DONDE DIJE SANTIMAMI

Mes y medio después de que aprobasen unos cambios que costarán en su totalidad 165.000 euros, las Juntas instan al metro a que dejen lo de San Mamés como estaba

Letrero de la estación de metro de San Mames, que será cambiado por Santimami./E. C.
Letrero de la estación de metro de San Mames, que será cambiado por Santimami. / E. C.
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

La estación de metro de San Mamés se llamaba hasta hace poco San Mamés. Era algo lógico, sobre todo si tenemos en cuenta un detalle: saliendo de la estación, hay un campo de fútbol. ¿Maracaná? ¿Wembley? ¿San Siro? No, San Mamés. ¿Ven cómo todo encajaba? Para ir a San Mamés uno cogía el metro y se bajaba en San Mamés. La verdad es que hemos vivido una edad de oro en lo tocante a la toponimia denotativa.

Hasta el mes pasado, como quien dice.

Fue entonces cuando el metro cambió la denominación de cuatro paradas y San Mamés paso a ser Santimami/San Mamés. Se nos aseguró que el cambio se hacía con el respaldo onomástico de Euskaltzaindia y aprovechando que había que renovar carteles y mapas tras la apertura de la Línea 3. Hay que decir que se cambiaron los paneles y tampoco pasó nada. Tipográficamente quedaban espantosos, pero la gente siguió llegando a San Mamés. La gente igual veía el panel y decía: «Lo han cambiado». Pero no hubo que atender a multitudes desorientadas, fuera de sí, enloquecidas, que, tras salir del metro, avanzasen por Luis Briñas arrancándose la ropa y gritando que les llevasen de vuelta a Bilbao porque no entendían nada de ese extraño y nuevo mundo que al parecer se llamaba Santimami.

Ahora viene lo increíble. Arturo Aldecoa llegó ayer al pleno de Juntas con una de esas propuestas suyas que oscilan entre lo etnográfico y lo puñetero y parecen ideadas por los profesores de ‘Bola de fuego’, la peli de Hawks. «Urge volver a llamar San Mamés a la estación de San Mamés», vino a decir el juntero que integra el Grupo Mixto unipersonal. Y agarraron las Juntas y se lo aprobaron. Con el voto del PP y también con el de PNV y PSE, o sea, el de los partidos que mandan en el transporte público vizcaíno. Mes y medio después de que aprobasen unos cambios que costarán en su totalidad 165.000 euros, las Juntas instan al metro a que dejen lo de San Mamés como estaba. Fuera Santimami. Es un chiste malo y hace pensar en que igual lo que hay que hacer es llamar a la parada Garellano. Porque yo solo me explico este ridículo por la presencia de lo sagrado, que no tiene que ver con el santo, sino con el fútbol: ese dios soberbio del que -lo hemos visto estos días- también convendría empezar a liberarse.

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