Amorebieta esparce la paz por el mundo

Escolares y mayores de Amorebieta volvieron a econtrarse ayer en un acto por la paz. / FERNANDO GÓMEZ
Escolares y mayores de Amorebieta volvieron a econtrarse ayer en un acto por la paz. / FERNANDO GÓMEZ

Unos 400 escolares portagonizaron ayer con personas mayores de la residencia una suelta de globos blancos «para remover conciencias»

VIRGINIA ENEBRAL AMOREBIETA-ETXANO.

«Sé el cambio que quieres ver en el mundo». No fueron las palabras exactas de Mahatma Ghandi, aunque sí las que han llegado hasta nuestros días. Sea como fuere, es un buen lema que ayer quiso aplicarse el alumnado del centro El Carmelo de Amorebieta en una jornada en la que desde 1964 se celebra el Día Escolar de la No Violencia y la Paz. No es casualidad que se eligiera el 30 de enero, fecha en la que el pacifista y defensor de la desobediencia civil indio fue asesinado. Ayer se cumplieron 70 años.

Por tercer invierno consecutivo el alumnado del colegio zornotzarra realizó una suelta de globos como acto simbólico. Fue en Zelaieta en una mañana soleada. Unos 400 escolares de entre 2 y 18 años se reunieron para echar a volar los hinchables y «esparcir la paz por el mundo». El deseo de Mikel, uno de los alumnos, empezó a extenderse una hora antes, cuando parte de los estudiantes recorrieron las calles de Amorebieta, desde el colegio hasta la entrada del municipio por San Pedro. «Para que la gente escuche el mensaje hemos parado el tráfico. Queríamos que se pregunten qué estamos haciendo e investigue al ver nuestras camisetas de Save The Children -organización con la que trabajan aspectos como la sensibilización-. En la medida en que podamos remover conciencias», señaló Jon Rojas, profesor y responsable de la pastoral y de los Servicios Sociales, quien recuerda que «la primera edición fueron globos de colores, la segunda ya elegimos el blanco».

El año pasado el alumnado de Bachiller investigó sobre la situación de Etiopía. Esta vez les ha tocado Sudán del Sur, pero Mikel se acordó de otros tantos: Yemen, Somalia... «Algunos no tienen tanta suerte como nosotros», recordaba ante el micrófono. «Ellos mismos son los que se encargan de explicarles a los estudiantes de cursos menores lo que han aprendido», apuntó Rojas.

«Recuperamos la infancia»

Ayer fue la primera ocasión en la compartieron ese momento con algunas personas mayores de las residencia José María Azkuna con la que hace ya un lustro realizan actividades intergeneracionales. «Es muy bonito porque de alguna manera vivimos de nuevo, recuperamos nuestra infancia», afirmaba Conchi Sarmiento, una mujer que lleva ya siete años en el centro y a la que casi todo el alumnado conoce: la abrazan, la rodean...

El cariño es mutuo. «A nuestros residentes les beneficia mucho la llegada de los chavales, les estimula, les anima y dejan la apatía», subraya Elizabeth Alegría, psicóloga del centro.

Leire Parada tienen 17 años y este es su segundo curso colaborando con el centro. «El primero venía con la clase, dos veces por semana; ahora voy como voluntaria», cuenta la joven, quien reconoce que le gusta mucho estar con gente y escuchar a las personas de más edad. «Y fácil no es», exclama Sarmiento, «porque algunos ya son desagradables de vista».

Parada se ríe. «Hay que ir con ganas de aprender». Aunque desde hace un par de años que los de Bachiller acuden a la residencia, el proyecto piloto se puso en marcha con los de quinto de Primaria. «Hacen historias de vida y de ese modo interaccionan con ellos», describe el joven sacerdote Jon Rojas.

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