Begoña Garaizabal exhibe a sus 82 años un centenar de pinturas en Ezkurdi

Garaizabal muestra en Ezkurdi un centenar de pinturas. / M. D.
Garaizabal muestra en Ezkurdi un centenar de pinturas. / M. D.

La elorriarra reconoce que cuando empezó de adolescente «era raro que una mujer pintara», ahora los problemas de artosis le llevan a colgar el caballete

MANUELA DÍAZ DURANGO.

Begoña Garaizabal es a sus 82 años una de las pintoras más prolíficas y veteranas de la comarca. La sala municipal de Ezkurdi brinda estos días la posibilidad de acercarse a la exposición de cerca de un centenar de pinturas. Escenas de la costa vasca y la ría bilbaína se mezclan con rincones del Duranguesado en esta muestra organizada por la Asociación Artística del Duranguesado y que se inauguró ayer.

Acompañada siempre de una máquina de un blog y más tarde también de una máquina fotográfica, Garaizabal empezó a pintar a los 15 años. Con su bicicleta seguía a los pintores que por aquel entonces acudían con frecuencia a Elorrio a pintar al aire libre como Manuel Moreno San Román. Desde entonces no ha parado ni un minuto. Ha pintado la plaza de Elorrio desde todos los rincones, el altar mayor de la basílica, el mercadillo y las fiestas de la localidad, todos los barrios y buena parte de los caseríos de la comarca. Apasionada de las luces y la perspectiva, atrevida con los colores, ha expuesto en las tres capitales y La Rioja.

Garaizabal asegura que en la comarca siempre ha habido mucha afición a la pintura, aunque es cierto que cuando empezó «era raro que una mujer pintara». Hoy en día, la Asociación Artística del Duranguesado, de la que es miembro, puede presumir de estar en igualdad de género en cuanto a socios se refiere.

Madre de cinco hijos y nueve nietos, almacena en dos lonjas infinidad de cuadros, que se sumarían a las decenas que ha regalado a lo largo de su vida. «Mi marido siempre dijo que era una burra pintando», afirma entre risas. Y es que cada vez que salían se llevaba su caballete y vestidor y pintaba cualquier rincón.

«Para mí la pintura lo es todo, pero tengo artrosis y estoy cansada, así que tengo que dejarlo», se lamenta. De momento, y pese a que su firme propósito es el de colgar el caballete, reconoce que aún tiene que terminar dos cuadros. Uno de ellos sobre el barrio elorriarra de Gazeta y otro sobre la zona del Arenal bilbaíno. A los dos quiere cubrirlos de nieve.

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