El Correo

Pelota

La mejor final de la historia del Manomanista

Juan Ignacio Retegui e Iñaki Gorostiza, protagonistas de la final de 1974 en San Sebastián.
Juan Ignacio Retegui e Iñaki Gorostiza, protagonistas de la final de 1974 en San Sebastián.
  • Juan Ignacio Retegui se impuso en un final de infarto al vizcaíno Iñaki Gorostiza en 1974 en el frontón de Anoeta

Casi todos los viejos analistas, que cada vez escasean más, coinciden en una misma apreciación: la mejor final del Manomanista de la historia fue la que disputaron en el frontón Anoeta Juan Ignacio Retegui e Iñaki Gorostiza. Se celebró un 13 de mayo de 1974, brillaba el sol, la primavera se manifestaba en su esplendor por todos los rincones de Donostia, y los pelotazales se agolpaban expectantes en la plazoleta que sirve de antesala al recinto.

La hora fijada para el partido, las 11.30. La Navarra manista y los seguidores del vizcaíno cerraban sus cuitas con apuestas de boquilla. Los corredores apuntaban a sus puntos fieles la tendencia del dinero, que se anticipaba que iba a salir con una clara disposición a favor del zurdo de Erasun. Casi todos habían traído de casa la fiambrera para saciar el estómago.

En mi larga trayectoria por esta profesión he tenido charlas con ambos protagonistas del partido y con muchos que estuvieron presentes en las butacas de cancha y en el graderío. Juan Ignacio destaca que «fue una lucha sin cuartel de principio a fin, en la que uno y otro dimos lo mejor de nosotros mismos». La verdad es que se dieron una paliza monumental y el desenlace final resultó un cara y cruz. Por su parte, el vizcaíno me ha repetido una y mil veces que «nos dejamos la piel sobre la cancha y firmamos una actuación extraordinaria». De botilleros, Martín Ezkurra y Jesús García Ariño, vaya par de sabios.

Tomó el mando Retegui I. Con su volea de derecha, que era un auténtico cuchillo, y sus dejadas matemáticas, fisuró la defensa de su rival. Se llegó al rezo del Ángelus con el marcador, 16-12, favorable al campeón, pero todo el mundo intuía que el pescado estaba aún sin vender. El sacerdote de turno se soltó tras el rezo del mediodía un sermón alabando las virtudes y excelencias de nuestro deporte.

El navarro se quedó frío al mismo tiempo que el zaguero de Axpe recuperó fuelle y su extraordinaria pegada de derecha, una de las más demoledoras que yo he visto, y comenzó a abrir un hueco considerable en la cancha. El marcador, que era de cartones de tablerillo, fue girando de tendencia. El rezagado cercó la ventaja del territorio del escapado y la final se adentró en la indefinición. 21-21.

Pesadillas

En posesión del saque, el que fue antes fraile que pelotari. Las voces de los corredores a grito pelado. Inició su carrerilla el navarro y pegado en las cercanías del rebote –el actual se desplazó hacía atrás hace unos años–, el vizcaíno. La pelota bombeada salió de pared izquierda larga, y el resto lo llevó a buena como buenamente pudo el aspirante a la 'txapela'.

A la vuelta, el de Erasun optó por una paradita al 'txoko' de segundo piso al considerar que Gorostiza estaba muy alejado del frontis. Sin embargo, salió como un halcón y, en las cercanías del cuadro cuatro, voló en plancha y rozó con los dedos de su diestra la pelota. No pudo ponerla por encima de la chapa y su cabeza impactó en el colchoncillo de abajo. «Un lance que me dejó perplejo y más propio de un saltador de élite que de un pelotari», afirma Juan Ignacio. El derrotado confiesa después de muchos años que «tengo pesadillas por las noches recordando aquella desdichada jugada». Seis títulos amasó el zurdo y uno logró Iñaki en 1977.

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