Corporativos de Durango reparten críticas y elogios a Irigoras tras anunciar su adiós

Aitziber Irigoras en su despacho del Ayuntamiento. /  IGNACIO PÉREZ
Aitziber Irigoras en su despacho del Ayuntamiento. / IGNACIO PÉREZ

EH Bildu y Herriaren Eskubidea tildan de «distante» su mandato, mientras, que PSE y PP aplauden su labor

MANUELA DÍAZ DURANGO.

Aitziber Irigoras (PNV) ha sido la primera mandataria del Duranguesado en posicionarse de cara a las próximas elecciones municipales de 2019. A sus 44 años, lleva media vida en política y una década como máxima representante del Ayuntamiento de Durango. La decisión de no presentarse a la reelección, hecha pública el jueves, no ha dejado indiferentes a sus compañeros de Corporación, aunque el rumor de su retirada ya había saltado a la calle en las últimas semanas.

El pacto de gobierno alcanzado para la presente legislatura ha supuesto un giro de 180 grados en la relación entre PSE y PNV. Ha pasado de ser «tensa y distante a estar basada en el respeto y el compromiso con los proyectos marcados». Según la portavoz socialista, «el acuerdo ha sido un «acierto», ya que «recoge un espectro ideológico muy amplio, con sensibilidades diferentes y ha posibilitado asuntos tan importantes como sacar unos presupuestos que permite responder a los intereses de muchos más vecinos». El trabajar codo con codo ha permitido a Ríos descubrir «otra» Aitziber Irigoras y asegura que, «si en alguna ocasión es tachada de distante, no es sino una coraza que muchas veces te ves obligada a poner cuando estás en política». El gaztetxe que está a las puertas de su derribo o el pacto de la ciudadanía contra la violencia de género son parte de este trabajo en común.

Desde la coalición soberanista definen a Aitziber Irigoras como la alcaldesa «ausente». «Nunca ha sido una persona cercana» y eso a su juicio «se ha dejado sentir en la relación con otros partidos y con el pueblo y ha limado su candidatura». Por ello, califican la noticia de su retirada como «la crónica de una muerte anunciada». Según Aritz Bravo, el equipo de Gobierno «está caduco e iba a pique» y por eso considera que «su único recurso era cambiar la cara visible con el objeto de disimular la mala gestión, con otro candidato». Bildu, que llegó a un acuerdo de gobierno para aprobar los presupuestos de 2016, asegura que en los últimos años «no se ha hecho nada, y ahora se afanarán por hacer obras para limpiar su imagen».

Al igual que a Bildu, la decisión de la primera edil de no presentarse a la reelección tampoco ha pillado por sorpresa al portavoz de Herriaren Eskubidea. En su primera legislatura en el Ayuntamiento reconoce que «no lo hemos tenido fácil, dada la actitud distante que ha mostrado tanto la alcaldesa como su equipo». «Esa frialdad no ha sido solo con nosotros, sino también con las asociaciones que llevan años tratando de reunirse con ella sin éxito». Ríos insiste en que su modelo de gestión «está agotado» y está puliendo Durango, ya que «de ser un pueblo referente ha pasado a estar en la cola en muchísimos asuntos con respecto a nuestros municipios vecinos como sucede con el quinto contenedor o la oferta cultural». De cara a lo que resta de legislatura, la plataforma teme que el Ejecutivo local «no se centre en las necesidades reales de Durango, sino en el partido acelerado proyectos como el derribo de la estación para amortizar esos intereses».

La relación que ha mantenido el PP y el equipo de Irigoras ha seguido la línea marcada por instancias superiores del partido. Garate no duda en reconocer «las tablas y cualidades» de la mandataria «manejando un municipio que es cabeza de comarca» y reconoce en ella «la herencia de su mentor Juanjo Ziarrusta», a quien sustituyó cuando éste falleció de forma repentina hace una década. Su buena conexión les ha llevado a acuerdos y, gracias a la abstención de los populares, Irigoras logró sacar adelante los presupuestos de 2016 y 2018. Garate la insta «a seguir trabajando y concluir su legislatura con dos proyectos que han marcado el inicio y fin de su mandato» como es la conclusión de la circunvalación Urki-Hegoalde y el derribo del gaztetxe.

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