pueblo natal con sus hijas Boni, Tere y Martina. Se dirigieron a Bilbao para coger un ferry hacia Rusia o Inglaterra. Después de cuatro días en la capital vizcaína, regresaron a Durango. «Para pasar hambre, mejor nos quedamos en Durango», recuerda su nieto Joseba Martín. Al poco tiempo instalaron el puesto, un negocio en el que han trabajado las hijas y los nietos. «Los domingos, todos íbamos a ayudar que era cuando había misa y más se vendía. En los bautizos incluso nos echaban dinero», comentó.

El reconocimiento llega por partida triple: por ser unas figuras «emblemáticas», por su doble condición de mujeres y trabajadoras y como ejemplo de comercio local y cercano. Unas condiciones a las que la socialista Pilar Ríos añadió el plus que suponía trabajar en la calle en unas condiciones «duras y precarias», mientras que Julia Perera, de Herriaren Eskubidea, alabó la templanza y dulzura de las marchanteras, que han «alegrado» a miles de menores.

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