Durango amanece al son del txistu y el tamboril

Músicos que toman parte en la diana matutina durante las fiestas. / E. C.

Desde hace casi dos décadas, una docena de músicos recorre a partir de las siete de la mañana las calles de la villa en los 'Sanfaustos'

VIRGINIA ENEBRAL DURANGO.

Seguro que más de un durangués se ha despertado en fiestas con el sonido del txistu. A algún otro le ha pillado aún volviendo a casa. No es de extrañar ya que la diana suena a las siete de la mañana. Muy pronto para la mayoría. Pero se trata de una tradición que viene de lejos, aunque se recuperó nuevamente en 1999. «El padre de la idea fue Gaizka Gorosarri, que por aquel entonces dirigía la oficina de turismo», recuerda Juanan Aroma, integrante desde entonces de la banda que recorre las calles de la villa. «Se hacía un aviso, como ahora, antes de que empezara la sesión del toro, pero los txistularis se fueron jubilando y no se creó una nueva. Él nos planteó retomarlo».

En un primer momento, la idea pilló por sorpresa. «Nos van a tirar agua y hasta orinales», pensó este músico. «Desde ese año, los dulzaineros recorren el casco viejo, mientras nosotros nos dividimos en tres grupos para tocar por los alrededores». Unos van a Tabira, otros a la zona de la plaza Magdalena y los últimos se trasladan hasta Landako. Entre la ida y la vuelta la ruta se prolonga aproximadamente una hora y media.

«Salimos juntos desde el pórtico de Santa María. Los que van hasta Eroski se reúnen a la vuelta con los de Landako en la ermita de la Magdalena. Los de Tabira, en cambio, como acaban antes, nos esperan en el camino de Ezkurdi. Así cerramos juntos la kalejira».

El repertorio varía cada año.»Tenemos una selección amplia, así que vamos improvisando y tocando lo que nos apetece en cada lugar». Salvo en un punto. «En alguna ocasión hemos parado bajo el balcón del presidente de la asociación Jaizale Txistulari Taldea, Karmelo Barruetabeña. Allí siempre suena la misma: las mañanitas». No han debido lograr su objetivo porque «nunca se ha asomado», sonríe Aroma.

Hace 18 años empezaron una docena de txistularis, pero en ocasiones aparecen menos. «A veces hay alguno que manda un 'whatsapp' avisando que no viene». También ha llegado alguno de 'gaupasa'. «Dejan el txistu en el coche o en alguna lonja y a las siete bajan directamente a la kalejira», admite este músico que a sus 72 años piensa en retirarse.

«Por amor al arte»

«Subo la media», bromea Aroma. Sus compañeros y compañeras de fatigas rondan los treinta o cuarenta. Aunque cobran algo del Ayuntamiento, unos treinta euros al día con un cálculo de diez personas, Aroma reconoce que lo hacen «por amor al arte». «Si fuese por el dinero que nos pagan, nadie se levantaría a las seis de la mañana»

Aroma asegura que, a pesar del temor inicial, jamás les han echado agua. «Al revés, alguna vez que por ser menos no hemos podido cubrir a las tres zonas, nos han echado en falta. Es bonito». También recogen el sentir de los vecinos y vecinas de las afueras. «Cerca de Cafés Baqué hay una mujer que más de una vez baja a felicitarnos, y subraya que menos mal que vamos nosotros porque allí no parecen fiestas».

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